Ando en Alto Cielo

Ando en Alto Cielo
foto Fesal Chain

28 jul. 2013

Edgar Allan Poe y mínimamente Fesal Chain




Edgar Allan Poe y mínimamente Fesal Chain

Esta negra y torva ave tocó, con su aire grave,
en sonriente extrañeza mi gris solemnidad.
"Ese penacho rapado -le dije-, no te impide ser
osado, viejo pájaro azulado desterrado de la negrura abisal;
¿cuál es tu tétrico nombre en el abismo infernal?"
Dijo el pájaro: "Nunca más".

"¡Diablo alado, no hables más!", dije, dando un paso atrás;
¡Que la tromba te devuelva a la negrura abisal!
¡Ni rastro de tu plumaje en recuerdo de tu ultraje
quiero en mi portal! ¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal!"
Dijo el pajarraco azul: "Nunca más".


19 jul. 2013

Antes



Fesal Chain

Antes mucho antes
cuando la lluvia trasuntaba dulce fragancia
de lirios y de abejas
y mi hombre bueno
observaba en el espejo a mi hombre bueno
antes mucho antes que el demiurgo
vigilara tras la puerta
con cautela para no ser notado
y las cadenas ni siquiera recuerdo
ni palabras ni gruñidos eran
la casa de ladrillos cual iglesia
en fiesta blanca
cual laberinto de niño
en tierra mojada
asemejaba a mi alma
y la guardaba.

12 jul. 2013

Terapia



Fesal Chain

El psicólogo
más bien se parecía
a Ginsberg cuando muy joven
pero llevaba zapatos
el espejo reflejaba mi ojo derecho
o la mitad de mi cara
la sombra recorría la mitad de mi cara
entonces le dije
el problema es que todos quieren ser John,
pero yo no
no
yo no
prefiero a Paul,
entonces Ginsberg me miró sonriendo
diciendo
"de eso se trata"
yo le entendí perfectamente
y el entendió perfectamente
que yo le había entendido
per
fecta
mente,
al salir no tomé la micro
y escondido en el jardín - laberinto
de Mustafa Kemal Atatürk
fumándome un pito
bajo la casa de madera que había sido un hospicio
escuché Another Day
en un Walkman (que sí, tenía pilas)
pero no la perilla plástica del play.




Enrique Lafourcade nuestro francotirador

Enrique Lafourcade Copyright 2004 © MEMORIA CHILENA ®

Fesal Chain
Especial para SITIOCERO http://sitiocero.net/2013/enrique-lafourcade-nuestro-francotirador/

Si me hubiesen dicho a los veinte años que escribiría algún día sobre Enrique Lafourcade, me habría reído a gritos. Probablemente si el escritor estuviese lúcido y leyera este artículo, sería él quien se reiría de este pequeño homenaje.

No puedo dejar de recordarlo en ese extraño programa televisivo de los ‘80 (hoy se diría freak): “Cuanto vale el Show”, cuan-to va-le el show, cuan-to va-le el show, primero con Ricardo Calderón luego con Alejandro Chávez, apodado el "Pequeño Saltamontes" un locutor radial que incursionaba en la pantalla grande y que saltaba cada que vez decía algo. Allí Lafourcade como jurado de la competencia hacía preguntas de cultura y libros a los participantes y en una primera aproximación parecía que se burlaba de ellos por su falta de conocimientos y educación medianamente formal. Sin embargo ya pasado tantos años es evidente que los interpelaba como pretexto. Aullando mostraba por el más importante medio de comunicación masivo de esos tiempos, el enorme apagón cultural en que estábamos inmersos y en el que probablemente seguimos estando.

Relacionar a Lafourcade con la dictadura o decir que fue un intelectual del pinochetismo es un gran despropósito y expresa esa ignorancia que él tanto desestimaba y por la cual se burlaba en las 525 líneas de la antigua televisión chilena. En realidad la definición que hace de él mismo es exacta: “Soy un soñador de la vida y un vividor del arte, un marginal muy pequeño burgués, un inadaptado-adaptado, un católico en estado salvaje”.

Escribo estas líneas en defensa no sólo de Lafourcade sino de los escritores y escritoras. Qué fácil es para el público y los iluminados de siempre en el país de tontilandia juzgar y clasificar, a quienes tienen como única ideología y militancia real a la literatura. Basta decir que este hombre hoy más abandonado que olvidado, es el autor de una de nuestras novelas más populares: “Palomita Blanca”, que Raúl Ruiz llevó al cine en 1973 y que suma ventas por un millón de copias. Que entre otras muchas cosas fue el cuidador permanente de nuestro poeta nacional Jorge Teillier, y que mientras muchos snobs celebraban y aún celebran la bohemia del autor de Muertes y Maravillas, él se preocupaba de pagarle sus tratamientos antialcohólicos y de ir a visitarlo “a la casa del vino cuyas puertas siempre abiertas no sirven para salir”.

