Ando en Alto Cielo

Ando en Alto Cielo

30 abr. 2010

Yo partiré



UNO
El pueblo, real y concreto, pasea sus cotidianidades por las calles frías, suenan los cables de alta tensión en Las Torres, el joven ciego toca su batería, la mujer con la sonrisa, hace el pan de media tarde, el pueblo real y concreto en el olvido de los líderes y economistas, de obispos y caridades clasemedieras, de burócratas y rostros de tevé.

DOS
Mi motocicleta tose ronca a la caída de la tarde, el sol amarillento sin calor, se detiene entre los cerros, salen los perros vagos a pelearse las bolsas de basura, el vagabundo se ríe solo con su caja de vino y un compadre imaginario, en Las Torres se despide una madre de su hija, se cierran las puertas de las casas y cojea el último hombre.

TRES
La Señora María, (no me deja que le diga señora) me mira con ternura, José, su hijo, palpa mis manos con sus ojos que no miran, sonríe, que hago aquí me pregunto, si ellos luchan por sí mismos, son poderosos, se escuchan las sirenas en la plaza, yo escribo, han recogido la fuerza del día, la han hecho jugar entre sus cuerpos y destinos, escribo de sus almas que preparan la nostalgia, la dignidad de cada cosa y de su cuerpos, para el futuro que llega; en Las Torres siguen ululando las sirenas...

CUATRO
Yo partiré, ellos se quedarán en sus terrenos, de explosiones y de niños jugando en las esquinas, quiero irme a otros lugares pero quiero quedarme entre sus bocas, fui lo que soy, un advenedizo, un transeúnte débil entre pobrezas, un amigo quizás, un compañero de brochazos y peleas. No lo sé, mis carencias me han presionado a abandonar las calles nuestras, Esteban seguirá su periplo de inventos y vecinos, yo por mi parte recorreré otros pasajes de esta tierra. Y quedarán en Mapocho abajo, en Huelén o por La Herminda entre sus plazas, algunas imágenes, y viejas hojas con poemas.

Pretérito pluscuamperfecto

Foto de Juan Pedro Broussain recopilada por Juan Pardo


Fesal Chain


Antes de ir a lavar los platos
me bajó no se qué cosa,
una especie de hippismo
de trasnoches perdidas,
de tardes
de un pretérito
pluscuamperfecto,
de cuando
habíamos amado,
de cuando habíamos temido,
de cuando
habíamos
partido,
pero debo ir a lavar los platos
enrojecer mis manos
con esa agua hielo
de mañana,
de casi mediodía,
esos platos grasosos
de cuando habíamos comido,
antes de partir
hacia ninguna parte.

23 abr. 2010

Muertos y Vivos



Fesal Chain

Nicanor Parra
acaba de declarar en Las Cruces,
que es altamente improbable,
aunque no imposible,
que un muerto mate a un vivo...

Antipoema para Parra



Fesal Chain

Apurado como ando siempre
apurado,
tomé el bus a Las Cruces
para asistir al funeral
de Parra,
el Presidente había dicho
por la tarde
que estaba muerto,
como muerto está De Rokha
como muerto está Huidobro
como muerto está mi padre,
y yo siempre
le creo al Presidente
sea de derecha,
de izquierda o de centro,
porque por algo salió elegido,
no cualquiera es Presidente
de la ilustre República de Chile,
llegué tarde
muy tarde
a la casa del poeta,
nadie salía a a recibirme
las luces estaban apagadas
negras las ventanas,
como las olas negras de ese mar
que ya no tan tranquilo nos baña,
entonces se me ocurrió
que ya lo habrían enterrado
que Nicanor
no quiso homenajes
ni velorios,
que andaba apurado
como yo ando apurado siempre,
y que quería reunirse
sin demora con la Violeta
o con su hermano Roberto
o con su madre,
también pensé que a lo mejor
lo estaban velando en otra parte
en la Municipalidad del Tabo
por ejemplo,
o que se lo habrían llevado
en un avión de la misma Presidencia
a Chillán o a San Fabián de Alico,
donde todo el pueblo lo estaría esperando
con lágrimas en los ojos
y las gargantas apretadas,
entonces tomé el bus a Chillán
viajé toda la noche
no pude dormir ni un solo instante,
pensando en la muerte del poeta,
en la soledad en que quedaríamos
nosotros individuos
simples mortales,
que con suerte
escribimos
algunas letras
en el puzzle del domingo,
que con suerte
leemos las Ultimas Noticias
o los especiales del Deporte
de la Tercera de la Hora.

