Ando en Alto Cielo

Ando en Alto Cielo

30 mar. 2010

El peso o la levedad de mi utopía




Fesal Chain

Tres tristes gatos dando vuelta y un cigarro en la mano temblorosa, el peso o la levedad de mi utopía y las mismas palabras que se arrastran, como gotas sobre el ventanal de una casa de madera, girada hacía sí misma.

Y a quién le importa realmente, si el estado mental de mi estatura, se confunde o no con sus zapatos. Hoy, cada cual camina su camino, y se deja mimar por sus egolatrías, en un cielo que dejó de serlo hace centurias. Nada supone lo contrario, a menos que tus ojos se iluminen, con la verdad aciaga de estos días, que confunde rosas con coronas, y carceleros con profetas y mesías.

Te dejo con tus seguridades y certezas, tú me has abandonado antes, sin saberlo, pues mis versos e historias, esas que te golpean en los labios, han dejado de ser el bálsamo querido. Son latigazos y rabiosas dentelladas, para que despiertes del letargo.

Pero lo sé, como que el vino es vino y me arrebata, que siempre seré el perdedor de la batalla, y que cuando mi corazón y mi cerebro, descansen sobre piedras malolientes, me encontraré en el lugar de los poetas, de aquellos olvidados por la historia. Allí vendrá mi hermano Mayakovsky, con su cráneo a la vista de mortales, a recibirme con todas sus risibles muecas, sin algarabías, para arrebatarme la cándida mirada y los juguetes de madera blanca, que arastré en esta agonía.

El hombre que ha dejado de ser hombre, ese fantasma que choca cadenas con cadenas, podrá tener fiestas y regalos, por mi parte, no puedo ni debo traicionarme, aún cuando todo el cielo de esta tierra, caiga sobre mi destino y estadía, y me triture los brazos y las piernas, los ojos que guarde de niño en mi caja de colores, y los primeros versos de la nueva vida.

29 mar. 2010

La soledad confusa de la virtualidad, (como nuevo soporte de la literatura) y el libro.


Fesal Chain

O también, por qué no decirlo, sin matices, la maldita soledad confusa de la virtualidad. Probablemente habrá mucho escrito sobre esto. Sobre las características técnicas del lenguaje cibernético, su ausencia de tonos de voz y por tanto de emocionalidad o de intencionalidad. En fin.

Podemos comparar la página Web o el Blog especialmente dedicado a exponer trabajos y obras literarias, con el libro. Una cuestión esencial que los distingue, es que por una parte, el libro se fue conformando desde al menos las Novelas de Caballería en adelante, como un espacio prodigioso de creación de realidades, tanto para el autor como para el lector. El autor que ha escrito sobre todo novelas, sabe muy bien, más allá de preceptos o normas, que la única posibilidad de que el lector construya un nuevo espacio de realidad a través de la novela misma, es haber escrito vividamente la historia, el monólogo interior, los personajes y diálogos. Que la haya vivido como realidad anterior al lector y también a sí mismo, constituyéndose en una voz distinta a su biografía, una especie de meta personaje, en hablante (1).

En el caso de la página literaria en la Red Internet, hay un elemento que por mucho que uno trate de controlar siempre está presente. Es el famoso y no siempre feliz comentario del lector al autor, ya sea como alabanza o descalificación, como bellas palabras o como insultos. De una o de otra manera, cuando estos espacios virtuales no tienen espacio al comentario, son tomados por los lectores y colocados en otras páginas y lugares de la Web, que es una manera de comentario elogioso y así también otros lectores "más lejanos" terminan efectivamente escribiendo y dando opiniones sobre el autor, e interactuando en distintas y casi infinitas páginas. A propósito de las descalificaciones, al menos en Chile, se dan con bastante regularidad y de un modo violento, y acorde al espacio virtual, que da lugar al anonimato. Siempre éstas se leen como a mansalva, al estilo matón de barrio. Ahí se amalgama sin solución de continuidad, la naturaleza de la virtualidad con el carácter "choro" o matonesco, y cobarde del chileno.

Al margen pero para dar una idea de la “realidad virtual” en sí misma, hay cuestiones que no sirven emplazarlas en la red, por ejemplo la búsqueda de trabajo. Las innumerables Bolsas de Trabajo, más bien se han constituido en Bancos de Datos, generalmente no contestan las peticiones y uno termina aburriéndose de mandar enormes cantidades de curriculums. Pero la realidad de las Bolsas de trabajo ha sido emulada por distintas instituciones, agrupaciones y personas no virtuales. Así, si uno escribe a una editorial, es muy poco probable que exista una respuesta, y si la hay es altamente probable que sea robótica, al estilo "hemos recibido su correo, gracias".También hay muchísimas revistas literarias en la red que no contestan los llamados y lo más triste a veces, es que los propios mensajes a amigos y conocidos que tengan que ver con peticiones u ofertas, tampoco son contestados. O si son leídos y contestados, son con respuestas humorísticas, sarcásticas o medianamente fofas. Bueno, no se puede culpar a los amigos y conocidos que el lenguaje escrito a través de la red no tenga tonos ni emocionalidad interna. U obligar al compromiso a Editoriales y Revistas, al menos al compromiso de contestar. Así, un espacio que ha pretendido conformarse como una red social de intercomunicación efectiva y afectiva, muchas veces, y en la mayoría de los casos, se ha transformado en una especie de monólogo interior de quien se comunica a través de ella, o en un contar historias que le sirven a otros para reaccionar mas o menos primitivamente en relación a uno mismo, ya sea con una alegría inmediata y elogio, o con rabietas y desidia. También está la reacción tremendamente cercana, que es cercana en el tipo de palabras utilizadas pero bastante lejana a este uno mismo, por que simplemente no hay contacto físico, ni de ningún tipo.