A este prolífico autor de más de 45 libros entre Novelas, Cuentos, Crónicas Periodísticas y Ensayos nunca se le otorgó el Premio Nacional de Literatura. Un premio que ya muchos sabemos “está manipulado por políticos y amigos del presidente” tal como el mismo dijo el año 2000. A siete años de sus últimos tarascones a la vida cultural de Chile como el magnífico francotirador que era, - y tal como cuenta su mujer Rossana Pizarro en una breve crónica para el Diario La Tercera-, “lamentablemente tiene Alzheimer, además de problemas cardíacos. Ha perdido parte de la memoria, pero aún tiene ingenio y habilidad para contestar. Está retirado de la vida literaria, pero sigue vivo (aunque) lo más triste (…) es que nadie lo visita”.

Bueno vayan estas palabras a uno de los más importantes escritores de la generación del ‘50, aquella que compuesta por narradores, poetas, dramaturgos, ensayistas y críticos, supo romper con el criollismo de la literatura y adentrarse en la subjetividad humana y en la consciencia como monólogo interior de un modo descreído y mordaz, como el mismo Lafourcade lo hizo magistralmente durante más de sesenta años, ¡ah que no!, si es cuestión de leer el título de su último libro: Los potos sagrados.

8 jul. 2013

En Estatua


Fesal Chain

Dormía con el puño en alto
prendía los cigarros con una molotov
se encapuchaba en la ducha
para hacer asados armaba barricadas
hablaba con megáfono en la casa
caminaba solo para las marchas
de tanto ondear la bandera
saludaba como Miss Chile
despertaba a los vagabundos cantándoles "arriba los pobres del barrio"
de tanto hacer murales caminaba sólo de perfil
no tocaba el timbre ni golpeaba la puerta, tiraba piedras a la ventana
luchaba hasta con su sombra
les decía compañeros a los gatos del barrio
quemó la casa y el sillón y se quedó en "situación de calle"
tanto siguió a líderes que se convirtió en estatua.


7 jul. 2013

No es lo mismo



Fesal Chain

No es lo mismo
Roqueano que Rokhiano
pero es igual.



6 jul. 2013

Recien, reciencito
















Fesal Chain

Ahora recién
hace unos pocos minutos casi me fui de espaldas
tocaron la puerta de mi casa esta noche
por una parte
es muy tarde para escuchar nudillos en la puerta
ahora es más tarde aún y al final del poema
será tardísimo,
y por otra que al abrirla se te aparezca Roque Dalton
es como para irse de espaldas ¿no?
¿si o no?,
la cuestión
es que se quedó mirándome
fijo
con esos ojos medio desorbitados que tiene y esputó
tres, cuatro o cinco verdades:
vamos hombre no te preocupes tanto
si a ti como el poeta que has sido y eres
de verdad de verdad
sólo te reconocen un amigo o dos
ah y tu madre,
bueno
"eso explica por lo menos en parte mi problema".


Con la casa arriba del camión


Fesal Chain
Especial Para SITIOCERO http://sitiocero.net/2013/con-la-casa-arriba-del-camion/

En una mañana cualquiera de Liceo,  vi a los curas (que siempre relacioné con los murciélagos del entretecho), corriendo como mujeres. Sí, como las mujeres de esos tiempos, es decir arremangándose las polleras, se parecían a mi madrina o a una tía mayor, que -boca fruncida- gesticulaban ciertas muecas de desesperación o desagrado.  Yo jugaba en un patio techado de cemento,  a lo único que se podía jugar en el país de la lluvia, al básquetbol o a pasear cabizbajo manos en guardapolvo. Y de repente el humo lo cubrió todo. El humo y el griterío de la calle. Esa, fue mi primera protesta,  por ahí por junio o julio de 1973. Los curas nos repartían sal y limón y yo los miraba decididamente extrañado.

Una  tarde que caminaba por el centro de Temuco junto a la “nana” vi unos afiches en rojo y negro que decían  algo así como “Soldado únete al pueblo”,  frase muy parecida a un poema de un libro de editorial Nascimento que con una paloma en portada volaba por todas las piezas de mi casa, “No sé por qué piensas tú, /soldado, que te odio yo, /si somos la misma cosa/yo, /tú.”  Al decirle a mi nana quiero ser como ellos, saltó temblorosa en un pie y me contestó: “No, los miristas son malos, tienen barba y viven en cuevas y si te portas mal, te llevan a sus escondites”.