Llegué a Chillán de madrugada
tomé un camión a San Fabián de Alico,
pero allá no pasaba nada,
no habían banderas a media asta
ni sonaban las campanas de la iglesia,
busque la casa natal de Nicanor
al parecer ya no existía,
pregunté si sabían la noticia
y nadie contestaba,
se parecía al pueblo de un tal Pedro Páramo,
todos eran fantasmagóricas siluetas.

Apurado como ando siempre
apurado,
tomé de vuelta
el bus a Las Cruces,
el sol alumbraba cada grano de arena,
me acosté a dormir un poco
y desperté con la figura del poeta
caminando por la orilla del mar
con un poncho y una chupalla
de colores,
no podía ser
si lo había dicho el Presidente
Nicanor Parra había muerto,
entonces dudé de mi existencia,
a lo mejor era yo el fallecido
y me encontraba en el cielo
de los creadores y hechiceros,
pellizqué mis brazos y mis piernas
comencé a jalarme los cabellos
y a gritar incoherencias,
llegaron los carabineros y los ratis
una muchedumbre histérica
rodeaba mi figura,
quisieron llevarme a la comisaría
por desorden público
y actos inmorales,
me resistí como pude
corrí por la arena
como un niño
hasta que el propio Nicanor
paró la batahola,
les dijo a todos
que me dejaran tranquilo
que yo era un hombre como cualquiera,
el individuo,
que quizás qué problemas tendría
que el se haría cargo
que me convidaría a tomar un té de toronjil
con rosquillas o galletas.

Cuando iba camino hacia la casa del poeta,
del antipoeta como le dicen los que saben,
me entró la duda
que quizás este tal Señor Piñera
ignorase por completo
que Parra estaba tan fresco y reluciente,
me entró la duda entonces,
que a lo mejor este tal Señor Piñera
andaba más perdido
que el Teniente Bello
o que eremita en una fiesta,
ya que lo que yo veía
sin oscuridades ni reflejos
sin borrascas ni desfiladeros,
era que Nicanor Parra
el mismísimo poeta
que yo amaba como a un padre,
estaba más vivo
que la cresta.

Un texto dentro de un texto

Motorizado en el viento me retraigo, escucho la voz del que me habita, no hago caso, me revuelvo en la muchedumbre, no escatimo en la protesta diaria, mis lentes son un espejo, mi lengua un burla de esmeraldas y de yeso, no soy una estrella de rock (aunque debería), ni la palabra de moda en el baño de lujo, soy otro, soy el otro, el que motorizado en el viento se esconde mientras los idiotas se ríen, sin saber...

19 abr. 2010

Junto a Joan Manuel

Fesal Chain

Acaso él no lo recuerda,
yo atrás
caminando entre la gente
con mis zapatos rotos
y un cigarro de humo y penitencia,
entre mujeres
rodeando su figura
pobladoras de viento y fuego
y hombres duros
de manos ásperas y llagas,
que dejaban caer sin pudor
algunos lagrimones,
y yo callado
mostrándome a mi mismo
que podía ser
correspondiente,
que bastaba su risa
y mi silencio,
que sobraban
los abrazos y aspavientos,
yo
en mi anonimato
y él en su visita,
yo
en mi pausada madriguera,
murmurando por su boca,
que el sur
también existe...