Pero volviendo a la literatura, el libro, sigue manteniendo el mundo del creador como hablante, (lo que denominamos el hablante, es una especie de personaje que nace del texto y que trasciende al escritor, con un mensaje más o menos universal, un buen lector así lo entiende), y el mundo del lector como un espacio privado, y privativo de cada quien en su función, pero a la vez como un puente maravilloso, sin comentarios, sin falsas vinculaciones, sin chorezas ni matonaje, sin distribución en el libertinaje de la mera voluntad de alguien que toma un objeto y lo lanza al vacío. El libro puede ser regalado y siempre es visto como un obsequio fraterno. Uno puede etiquetar personas en un artículo o mandárselo por mail y siempre está la sospecha propia y del otro que es más bien una irrupción y si no, un ataque personal. Nunca es un regalo.

Podría dar muchos ejemplos de esto y aquello, sin embargo creo que la distinción está medianamente dada. Cuando leemos a Borges, García Márquez o alguna novela rosa, nos sentimos acompañados por todo el mundo de personajes, reflexiones y lugares allí presentes y por una voz que no es el autor. No se nos ocurre comentar el libro o rayarlo con alguna nota ofensiva, si no nos gusta lo dejamos. El autor a kilómetros de distancia o cerca de tu casa, sabe que quien lee un libro suyo, está siendo acompañado por una voz producida por él, pero que es en rigor una voz universal que lo trasciende. El autor propiamente tal, no tiene ni temor, ni incomodidad de recibir mensajes telepáticos o una pedrada en su ventana, a lo sumo se sentirá observado en la calle, recibirá algunas cartas o si es muy famoso, será detenido por personas para firmar algún ejemplar de su obra. (Allí las personas se darán cuenta que este caballero o dama nada tiene que ver con esa voz que los interpela).

En definitiva, la virtualidad en la literatura es una soledad disruptiva y amarga, mezcla de lectores fugaces, elogios y descalificaciones al autor. El libro, una soledad que no lo es, pues se llena con un vínculo preciado, el de crear mundos mutuos a partir de quien habla y de quien lee.

No puedo terminar este artículo sin reconocer que la literatura virtual tiene al menos grandes fortalezas. Que quien por distintos motivos no ha podido publicar, puede llegar con su voz a mucha gente y puede ser leído. Y también de que existe en el espacio virtual un tipo de lector, que es el mismo del libro, que lee el trabajo que el escritor realiza, con la misma delicadeza y respeto que si tomara un libro, no con la distancia de quien lee a un elegido o una deidad, sino con aquella que no confunde al autor con el hablante, y con la capacidad de saber que puede a partir de la lectura crear mundos, antiguos o nuevos, pero crearlos, más que estar pre/ocupado de contestar un supuesto llamado de un otro conocido. Si del total de lectores de mi trabajo en Internet, ese último tipo de lector existiese, tengo ya ganado un espacio en el hermoso oficio de escritor.


Pd: Sí el último tipo de lectores se siente interpelado por mí, por el autor, no se sientan obligados a elogios, no es un llamado al comentario, es un llamado de cierta voz, a la introspección.


(1) Una definición escolar de hablante pero que sirve para el objetivo de este artículo: El hablante, es el que transmite sus sentimientos y emociones, el que habla en el texto para expresar su mundo interior.

27 mar. 2010

Conversaciones apócrifas con Guillermo Cabrera Infante



Fesal Chain

apócrifo, fa.(Del lat. apocry̆phus, y este del gr. ἀπόκρυφος, oculto).1. adj. Fabuloso, supuesto o fingido.2. adj. Dicho de un libro atribuido a autor sagrado: Que no está, sin embargo, incluido en el canon de la Biblia. Real Academia Española © Todos los derechos reservados.
* Texto basado en una Entrevista a Guillermo Cabrera Infante en el programa A Fondo de TVE