En agosto ya no iba al Liceo, claro que nadie me dijo por qué. Así me levantaba muy temprano, cuando la luz aún era solo una larga cortina blanca sobre el paisaje y entonces corría de mi pieza por un pasillo hacia el fondo de la sala. Ahí estaba la radio. La prendía y  escuchaba  esos violines que explotaban al unísono o que se dormían de uno en uno hasta el susurro y el silencio. Aquella mañana de septiembre  me levanté e hice lo de todos los días. Pero la radio sólo chicharreaba. Y mi hermana que sí iba al jardín, venía de vuelta a la  media hora de haber  salido. A la entrada de la casa la “nana” tras el vidrio,  nuevamente como figura de mal agüero le dice a mi madre, “traigo a la gordita, no hay clases, pues dicen que hubo un golpe”

Desde ese día, todo cambió para mí, lo que no sabía era que había cambiado para muchos, para millones, quizás para todos. La Pascua, como le decimos en Chile a la Navidad, fue un balancín amarillo moviéndose solo, abandonado en el patio con mi madre nerviosa mirando hacia la calle en penumbras y sin mi padre. ¿Dónde está el papá? Papá está trabajando dice mi madre. Como en aquella película que vi quince años después, “Papá salió en viaje de negocios” dijo mi madre.

Las salidas a jugar por el pasaje hasta la noche, ya no fueron más. Mi amigo el gordo se convirtió de un santiamén, en una especie de niño verdugo o al menos en  el hijo del verdugo. La única vez que fui a verlo después “del  golpe”,  su padre me miró con rabia y nos hizo a los dos ponernos firme frente al televisor, mientras marchaban los soldados. Siempre supe que el mensaje era para mí, el hijo del que se fue, el hijo del castigado, el hijo del relegado,  y no para el gordo Jean Paul.

En lo que había sido la casa habían cada vez  más y más cajas enormes de cartón arrumbadas o superpuestas, embalajes. Hasta que una mañana ya sin radio, ya sin sillas, ya sin alfombras, llegó mi tío, el hermano mayor de mi padre comandado un camión. Todo arriba del camión. Mi rifle de madera que había dejado el día anterior en un jardín lejano, ahí se quedó. Mi rifle. El único regalo que mi padre había traído de Santiago en uno de sus viajes de trabajo o de sus visitas al abuelo viejo y sentado en el sillón. Mi rifle de madera y fierro. Muchos años después y en forma simbólica,  recuperé lo que hasta ese día fue mi juguete más preciado. Vera Schiller, la Lola Hoffmann ecuatoriana me lo devolvió con dulzura. Y esa tarde disparé porotos contra otros adultos que reían mientras yo recuperaba mi llanto de ayer.

La casa arriba del camión. Toda la casa, todo mi sur, todas las manzanas, todas las correrías, todos los campos, todos los trigos, todas las risas, todas las pelotas, todas las bolitas de piedra, todos los peces del  estanque, toda mi primera infancia arriba del camión. Cuando salíamos de Temuco, había un río, había un puente y abajo, muy abajo,  en la hendidura del mundo, bolsas negras flotando, “qué son mamá”, nada, nada, sólo basura. Pero algunos bultos tenían pantalones, otros, camisas, otros pelos revueltos por el agua. La casa arriba del camión, los muertos en el río. Los curas murciélago corriendo como mujeres, la “nana” mapuche con miedo a los miristas escondidos en sus cuevas, el rifle botado en el jardín lejano, el padre del gordo con cara de marcha militar y bigotito. Mis bolitas de piedra que no usé nunca más, las manzanas suspendidas en el aire del árbol que fue cortado. Los peces del estanque envueltos en bolsas negras. La casa arriba del camión y mi padre, en viaje de negocios.


2 jul. 2013

Se acuerdan?



Fesal Chain.

Te acuerdas hermano triste?
Te acuerdas amiga mía?
El espejo miente, no muestra la vida
no muestra tu vientre de ayer
hogar de las semillas que hoy sonríen
que recorren el mundo y los buenos aires
te acuerdas
Marcelo,
Andrea,
Rodrigo,
Fabiola,
Mario,
Isolda,
Juan Luis,
Carmen,
Edgardo,
Valeria,
Pablo,
Myriam,
Ricardo,
Patricia,
se acuerdan?
quién, quién, quién
nos ha de quitar las banderas
los torsos desnudos
morenos del sol de la tarde
quién nos ha de quitar este futuro
que supimos labrar?
porque fuimos nosotros
y los espíritus que aún susurran incesantes
quienes tejimos "alas para volar"
quienes enfurecimos la espuma
e inauguramos el mar,
si,
porque fuimos nosotros
y el espejo miente.