18 abr. 2010

Aunque lleve las de perder


Fesal Chain

Los nuevos ricos
enanos de negro cartón
sobre automoviles
que parecen tanques,
aquellos
burdos del lenguaje
que se ufanan
de las cosas
y más cosas
y más cosas
y más cosas,
esos
que escondieron su figura
en las tinieblas,
cuando las tinieblas
enredaban
gritos y muslos
que no eran de cristal
que no eran cosas,
esos enanos
mal hablados
imponen los billetes
cuentan con sus dedos cortos
los denarios
y las monedas de soberbia,
caminando en procesión
con sus muñones que brillan
y la ignorancia horripilante,
en viajes
de trasantlántica ignominia,
y entonces yo
qué más haré,
qué haré dios de los injustos,
qué haré dios de los que ganan,
que haré dios enjoyado
y grotesco, que haré,
dios de los pedófilos
de misa diaria,
pues sí que lo sé,
sí que lo sé,
dios de pacotilla,
yo jamás seré su víctima
en ruegos angustiosos
y ojos de pecera y esmeraldas,
jamás seré la pobre espalda
fustigada
en podrida relación,
jamás de rodillas,
me pondré,
jamás caminaré en sus senderos
egoístas,
jamás viajaré como turista
por la tierra,
jamás lo haré,
dios espantoso
de seres espantosos,
yo,
pelearé mi guerra
con la fuerza que me dio
un otro
con alas y armadura,
yo pelearé mi guerra
sin descanso
hasta glorificarme
o secarme entero
como un charqui,
hasta perdurar en la memoria
o hasta la muerte
de los enanos
o la mía,
yo seguiré adelante
adelante,
solo
o con mi ejército de amores,
así me secuestre el olvido
y la miseria,
o lleve las de perder
en esta vida.

15 abr. 2010

Despercudirse de la izquierda



Fesal Chain

Mi generación de los 80 y la dos anteriores, es decir aquellas del 60 y 70, nos acercamos a la izquierda por razones de fuerza mayor, era el camino de la justicia social, de la fraternidad humana y de la libertad. Sobretodo desde los años 70 en adelante. La vía chilena al socialismo y la lucha más consecuentemente democrática contra la dictadura pinochetista tenía un domicilio específico, el gran arco de la izquierda chilena.

Nadie que haya militado política o socialmente en la izquierda en dicho contexto histórico, puede renegar un ápice de su identidad formada en aquellos valores, normas y actos. Todos ellos se internalizaron en nuestros cuerpos como educación heredada y adquirida.

Sin embargo al pasar casi 40 años de la Unidad Popular y 20 del término de la dictadura, no es posible quedarse sólo en los valores y actos de valentía, arrojo y heroicidad de la izquierda contra la dictadura. Es necesario también ser capaces de hacer una arqueología de sus errores y disvalores, de sus agitaciones vacías y de sus mascaradas.

El gesto fundacional del Presidente Allende, de defender con su propia sangre la democracia y la libertad política, económica, social y cultural de Chile, si no ha quedado en el olvido, al menos se ha difuminado en los propios actos de la actual izquierda chilena y de sus dirigentes, y me refiero a toda la izquierda, tanto aquella que tomo el relevo del Allendismo como aquella que gobernó Chile durante 20 años. Hablo de toda la izquierda política y cultural, de cualquier signo.

Esta izquierda no ha estado a la altura moral del gesto del Presidente mártir. Y probablemente nunca lo estuvo. Esa canción de Pablo Milanés "A Salvador Allende en su combate por la vida" es un tremendo análisis al respecto:

"Qué soledad tan sola te inundaba
en el momento en que tus personales
amigos de la vida y de la muerte
te rodeaban".

La soledad de aquel que sabe la magnitud de la tragedia y de la derrota, que a su vez es la soledad de quien tiene la enorme comprensión de que pocos entendieron la magnitud de la utopía. Allende, en ese preciso instante, en que los lobos en jauría se ensañaban con los hombres y mujeres y con los símbolos más queridos, sin dudarlo, giró toda su figura hacia el pueblo, dándole la espalda a los políticos tradicionales, a los poderes y a las instituciones, acaso por primera vez, y convirtió sus actos en resistencia pura y dura, dejando de lado la clásica representación y haciendo carne al pueblo mismo en su cuerpo combatiente.

"Qué manera de alzarse en un abrazo
el odio, la traición, la muerte, el lodo;
lo que constituyó tu pensamiento
ha muerto todo".