Cumplía yo mis quince años o probablemente trece, cuando un una librería argentina, me encontré con un libro de portada muy llamativa, tres músicos negros a tal vez mulatos, uno casi imperceptible, otro en primer plano tocando la guitarra y más atrás uno tocando la trompeta. Me llamó la atención, simplemente porque a esa edad yo soñaba con ser trompetista, como Armstrong y sentarme en el marco de una ventana enorme apoyando mi espalda con desdén y tocando lastimosamente un solo del instrumento, como quien se queja de una existencia triste y desamparada. Así que compré el libro. Su autor, Guillermo Cabrera Infante. La primera página del prólogo era sencillamente mágica. Decía: "Showtime! Señoras y Señores. Ladies and gentlemen. Muy Buenas Noches, damas y caballeros, tengan todos ustedes. Good evening ladies & gentlemen. Tropicana, el cabaret MAS fabuloso del mundo..."Tropicana", the most fabulous night-club in the WORLD...presenta...presents...su nuevo espectáculo...its new show...en el que artistas de fama continental...where performers of continental fame...se encargarán de transportarlos a ustedes al mundo maravilloso...They will take you all to the wonderfull world..." Y así seguía todo el prólogo, intercalando con fanfarria la presentación del Club Tropicana en castellano e inglés.

Fue suficiente para verme envuelto en un lenguaje que me atrapó año tras año, un libro interminable como el Ulises de Joyce, al que evidentemente no me referiré en detalle. Las nuevas tecnologías me permitieron comenzar a ver y escuchar las entrevistas al autor. Hay una en especial, de España, del Programa A Fondo, donde también fueron entrevistados Borges y Rulfo por nombrar algunos, que también sencillamente, al igual que esa primera página del prólogo, me cautivó una vez más. Tanto que imaginé que ese Cabrera Infante aún joven me hablaba directamente al inconsciente, escudriñando mi esceptismo que llegará a ser estoicismo, guiñándome el ojo sobre lo que yo denominaría más tarde una predestinación consciente. O como dicen algunos esotéricos, una predestinación aceptada, dada nuestra propia naturaleza, una especie de conversión paradójica del concepto griego.

Cabrera Infante: "...tengo un recuerdo muy preciso de los avatares a que condujo esta inclinación política, de haberme despertado un día, cuando yo tenía siete años, en 1936 y ver pasar corriendo a mi madre hacia el fondo de la casa, perseguida detrás por mi hermano y después por esos dos guardias rurales, que era la policía rural de Cuba, que entraban con armas en la mano, persiguiendo a mi madre hacia dentro de la casa. Resultaba que ellos, es decir mis padres, eran encargados de la propaganda comunista en el pueblo y estaban vigilados, entonces esta mañana cogieron presa a mi madre, mi padre no estaba en la casa, se presentó más tarde a las autoridades y los dos fueron llevados a la capital de la provincia, Santiago de Cuba, que queda como a unos 500 kilómetros de Gibara, y aquí me tropecé yo con mi primera soledad, es decir que me quedé en manos de mis abuelos..."

Esa mañana del 11 de septiembre de 1973, desde el fondo de un pequeño pasillo, miré la ventana que daba directamente a la calle, corrí a encender la radio como todas las mañanas y sólo sentí un chirrido constante, mi hermana caminaba de vuelta a la casa de la mano de una vecina: Cristina, dicen en el jardín que hay golpe de estado. Recuerdo a mi padre inventando una antena gigante para ver imágenes por televisión y preguntándome si había algo, mientras yo miraba un edificio antiguo entre la humareda y las llamas y a mi madre llorar en el patio, mientras con mi hermana tratábamos en el tráfago incesante de angustias y comunicaciones imperfectas, de trepar a un balancín amarillo desgastado por la lluvia.

Cabrera Infante: "...Y un día, un profesor, que después con los años comprendí lo bueno que era, empezó a hablar de La Odisea, y comenzó a hablar del regreso de Ulises a Ítaca y de su perro Argos que lo recibió y momentos después de recibirlo murió. Y a mí me pareció tan interesante esa historia, que comencé a interesarme por la literatura inmediatamente, y me convertí en muy buen alumno de historia literaria. Pero no fue hasta el año 47, en que me encontré un texto de Miguel Ángel Asturias, El Señor Presidente, y se me ocurrió parodiarlo, haciendo un cuento, que utilizaba los mismos elementos de repetición y de utilización de ciertos sonidos y ciertas sílabas y ese cuento, para mi sorpresa, fue aceptado por la Revista Bohemia, que era la revista más popular de Cuba y así comenzó, lo que comenzó como una broma, se hizo serio hasta convertirse en una afición, después en una profesión y finalmente en una obsesión..."

Cuando llegamos a la capital, desde ese Temuco en que podía caminar solitario por las noches y dibujar con un palo en la tierra húmeda, lo que se me viniera en gana, me encontré con un colegio enorme, en el que me perdía, y que tenía colgando de unos troncos, unas bocinas en que salía una música estridente, muy lejos de los solos de trompeta de Armstrong o de los discos de orquestas de jazz de mi padre. Entonces muy niño, me encerraba en una de las salas que no sabía muy bien si correspondía a mi curso o a mis clases y me encontraba casi siempre, repetidamente con un hombre no tan joven que leía cuentos de animales. Los Cuentos de la Selva de Horacio Quiroga, sólo por aquel suceso que se asemejaba a un gran útero materno, yo deseaba volver al laberinto de bocinas y al tierral inmenso donde compañeros desconocidos usaban bolitas de vidrio y no de piedras, como en mi pueblo natal, hundido en la el recuerdo de un pasado que ya no volvería nunca más... Carlos, el viejo profesor, el hablador y las novelas policiales de Cornell Woolrich que yo leía desde los 7 años, fueron determinantes para que en vez de salir a jugar en esos primeros años de la vieja dictadura, comenzara a trazar pequeñas historias en una libretita blanca. Lo demás es conocido. De afición y encierro a obsesión como tú Guillermo, como demonios que no me dejan respirar ni establecer relaciones, las palabras me atacan y me rodean como una cárcel y la vez como un enorme globo aerostático que me hace recorrer el inmenso cielo de mi propia vida y de los otros.