La amplitud del poema convoca a la reflexión profunda. ¿Quienes odiaron y traicionaron? Es claro que el odio vino siempre de las clases dominantes, de las capas medias arribistas y aquellos sectores populares cooptados por los primeros. Pero la traición no puede venir sino de los propios. Una traición ontológica. De no haber construido desde los actos cotidianos, con toda la energía y voluntad, el sueño de Allende, que era el sueño del pueblo. Un sueño en el que no podían caber egolatrías. Los actos políticos debían ser sino puros, de gran altura y dedicación consciente. Pero la izquierda trastabilló entre discusiones estériles, correlaciones de fuerza, acomodos, peleas chicas de cargos y prebendas, en fin, siguió en la vieja política y no se dio cuenta que no había correspondencia posible entre esa política tradicional y añeja, y la gesta a la que nos habíamos convocado, desde Allende como pueblo en proceso de liberación.

Si hay otro hombre que representa a muchos hombres y mujeres que fueron capaces de ponerse a la altura de las circunstancias y de la pérdida, fue Miguel Enríquez. No dudó en dar la lucha armada desde el primer minuto y morir en ella. Después le siguieron otros y otras.

"Qué vida quemada,
qué esperanza muerta,
qué vuelta a la nada,
qué fin".

Y ciertamente, después de la inmolación de Allende, de su valiente determinación, ha habido una vuelta a la nada. Nosotros los militantes políticos y sociales y sobre todo el pueblo de Chile que se sintió representado por Allende, y que fue un baluarte de resistencia durante los años de la dictadura, se volvió a encontrar, una y otra vez, con los pequeños gestos, intereses y corrupciones de una izquierda que siempre trastabilla.

Por que no bastaba con luchar contra la dictadura, también a sangre y fuego y volver al poder o al parlamento, no bastaba. Todo eso, si es que se puede decir de este modo, era una obligación moral que se ponía por primera vez a la altura del martirio. Había que, una vez recuperada la democracia, comenzar a construir con mística, disciplina y valor, y con profunda honestidad todo aquello que se enarbola con tanta facilidad, pero que tristemente muy poco se practica.

Por que si hay algo que nos aleja a muchos de la izquierda y que nos impele a despercudirnos de ella, es su maldito acostumbramiento a levantar discursos que todo el mundo sabe bien que no hará. Ni en lo público ni en lo privado. Y ese es un pecado mayor. No podemos criticar a la derecha o al centro político por aquello, pues simplemente esos sectores no levantan las banderas de la igualdad, de la fraternidad y de la libertad y menos con la arrogancia monopólica e histeria que lo hace la izquierda. Y lo hace una y otra vez, pero en sus actos cotidianos construye una brecha entre lo que dice y hace, tan grande como la parafernalia con que vocifera sus principios.

La izquierda chilena, toda ella, en su matriz cultual ya no es creíble. Nadie pues, nos puede obligar a entrar a ese negocio. Y de alguna manera dejó de serlo en el preciso instante en que Allende, en esa soledad tan sola, se enfrentó a los misiles y a los tanques. Somos ya personas adultas y sabemos muy bien que no es posible seguir a aquellos que dicen una cosa y hacen otra tan distinta, en una dirección exactamente contraria. O que construyen actos miserables, muy pero muy lejanos a lo que proclaman a los cuatro vientos.

Estamos solos, como lo estuvo Allende. Estamos siempre inmolándonos, como lo hizo Allende, estamos rodeados de quienes no trepidan, cuando se traicionan a sí mismos, en traicionarnos siempre, como le pasó a Allende.

Yo, que fui tremendamente crítico de la Unidad Popular, en el sentido de que no era posible hacer una revolución sin violencia, hoy, si he realizado una autocrítica real, apunta a la profunda valoración de Allende, de su honestidad, de su capacidad de leer la matriz cultural de Chile, de ponerse con actos concretos, día a día, a la altura de los desafíos y de la utopía que se deseaba construir, y de ser capaz de defender con su vida al pueblo de Chile.

Debemos despercudirnos de la izquierda chilena de una vez por todas, justamente porque debemos volver a Salvador Allende en su estatura moral, en su humanismo, en su cotidiano y heroico caminar.

8 abr. 2010

De Poeta a la tela embravecida

Fesal Chain

Entonces
y tan solo,
tan abandonado en la materia,
entonces
y sólo allí
desmoronando
esta palabra griega,
para chasquear dedos de águila
y reinventar mis crines mariposas,
hacer desaparecer
mis dedos de pianista
horripilante,
y posar cemento blanco
sobre la tela rugosa
de olvidado carmín,
entonces
entonces amigo
es tan sólo aquello,
nada más
que girar
la desesperada mandíbula
apretada,
y estos ojos
que lloran a la calle
para masticar las lenguas
que se queman,
y entonces
sólo entonces
girar esta cabeza que no encaja
y tomar un oleo volátil
que se agrieta,
para esfumar la trementina
de mi sangre,
es eso
sólo eso
nada más,
que todo eso.

Yo los llevo en mi piel

Fesal Chain

A los detenidos desaparecidos y sus familiares,
a los torturados y ejecutados políticos y sus familiares.


Es cierto
yo los llevo en mi piel,
acaso no soy
un manifestante habitual
ni el activista incensante,
pero créanme
yo los llevo en mi piel,
como llevo esta camisa
y aún más,
como llevo estas heridas
que me hicieron cuando niño,
ese bisturí
que me atravesó la carne
y dejó los organos al descubierto,
y no es mentira
los llevo en mi piel,
como las marcas
de las caídas y revuelcos,
acaso
no soy quien ustedes quisieran
que yo fuese,
acaso no soy ni siquiera
el que yo quisiera,
pero los llevo en mi piel
como mis errores y mis amores,
como mis orgullos y arrepentimientos,
los llevo siempre
porque en esta carne
no desaparecen
ustedes,
porque en esta carne
las picanas
y los pau de arara
se reproducen
cuando me pongo en el lugar
de sus aullidos,
porque siento
silbando en mi cabeza,
la muchedumbre de balas
que en todos los puente del sur
atravesaron los ríos,
llenos de bolsas negras
con cadáveres,
yo los siento siempre
como siento esos corvos helados
en mi cuello,
y el dolor eléctrico
atravesando mis arterias,
y las vértebras cervicales
de los sueños y esperanzas,
hermanos y hermanas
de mi sangre,
yo los llevo en mi piel
y me recuerdo,
con ojos bien abiertos
y con pelos erizados
de miedo y de tormento,
al reconocer su cuerpos
en dibujos y fotografías clandestinas,
y en el detalle de las bocas
de sus propios familiares,
contando las historias
de la muerte encarnizada,
yo los llevo en mi piel,
más aún cuando el tiempo
y la vida de esta patria,
no los deja descansar
como se debe,
les levanta monumentos
y memorias de hormigón
placas y museos,
pero los continúa golpeando
cual si fueran
animales de costumbres
cual si fueran materiales
del escarnio,
yo los llevo en la piel
y en mis palabras como flechas,
este es mi único compromiso militante,
hermanos y hermanas de mi sangre,
y cada vez que a ustedes
los barren
con la falta elemental de la justicia
y del amor que se merecen,
o los mercaderes y asesinos
siguen ninguneando sus martirios,
es a mí,
a quien
atacan con sus dientes,
es a mí,
a quien maltratan
con sus garras,
es a mí,
a quien
olvidan nuevamente.

4 abr. 2010

El alma rusa, nosotros.



Fesal Chain

Siempre me pareció que el alma rusa tenía mucho que ver con nosotros los chilenos. Es que eramos un pueblo triste que se sabía de este modo. En la tristeza se puede reflexionar. En la algarabía y en una cierta alegría falseada por lo externo, es muy difícil pensar en uno mismo y en los demás. De niño leí muchísimo a los rusos. A Pushkin, a Gogol, a Tolstoi, a Dostoievsky, a Solzhenitsyn.