Cabrera Infante: “...Me gustaba mucho la gente, sobretodo me gustaba mucho el pueblo cubano, es decir, esto aparece muy claro en mi primer libro, en mi primera novela, Tres Tristes Tigres, me gustaba su manera de hablar, su manera de aproximar a la vida con un cierto desparpajo, eso que se llama en Cuba el choteo, es decir burlarse de la realidad, en vez de aceptarla dramáticamente, aceptarla con una risa y a veces con una carcajada. Esto me pareció verdaderamente extraordinario y traté de captarlo en el libro. (...)"

A mi Guillermo también me gustaba la gente. Y sobretodo el pueblo de mi país, pero por aquello tan diametralmente opuesto a tu pueblo. Su melancolía, su tristeza, su opacidad, que esperaba callada el tiempo de la venganza y la justicia. Acaso el poder reconocer aquello, fuese la reminiscencia en mí, del profundo sur de los 70, donde todos andaban cabizbajos protegiéndose de la lluvia y del viento y arropados en largos ponchos negros, gruesos y pesados, que doblaban la espalda y escondían la pobreza. Pero mi pueblo en ese entonces escuchaba boleros, ahora no lo hace, aunque sobretodo música mexicana, pero también viejos boleros. Y la música de Cuba, en su ritmo y cadencia tienen una cierta melancolía profunda, que nos hermana. Pero no había choteo en mi país, sino silencio, como lo hacía el campesino frente al patrón, cuando no estaba de acuerdo, aguardando el tiempo fenomenal de la revuelta.

Pero tú dices "me gustaba", son las palabras de tu exilio y de lo que acontecería con los tuyos, según tus palabras casi idas. Yo lo digo porque mi pueblo amado ya no es el mismo. (Aunque quiero creer que "eso no está muerto, no me lo han matado, ni con la distancia...") Cambió la humildad y el silencio por bailes y canciones estridentes, como los bocinazos de los patios del colegio, cambió los ponchos por cadenas brillantes y las chombas por polerones blancos de dibujos fosforescentes. Cambió mi pueblo su humildad y su espera, por una violencia que no daña al dominante, su cazurrería por oportunismo y saqueo entre ellos mismos. Ya no me gusta la gente. Me escondo en la pieza a conversar contigo que estás muerto para otros y no salgo a caminar por las noches de caderas y de drogas.

Cabrera Infante: “Después de que dejó de existir Lunes de Revolución, yo tuve un cierto exilio oficial, porque fui nombrado agregado cultural en Bruselas, que era para Cuba como la otra cara de la Luna. (...) Y allí en Bruselas estuve tres años, entonces regresé a Cuba por la muerte de mi madre en 1965 y realmente me asombró el cambio tan grande que había dado La Habana. Es decir era una ciudad con una cierta tristeza, la gente aparecía como una suerte de zombies, es decir no había una vida exterior plena como la que yo había dejado antes de irme para Bruselas, y esto me hizo decidirme que yo no podía vivir más en Cuba. (...) Fue en 1968 cuando la muy importante revista Primera Plana vino a hacer una serie de entrevistas a escritores latinoamericanos que vivíamos en Europa, que yo expresé por primera vez mis contradicciones con respecto a la Cuba de Castro, es decir donde expresé por primera vez el encuentro que yo había tenido con esta Habana triste y desapacible y fui expulsado como consecuencia, de la UNEAC de la cual yo era todavía Vicepresidente y declarado traidor. Esto resultó bastante cómico, porque en realidad yo hacía rato que había decidido abandonar a Cuba, porque a mi me interesa más que nada la libertad."

Guillermo, acaso resulte difícil explicarle a quienes leerán este texto, que uno de los más grandes escritores de Cuba, sino el más importante del siglo XX junto al autor de Paradiso, Lezama Lima, haya sido empujado a abandonar la ciudad y al pueblo alegre que lo enamoró durante décadas. Fue más que la prohibición mentirosa de Lunes de Revolución, o de la defenestración como Ministro de Cultura de la misma Revolución a la que en sus brillantes comienzos diste todo tu apoyo, o del acallamiento de la mítica e inocua película PM. Fue más que eso, fue la tristeza en las calles, lo que llamaste desapacibilidad, una cierta actitud contenida y el silencio. Como el campesino chileno que callaba frente al patrón en su desacuerdo fundamental. O quizás hoy, igual que en mi patria amada, un pueblo que trastoca humildad y espera, por una violencia que no daña al dominante, sino a sus propios hermanos en asaltos.