Hoy en plena Pascua de Resurrección, leo a Tolstoi nuevamente: Ana Karenina. Qué manera tiene el autor de escudriñar la psicología de cada personaje, en el tráfago de la ciudad, de sus relaciones un tanto frívolas, en los bailes o en la formalidad de los encuentros. En las pocas páginas que estoy releyendo, después de muchos años, hay un sinfín de realidades yuxtapuestas y en diálogo: deseo, amor, desamor, pobreza y riqueza, desazón, voluntad casi maniaca, alcoholismo, pero cada una de ellas y todas, finalmente apuntan al permanente cuestionamiento de la existencia.

Leo el siguiente párrafo como un aviso, un advenimiento: "No nos abandonarás, no huirás de ti mismo, seguirás siendo lo que hasta ahora, con tus deudas, tu descontento de ti mismo, tus vanas tentativas de reforma, tus recaídas, tu eterna esperanza de una felicidad que se te escurre y no está hecha para ti".

Hoy, Chile es el paraíso de los maniacos y cocainómanos, es casi un pecado social deambular en la tristeza, todo debe ser voluntad suprema, lucha individual y porfía, quien se deja estar, no es más que un fracasado, un derrotado sobretodo por sí mismo. Quien no tiene dinero vale menos que quien lo obtiene a cualquier precio. Quien piensa y escribe, no es más que un vagabundo de la nada. Si el pianista de cualquier burdel o de la fiesta de los atorrantes y arribistas donde se hacen altares a lo feo de la vida, recibe monedas en su sombrero antiguo, es un trabajador que merece homenajes y abrazos, pero si un escritor solitario, hace bailar sus manos huesudas y arcaicas sobre un teclado abandonado, como si fuese un antiguo piano, no está más que perdiendo su tiempo, dejando de hacer lo que debe hacer para no caer en la miseria.

Sin embargo, a no dudarlo, es la soledad y la tristeza, y la melancolía de un futuro que no llega, lo que nos permite escudriñar en nuestras miserias verdaderas, por eso en nuestra patria, a diferencia de la gran patria literaria rusa, caemos siempre en el mayor de los infiernos: creer que somos lo que no somos, danzando en realidades inventadas, mientras la muerte travestida en fiesta, se enseñorea en las familias, en las amistades, en los gobiernos y en las almas atormentadas.

En tanto los filósofos, los poetas, algunos pintores y los cronistas de la barbarie, parecieran caer como hojas amarillas en un suelo defecado por las bestias, mientras los deformes de la historia, hacen una ronda alrededor del becerro de oro, que pese a los siglos transcurridos, aún continúa edificado sobre el barro de sus hediondas tumbas.

3 abr. 2010

Juegos de niños o nos habíamos amado tanto





Fesal Chain

He escrito y reescrito esta crónica muchas veces, hasta que una mañana, me vino a la mente de modo intempestivo, esa vieja película de Ettore Scola. "Nos habíamos amado tanto". Debo haberla visto unas seis o siete veces en aquel viejo Cine Normandie de la Alameda. La historia de la derrota, del engaño, pero también, la historia del amor a través de esa misma derrota y de ese mismo engaño. La historia de quienes se aferran a carcomidos ideales y de quienes los han olvidado. La historia del desencuentro y de la pena.

Hoy, ya nada de aquello vale, es el cambio lo que cuenta, el derecho a ponerse otra camisa, a elegir marcas y modas, a tomar o dejar las mercancías. Los que no cambian son los depredadores y los que se transforman, flexibles seres del futuro. Pero a pesar de todo, sigo recordando esa vieja película, a Stefania Sandrelli, a Nino Manfredi y a Stefanno Satta-Flores, y sobretodo ese piquero monumental en la gran piscina, del triste burgués finamente representado por Vittorio Gassman.

Vivimos en la mentira, cultural e institucional, alguna vez el viejo Marx la llamó alienación. No es fácil explicar el concepto y no caer en el academicismo: En el sistema capitalista la alienación tiene que ver con las relaciones sociales de producción, o a estas alturas, con las relaciones sociales de acumulación financiera, relaciones de clase, y como éstas van generando una realidad de dominación y codependencia. La burguesía domina, pero a la vez sufre los efectos de su dominación en varios niveles. Es esclava en primer lugar del conflicto mayor, de la lucha de clases, esclava privilegiada pero esclava. Pero también y sobretodo es esclava de que esas relaciones de acumulación sean efectivamente un freno al desarrollo de las fuerzas productivas de ellos y de los demás. Vivimos en la mentira, cuando sumadoa esto no hay noción ninguna de esta suprarealidad que se deja caer como lluvia ácida sobre nuestras cabezas y abate a todos y a cada uno.

Cuando niño, yo tenía un gran amigo, lo fuimos muchos años, décadas, acaso en la edad en que se moldea el carácter y las ideas más profundas, el ser. Con él conocí un mundo nuevo, no sólo aquel que se refería a su realidad social como parte de la oligarquía chilena, sino a la vez y de modo paradojal la realidad de Cuba y su revolución, la realidad de las poblaciones y su pobreza, la realidad de la necesaria rebeldía frente a lo último. Y era un conocimiento cabal, real. No daré detalles, no sería ético. Yo le creía profundamente a mi amigo. Sabía que proveníamos de diferentes mundos, pero él tenía una cierta sencillez, que probablemente aún la tiene, y una austeridad que yo celebro hasta hoy. Para que hablar de su cultura, en esa biblioteca se juntaban diversos conocimientos, la tradición y la ruptura, la muerte y la nueva vida. O las pinturas, bellas pinturas chilenas.

La primera vez que escuché a Silvio Rodriguez, fue en su casa, y escondidos, como si fuese una gran falta, una acción peligrosa. Y lo era. Claro que no en la lejanía que quedaba esa parcela, tan aislada de la guerra. Aunque en realidad no lo estaba tanto. Era su epicentro también. No daré detalles. Sus padres y él eran antipinochetistas, y de muchas maneras lucharon contar los bárbaros. De manera peligrosa también. Pero como digo, no estoy disponible para detalles, lealtad obliga.

Nos quedábamos por las noches escuchando a la Trova, recién salida del horno era a final de los setenta, a Feliú, a Milanés, o a los poetas españoles en la voz de Paco Ibañez. Aún me acuerdo cuando me invitó a ver a la Joan Baez a la Vicaría de la Solidaridad, yo no podía ir. Y después el reencuentro, donde me contaba en detalle todo aquello, o cuando fuimos a ver al mismísimo Ibañez sentados a tan solo un metro de su voz aguardentosa. O cuando escuchábamos a Bob Dylan, una y otra vez, tantas veces, que hasta hoy no me lo saco de la vida.O cuando viajamos por países bullantes, donde la pobreza, la desigualdades que pálpabamos juntos y el odio se hacían pan, choclo y queso en nuestas bocas. Mi amigo era brillante, y su inteligencia lo hacía distante al milicaje y a sus burócratas que justificaban lo innombrable. Era sin duda, un hombre sensible, un demócrata.

Han pasado ya más de 30 años y mi amigo ha cambiado. Ahora es un alto funcionario nombrado por la derecha chilena. Que me acusen de ingenuo, de quedarme en la niñez o en sus aventuras. De no avanzar con el tiempo, de no tolerar los cambios. Pero, ¿qué habrá pasado por la mente de mi amigo, durante estos 30 años? Es delicado el tema cuando uno se refiere a quien quiere, aún cuando haya pasado mucha agua y sangre bajo los puentes de esta vida de dominados y dominantes.

¿Es tan simple como afirmar que en definitiva terminó defendiendo aquello a lo que pertenece socialmente? ¿Que como dice el bolero, todos vuelven al lugar donde nacieron? ¿O acaso todas sus conversaciones y reflexiones, tan sentidas y rebeldes frente a la barbarie y sus formalidades, no fueron más que un juego? ¿Un juego de niños?

Yo amigo, tomé tus palabras y el ejemplo de tu entorno cercano demasiado en serio. Y aquí estoy, escribiendo muy lejos, al menos muy lejos de tí. Nunca esperé que fueras un revolucionario. Tampoco que no estudiaras en el extranjero o que finalmente formaras parte de la empresa familiar. Eso era natural, parte de tu vida y de tus relaciones sociales. Jamás te pedí que las rompieras, jamás te pedí nada.