Que gran pena, que gran pena Guillermo, pues si yo comencé a amar a Cuba fue en tu palabra, en tu interminable fiesta de los Tigres, en la manifestación infinita del desparpajo, de la alegría y de la burla. Y en la poesía de Martí y de Guillén, y en la canción ahora desesperanzada de Milanés en su ruego a la misma libertad que tu nombraste y al fin del exilio que tú sufriste y moriste, lejos tan lejos de esa Habana revolucionaria, que después de aquel fatídico año 1962, abandonó lo bullante y lo diverso y no fue más que una ciudad fantasma, que para ti sólo existió en tu palabra escrita, en tus sueños y en tu nostalgia.

23 mar. 2010

Y llegaste apareciendo aparecido


Fesal Chain

a G. J., agradecido


Deambulaba yo
como hace siglos,
preguntando
como siempre,
si acierto
o yerro
en la palabra como ala,
en este cubículo
apagado
de sangre
y mojada tierra,
abandonada al mundo
y su barullo,
y llegaste apareciendo
aparecido,
como bruma y risa,
como nave
que va cortando
el mar,
como ráfagas
de corazón bombeando
el elogio inmerecido ,
entonces
me diste el soplo
tibio de la tarde,
la energía del sol
en tu periplo,
y dejé de preguntarme
tantas cosas,
y volvió mi cuerpo
a ser gaviota,
o una breve golondrina
como chispa,
cuchillo afilado
o mira de fusil
acerado por el tiempo,
y fui francotirador
en tu mirada,
cuando llegaste apareciendo
aparecido,
yo no olvido el nombre
ni la gesta,
de quien respondió
preguntas de mi boca,
yo no olvidaré jamás
hasta mi muerte,
quien de mi breve palabra
hizo una fiesta.



20 mar. 2010

El viejo Lada verde

Fesal Chain

Aquella mañana me subí al destartalado Lada verde, tomé la carretera al litoral y como en la canción de Adamo, un mechón de mi cabello bailaba al son del viento sur, que entraba salvaje por la ventana del auto. Puse en la cassetera el tema de Serú Giran, Viernes 3 AM:

"El sueño de un sol y de un mar
y una vida peligrosa
cambiando lo amargo por miel
y la gris ciudad por rosas..."

El 9 de noviembre de 1989, el muro de Berlín se había desmoronado por sí mismo, y en las manos de un pueblo desesperado, que arañaba sus paredes y tomaba los enormes pedazos de concreto, alzándolos al cielo y al suelo. En el segundo inaugural en que caía Lenin de cabeza sobre las calles milenarias, el murmullo de la fiesta y el suicidio recorría las plazas alemanas y de la Europa Oriental fláccida y grasosa.

En los asientos de atrás del Lada verde, un cumulo de papeles y juguetes de un niño inexistente, formaban el amasijo habitual de mi estadía. Yo no pensaba, raro en mí, pero no pensaba, ni siquiera contaba, los números me habían abandonado y las piedrecitas tiradas al lago se hundían como claraboyas rotas.

El mar, ¿qué era ese mar para mis ojos caídos?, nada presagiaba los años posteriores, en el suelo de la franja temblorosa la alegría nacía como un spot de televisión, carcomiendo la ignorancia de nuestra edad ingenua.

Paradoja era el secreto nombre de dios, que comenzaba a arder en el tiempo de la nueva mercancía y de una libertad añeja, sin impulso vital y sin pupilas. En el asiento del copiloto sin el copiloto, puse el libro que leería en la arena húmeda, bajo el cielo de relámpagos y lluvias de aquel invierno. Morír en Berlín, de Carlos Cerda. "Viejo de mierda, ya te cagaste de nuevo...", resurgía la frase como un latigazo y una admonición.

Hoy, después de años de besos y castigos, de vigilancias y amores contrariados, la luz de esa mañana me golpea como el aviso estridente que fue, aún cuando yo no escuchara más que el motor del viejo Lada verde, resoplando como una grieta de carne en la penumbra de una tierra seca. Ahora entiendo que no era necesario pensar, ni acariciar la bola de cristal de la gitana del parque: A veces, son otras voces las que te hablan y te avisan de la vida. El cassete daba vuelta sobre la única canción y machacaba una sola estrofa que se pisoteaba a sí misma, como un rezo interminable:

"Cambiaste de tiempo y de amor
y de música y de ideas
Cambiaste de sexo y de Dios
de color y de fronteras
pero en sí, nada más cambiarás
y un sensual abandono vendrá y el fin".


18 mar. 2010

El Escribidor

Fesal Chain

En el viejo y derruido barrio Yungay de Santiago de Chile, la figura se veía difusa pero no por ello menos triste, casi moribunda. Su caminata era una especie de zigzagueo alcohólico y bajo las ropas oscuras y pesadas, se escondía un hombre casi raquítico y de edad incalculable a simple vista. El atardecer caía lento, el viento del otoño soplaba por encima de las cabezas, rozando las copas de los árboles y botando hojas amarillas sobre un asfalto cariado y sobre la tierra que comenzaba a pudrirse, con la humedad y las heladas. Los ratones sigilosos, correteaban en paralelo a las fachadas de las casas de barro y los gatos los miraban con desdén, como quien observa una piedra rodante o un espino seco.

La puerta de Libertad sin número se abrió sola, el hombrecito entró en la morada tan sigiloso como los ratones del barrio. Su cuarto estaba en el tercer piso. Subió unas escaleras que crujían y daban alaridos de mujeres y de ánimas. El candado de fierro forjado, esperaba atento la llave enorme que lo abriría suavemente. El hombre entró a la pieza. En ella sólo había una cama de media plaza, una gran mesa redonda en su centro y una silla desvencijada, tan sólo eso era lo que había. En la mesa, un antiquísimo libro abierto en la pagina 744. Refulgía entre el color nacarado de las hojas, una pequeña daga rodeada de ramas con una inscripción borrosa en su base *.

El hombre se sentó y comenzó a llorar sobre el grabado, y tras el viejo ventanal, como siempre, los árboles desesperados retorcían sus ramas, cual manos en busca de algún dios perdido y andrajoso. El viejo, que a la luz artificial parecía más bien un niño de piel transparente y tirante, comenzó a escribir la siguiente página en blanco, la 745: " Vengo de una tierra desconocida, ni lejana ni cercana, ni visible ni invisible, y apartada siempre de todo rastro y rostro humano. Platón la bautizo con sangre y también Herodoto. Sin embargo es la tierra sin nombre y sin tiempo, acaso fueron islas o un espacio inconmensurable al interior de la gran esfera, pero nada de aquello importa hoy. He viajado continentes y centurias, en busca de los que alguna vez amé, y no he encontrado sino el vaho interminable de la vida en las manadas, brutales dientes entrechocándose con dientes, y la vaga y extraña sensación del sueño eterno..."

Al terminar este párrafo, el hombre sin desesperación ni desconsuelo, pero con la herida abierta en su cerebro, comenzó a hacer ejercicios de respiración, y a murmurar el mismo mantra que la humanidad completa había gritado o escuchado a la vez, en algún recodo de su triste camino por el mundo.

El hombre casi raquítico y de edad incalculable a simple vista, no esperó la luz blanca del amanecer. Colgó la soga firme sobre la única viga del techo de madera ahumada. Se subió a la silla, introdujo su cuello con cierta ligereza en la horca artesanal hija de sus manos, y corrió suavemente la desvencijada arquitectura. Y en el preciso instante, cuando el desgarro y la violencia inanimada, aprisionaban su garganta transparente, el escribidor, como un viejo cazador ya retirado, respiró todo el follaje del infinito bosque de abetos y del lago boreal, en que los peces gigantes subían a plegarse contra las primeras finas capas de hielo.


* Según algunos testigos, que vieron el cuerpo balanceándose en el antiguo cuarto y el libro sobre la mesa redonda de alerce, bajo el dibujo de la daga y de las ramas decía: Thule Gesellschaft 1919...


15 mar. 2010

Ahora, justamente ahora

Fesal Chain

Ahora, justamente ahora
cuando el torbellino
y la marejada,
cuando el tembloroso pavor
y los aullidos,

me han devuelto
la humanidad
y el llanto amargo,

ahora
cuando ha llegado el tiempo
del luto y de la sombra,
de mi figura reflejándose
en la pieza,
de paredes de barro
que se caen,

y se me han ido las furias
y la espuma,
que convertía en látigo mi boca,

ahora
ahora pueblo mío,
te apareces
cual fantasma del olvido:
hombre concreto
mujer de cada día,
con tu ropa triste
y tus zapatos,
tus
pequeña boletas
amasadas,
después de haber comprado
en el viejo almacén
del barrio que se ha ido,

te apareces con tu hija de la mano,
o abrazado al compadre que se quiebra,

o con la muñeca de lana y trapo
que te regalo tu padre en primavera.

Ay, que pena tan profunda
que vacío tengo
entre carne y calavera,

que angustia siento en esta noche
cuando recuerdo
a los niños en la escuela,
a los hombres yendo a pescar
al mar adentro,
y a las mujeres lavando
aquellas telas,

que ya no se pegan a sus cuerpos,
que no son más
que andrajosos colores
que se pudren,
o jirones de algodón
en aquel viento,
cual pequeñas golondrinas
borrachas,
entre la tierra podrida
y las estrellas.

Ahora fue justamente ahora,
que me reencontré con mi
pueblo en sus entrañas,
en las calles
que se caen a pedazos
en la Quinta Normal
o allá en Dichato,
al ver a mis vecinos cabizbajos,
o al ver las imágenes
de Sánchez Elvicher, el poeta,
con su amargo homenaje
al desamparo.