¿Quién soy yo para hacerlo? Nadie es nadie, para juzgar y cambiar la vida de los otros. Yo no te juzgo, pero nunca imaginé que aceptarías. No estaba en mis cuentas que llegaras a ser parte importante de quienes aborrecimos juntos, de quienes abominamos tan decididamente, y de los cuales fuimos de una u otra manera andrajosas víctimas y silenciosos enemigos cuando niños, era creo hoy, nuestra sagrada comunión. Tú sabes a lo que me refiero.

Amigo, no era necesario aceptar aquello. Pero vivimos en la alienación, y no hay noción ninguna de esta suprarealidad que se deja caer como lluvia ácida sobre nuestras cabezas y abate a todos y a cada uno. No era necesario aceptar, pero al parecer lo necesario y lo esencial, se ha hecho agua bajo nuestros pies. Como esa piscina de "Nos habíamos amado tanto", en la que Gassman solitario, se hunde con cierta amargura. O como esa misma agua cristalina que pisábamos en el lejano sur, bautizando islas inexistentes, con los nombres olvidados de nuestros primeros amores.

Caminata


Fesal Chain

Un vaso de leche,
otro más,
un cigarro amargo
otro vaso más,
la foto de Sartre de costado
y su hija atrás,
el dolor de cabeza
que inaugura todo periplo,
volver a las cosas olvidadas,
a las palabras de Prévert,
cuando caminaba por tu barrio
y te asemejabas a Bárbara,
no contestar más los llamados
no responder jamás
con un leninismo
de manual de feria,
ni de libros complejos,
ni de prácticas suicidas,
volver siempre volver
a la conciencia olvidada,
no pedir ni dar,
no buscar editoriales
ni trabajo
ni oportunidades
ni amores
ni padre
ni madre
ni hijo
ni placer
ni dolor
ni vanidad
ni humildad,
no buscar,
no contestar
el teléfono,
no esconderse
ni buscarse,
sólo
despertar una mañana
como la de hoy
gritando a la pared derruida,
NÁMASTE
NÁMASTE
NÁMASTE,
sin tener idea de lo que significaba,
sin haber escuchado
esa palabra nunca antes.


En la novela The Journey of the Fool (el viaje de los tontos), de Fady Bahig, el gurú ficticio Sri Bakashānanda explica el sentido de námaste: Significa ‘yo saludo a la luz de Dios que está en ti. De hecho, significa que la luz de Dios en mí saluda a la luz de Dios en ti. Pero tú sabes que no hay ninguna diferencia entre la luz de Dios que está en mí y a la luz de Dios que está en ti. Y ya que los saludos sólo se realizan entre dos entidades separadas, para nosotros sería mejor no hablar en absoluto de saludos, sino decir que la luz de Dios en nosotros celebra su presencia eternamente en nuestros corazones.

2 abr. 2010

Ellos y nosotros


Fesal Chain

Los mayoritarios,
corretean
a través del reloj que se derrite
y atraviesan los milenios,
"ellos sallieron
de entre nosotros mismos,
aunque realmente
no eran de los nuestros". (1)
Ellos (...)
"con ojos siempre ávidos
ostentan su superioridad".(2)
Son los mayoritarios,
quienes corretean
a través de las horas
y los siglos,
y entran y salen
amando las riquezas,
de la gran esfera azul
de polos achatados
que se disloca
hacia la muerte,
y nosotros,
empujados a los límites
de todo territorio,
arañamos entonces
rocas heladas y la arcilla,
mientras el mar
corroe nuestros muslos,
y nuestro cuerpo
se diluye en marejadas.

Así se cumple
la palabra escrita
nuevamente,
"ellos son del mundo
y los inspira el mundo,
y los del mundo los escuchan", (3)
y nosotros recibimos el odio
sin descanso,
y de nuestras voces
no se escucha
ni el murmullo,
porque de aquí
nunca hemos sido,
no pertenecemos
al dominio.



(1) 1 Juan,2 18
(2) 1 Juan,2 15
(3) 1 Juan,3 17;4