8 mar. 2010

De raíz hecha roca

Fesal Chain

De raíz hecha roca
se hunde mi corazón
como flecha de fuego
en la materia más cruel
y antojadiza,
soy el poeta de la carne
y la voluntad duradera,
y ningún idiota
ni propagandista
me hará creer aquello
que no se realiza,
aquello que se esconde
con la vergüenza y la culpa
del niño rico que roba
en la cartera de la madre,
bufones
de la caridad sionista y católica
bailarines al son de egolatrías
mamarrachos descerebrados,
individualistas,
llorones,
víctimas de su errante
marcha de piernas
como hilachas de baba,
esconden su criminal
razonamiento,
sus errores
que son horrores
cuando bajo el mar
de tempestades milenarias
se hunden las mujeres,
los niños,
los ancianos,
los hombres de la patria
abandonada
en la desidia
habitual de los mediocres,
en las decisiones inconsultas
en las ordenes que trastabillan
en sus lenguas pastosas,
izquierdistas de oropel
llenándose la boca con el pueblo
el mismo al que hunden
en las entrañas de la tierra,
socialdemócratas y palabreros
malabaristas
del lenguaje y de la imagen,
lumpen gobiernistas
y lumpen empresarios
que ahorran en fierros
y cemento,
lumpen comerciantes
haciendo negociados
con el hambre
de los sobrevivientes
en harapos,
lumpen navegantes
de fragatas hermoseadas
con el trabajo del que naufraga,
todos lumpen saqueadores
del alma de Chile,
todos teletonescos
y burlones
moviendo las caderas
frente a las cámaras
lujosas de rostros y de drogas,
juntando las monedas
que han succionado antes
y durante toda la historia
de esta franja,
lavándose las manos
con la sangre de los hijos
de Chile,
débiles e infectos
sin nervadura ni coraje,
a todos ustedes hijos de puta
y que las putas me perdonen,
les digo aquí
parado en la vereda de mi barrio
como un Rodrigo Díaz de Vivar
de los andrajos,
que sigo siendo y seré
aunque no lo quieran,
aunque lo nieguen
una y otra vez y para siempre,
el mayor poeta de la Patria Nueva
que se alza,
como se levantó Lázaro y Josafat
el de Judea,
y el mayor poeta viento
de un país
que se enarbola
en la mierda de dominadores
y sirvientes,
y por siempre
aún muerto y hecho tierra,
de raíz hecha roca
se hundirá una y otra vez
mi corazón
como flecha de fuego,
en la materia más cruel
y antojadiza,
y seré la boca y el verbo
de aquellos que barren
sus escombros y cornisas,
porque lo he perdido todo
como lo ha perdido
el pueblo pobre,
el pueblo que trabaja
y se deshace,
en la lenta agonía
que es su vida.



4 mar. 2010

Chile pobre país de ineptos y criminales, de incultos y arribistas



La Señorona Bachelet, la misma que se subió y bajó del tanque, la de la sonrisa pegada a la piel y de gestos esquizoides, entre madre protectora y militar despiadada, la misma que mandó a matar al obrero arriba del montacargas y a los mapuche en la Araucanía a través de Pérez Yoma, ( Edmundito como lo llaman sus correligionarios, quien dijo a escasas horas del cataclismo que 85 víctimas eran más menos el número definitivo de víctimas del terremoto) y de su lugarteniente el Subsecretario Rosende (el que minimiza a cada rato los efectos de las pobres y erradas decisiones frente al cataclismo y prefiere sólo mostrar los escasos logros). La misma señorona que en su aspaviento delirante de nueva rica, no trepida en ayudar a los haitianos en menos de lo que canta un gallo, la mismísima a la que moros y cristianos, derechistas y comunistas alaban tanto, la formada en la Escuela de las Américas y que fue Ministra de Defensa, la que ha gobernado nuestra patria en estos aciagos cuatro años, ella, la recubierta de simpatía y carisma es la misma que fue incapaz, que no supo interpretar como corresponde a una estadista, los informes y confusos comunicados de una Armada, que a estas alturas más que rama parece una débil ramita de las FF.AA y de Orden, la misma señorona que en vez de escuchar Alerta de Tsunami, escuchó NO HAY TSUNAMI. Muy Bien asesorada claro está, por otra señorona de voz ronca, una tal Carmen Fernández, Directora de la ONEMI, que frente a la alerta, dijo que si no tiene informes escritos y planos, no actúa a favor de la alerta no más. Pero no duda ni un segundo para actuar en contra y dice NO HAY TSUNAMI.

En una entrevista de Radio Bio Bio realizada por Tomás Mosciatti a quien fuera Director de ONEMI durante largos 12 años, el Dr. Maturana, este afirmó que no era posible tal cantidad de errores, que si bien los informes de la Armada podían ser confusos, no eran en absoluto confusos la totalidad de informes de los organismo internacionales a escasos 5 minutos del terremoto, a los que se debía recurrir si o si frente a la duda y que efectivamente anunciaban el Tsunami.

Que frente a la falta de claridad, tanto a las autoridades técnicas, la Sra. Fernández, como a las autoridades de las Fuerzas Armadas, el Comandante en Jefe de la Armada y el Poder Ejecutivo, el Sr. Pérez Yoma y la señora Bachelet, les había faltado coraje en arriesgarse, y sobretodo aptitud y decisión frente a la situación descrita.

Esta errónea decisión ha significado hasta ahora para nuestro pueblo, 400 víctimas, la mitad de las víctimas totales, que hoy suman 800. Lo más grave de todo es que muchas de esa 400 personas habían subido a los cerros del borde costero y que por la inepta información de la Armada, por la estúpida decisión de la Sra. Fernández que depende del Ministro del Interior y por la desinteligencia de la Sra. Bachelet, volvieron a la costa, para simplemente ser arrasadas y morir. El error producto de la ineptitud, significó lisa y llanamente en palabras de Maturana, un acto crimininal.

No hablaré ni escribiré en detalle sobre las evidentes demoras en movilizar a los militares a las zonas del desastre, para efectivamente controlar a las huestes de delincuentes habituales, ni tampoco que cuando llegaron y fueron incapaces de actuar, el propio Jefe Militar de una de las zonas justificó su ineficacia diciendo que eramos del tercer mundo (pero no lo somos cuando el propio Ejército de Chile recibe el 10% de las ventas del cobre al año). No me detendré en las evidentes descoordinaciones entre el Estado de Chile y los empresarios privados, no tan sólo los de los supermercados que no trepidaron en cerrar sus negocios a vista y paciencia de la población anegada, sino también de aquellos grandes empresarios de la construcción que alzaron al cielo de Chile, piñuflientos edificios que en palabras del Presidente del Colegio de Arquitectos, no cumplen con las normas antisísmicas, que entre otras cosas,exigen que en un sismo 8,8 ningún edificio construido puede sufrir daño estructural. En Santiago, Concepción y Valparaiso son decenas de edificios nuevos los que sufrieron dichos daños. Todos ellos construídos y promovidos especialmente en el gobierno del Señor Ricardo Lagos tan amigo de empresarios de la construcción y de supermercados personificados por el Sr. Paulman, a quien la misma señorona Bachelet acostumbra a cortarle sus cintas de los negocios recién inaugurados.

Para terminar este breve artículo, que lo escribo con la angustia de mi semi aislamiento, de la falta de trabajo, por no tener agua ni harina con que hacer el pan que vendo a diario y en espera de los contactos para poder volver a Santiago al más breve plazo, les digo a mis compatriotas más conscientes, a los que aún creen en los valores de la comunidad, en los valores del conocimiento, en el amor al prójimo, en los que aún piensan que el dinero, los bienes y el maldito poder, no hacen a lo humano sino que muchas veces lo pervierten, que esta rabia que siento no es sino la profunda pena de ver como el Chile que alguna vez quisimos construir y por el que luchamos tantos años, no es sino una mueca ordinaria, un conjunto de asquerosos signos de descomposición de la inteligencia y de la ética.

Que hoy siento repugnancia y vergüenza de ser chileno, de tener que compartir el mismo suelo con personajillos como los que he descrito, de capitán a paje, que en suma se equivocan por tener un ego bastardo mucho más grande que la totalidad de muertos que fueron capaces de provocar, pues para todos ellos es más importante ejercer su poder omnímodo y demostrar que se la pueden y no ponerse al servicio de la inteligencia y del pueblo más pobre, de donde no dudo, viene la mayoría de las víctimas.

Qué se puede esperar de los demás, de una clase media inculta llena de tecnologías idiotas y de autos veloces con vidrios polarizados y de un populacho aspiracional o arribista que desea tener todo, pero ni siquiera aprende a decir tenemos (dice tenímos), sino saqueos e incendios y egoísmos al momento de recabar agua o alimentos, cuando sus pútridos dirigentes civiles y militares demuestran la tremenda prodedumbre de conocimientos y una falta de ética que luego tratarán de tapar con campañas de conmiseración y solidaridad mal entendida cual fariseos o señores de la ley.

Ahora me explico por qué yo y tantos otros y otras, hombres y mujeres que al menos tratamos de prepararnos y ser seres humanos con una fuerte vocación comunitaria, estemos aislados y seamos negados por la elite, por una clase media prepotente y también por el populacho regettonero. Nada tenemos que hacer en este país, que se hunde cada día más en su propia mierda descerebrada y sin amor.

No creo finalmente que todo esto sea un mero problema ideológico o de sistemas como dicen los analistas, pues la falta de ética, de inteligencia, de humanidad atraviesa a izquierdas y derechas y a civiles y militares. Y afirmo sin temor hoy, aún cuando sociólogos y politólogos lean mi artículo con desdén o como una falta de visión científica, que la mierda de país que somos hoy, aún y sobretodo por las demostraciones de caridad farandulera futura, tiene mucho más que ver con la falta profunda de cultura y con la carencia absoluta de los valores del hombre y la mujer, con un modo de vida y de pensamiento que entre otras cosas confunde a Miguel Enríquez con un salsero y establece el martirio y la abnegada gesta de Allende o de Prat como acciones que rayan en la idiotez o en la ineficacia.

Con este pueblo y sus dirigentes, ya hemos caído en el barranco y el pudridero. Que Luis Emilio Recabarren renazca en este texto, como homenaje al que escribiera en el Centenario de la República.