Ando en Alto Cielo

Ando en Alto Cielo
foto Fesal Chain

7 jun. 2010

Humo que aparece por un instante y luego se disipa


x Fesal Chain


Fíjense ahora ustedes que hacen proyectos como éstos: “Hoy o mañana partiremos a tal ciudad y allí pasaremos el año; haremos buenos negocios y sacaremos ganancias”. Ustedes no saben lo que pasará mañana. Y su vida, ¿qué es? Un humo que aparece por un instante y luego se disipa.(1)

A propósito del párrafo anterior, pienso en Gustavo Cerati, músico argentino de gran trayectoria y un verdadero aporte a la poesía y la música latinoamericana. Como no recordar a su grupo Soda Stereo y esa Persiana Americana, cuando muy joven yo vivía en una vieja casa de Plaza Italia y mientras lo escuchaba, pasaba la virutilla como endemoniado por el piso de parqué del pequeño taller, refugio de estudiantes y también de clandestinidades necesarias. Hoy Cerati está inconsciente producto de un accidente vascular. Probablemente no saldrá jamás del coma en que se encuentra.

Y también recuerdo esa tarde en que pasé a ver a mi viejo amigo a su local de Calle Merced y vi su negocio cerrado sin previo aviso y supe casi por intuición que estaba grave en el hospital. Esa misma tarde corrí a verlo, era su cuerpo en esa pieza fría, el espectro de lo que siempre yo había visto, aquel hombre fuerte y orgulloso, era su cuerpo en esa pieza blanca, sólo el hilo de aquella soga dura y tensa que sujetaba los barcos de la bahía en su juventud ya ida.

Anoche, mi cuerpo se hermanaba con el de ambos, era un bulto tirado en una camilla, un pedazo de carne y músculos que se tensaban a cada corte, nada más que eso.

Entonces, luego ya en mi casa, reflexioné que por lo mismo y no por otra cosa, hago de la palabra otro cuerpo, -que pretendo insustituible-, que pienso perdurará en el tiempo, que no se convertirá en fantasma, que no se disipará como mi sangre estallando en el plástico de cualquier silla de ruedas de un hospital para pobres o para ricos, hospitales al fin.

Entonces escribo porque sé, que no sé lo que pasará mañana, escribo porque intuyo que la mujer que me miraba por la puerta entreabierta hacia el interior de la sala de curaciones, será sólo la imagen que dejaré de ver alguna tarde, escribo porque mi madre, mi padre, mis hijos, mis amores y los que vendrán, me guardarán en viejas fotografías y se reirán con esas muecas y mis absurdas ocurrencias.

Escribo porque cierta gente sola, camina por esa calle de adoquines, y porque los perros se restriegan en la acera, porque el mar quedará en la ventana y mis palabras serán rescatadas alguna mañana de abril, o cuando la lluvia no se detenga más, por los siglos de los siglos.

Escribo porque me da cierta compañía, el pensar y dejar rastros de signos en la hoja, y ser sincero y pacífico, al menos como la voz de aquella tribu deshecha, que quise llegar a ser.

Escribo para dejar algo en la tierra seca, para acortar la distancia entre lo que los demás ven de mí y lo que leen de mí.

Escribo para quedar en la retina de la pequeña historia, como un hombre que a pesar de los pesares, lloró y rió la humanidad estrecha de su experiencia y de la caminata irreal de los otros en casa vieja, y que al fin y al cabo sus deseos y placeres, sus rabias y alegrías, sus motivaciones y desdenes, no fueron más que difíciles pasos tratando de desterrar la mala fe de su propio cuerpo físico, que envejecía y tendía a no ser, a cada segundo de segundos, a cada minuto de minutos, a cada maldita y bendita hora, como humo que aparece y se disipa.




(1) Nuevo testamento; Carta de Santiago 4, Las Malas Ambiciones, 13 a 14.

5 jun. 2010

98 AÑOS


Fesal Chain

No hay espacios de luz
ni destellos de mañana,
nos han obligado
a observar detrás de siete rejas
la obscura pieza de la reforma y el concilio
y a beber el ánfora de la amarga cicuta del maestro,
nos han impelido a forjarnos sin la fragua derritiendo
los metales del siglo que ha pasado fragoroso,
no hay entonces clavel, rojo clavel
ni enredaderas con espinas
horadando los laberintos de la historia,
ni estrella, ni lucero
lanzado al azul incandescente,
ni martillo en yunque, ni hoz segando
la mala hierba de la tierra,
nos han obligado a caminar solitarios
sin más herramientas que la vida
y la palabra como daga,
nos han quitado al partido enamorado,
como quien te roba
de noche el sueño más preciado,
pero ellos, ellos,
los abúlicos socialdemócratas,
los que han perdido la esperanza,
los de antifaz y ganzúa en emboscada,
los que parlamentan en la putrefacta ágora
de los asesinos y señorones de la polis,
ellos, los que reptan
por el camino de la muerte,
ellos, no serán jamás semilla
en el fértil pueblo del mañana,
y mientras ladren los perros de la noche
jamás florecerán con él
como el copihue de Angelita,
en cambio nosotros
los desalojados de la década,
volveremos con el mar y sus espumas
desde Recabarren y Lafferte
desde Corvalán y nuestra Gladys,
desde Neruda, De Rokha y Víctor Jara,
junto a la mujer de ojos como rayo
y al hombre de torso de acero en la batalla,
volveremos a crecer y a ser gigantes
como se ensancha el Roble Pellín y la Araucaria
como explota el Pimiento, rojo entero
y estallan las hojas carnosas del Canelo,
así, echaremos raíz duradera en los surcos de la sangre
ondearemos las banderas honradas y sencillas,
y alzaremos el cuerpo del pueblo
hacia los cielos.

2 jun. 2010

Rizoma, mi literatura la de mis coetáneos y la vuestra


Fesal Chain

Gilles Deleuze y Félix Guattari escribieron ya hace 33 años el Antiedipo, y como introducción a este libro, su célebre texto Rizoma. En este último, plantearon algunas cuestiones que hoy resultan tremendamente veraces para el tipo de literatura que nuestro tiempo reclama y que no sólo reclama sino que construye por fuerza mayor. Así considero a mi literatura, hija de esta reflexión, no totalmente claro está, pues uno es depositario de una multiplicidad de escrituras y reflexiones, pero en esencia sí, en tanto soy heredero de la generación de Mayo del 68.

Permítanme desconstruir el texto de Rizoma, escoger aquello más comprensible y hacerlo converger con lo que creo es mi literatura, que en estricto rigor y dado este texto, no es ni mía, ni desea hablar meramente de lo que soy, sino de los que somos, como parte de un todo en que otros la releen y otros la reescriben también.

Los autores dicen : "No llegar al punto de ya no decir yo, sino a ese punto en el que ya no tiene ninguna importancia decirlo o no decirlo. Ya no somos nosotros mismos. Cada uno reconocerá los suyos. Nos han ayudado, aspirado, multiplicado".

Por mi parte el yo literario que emplazo y que describo y se hace hablante y personaje, pareciera ser un Yo casi narciso, una especie de emulación nerudiana. Sin embargo esa es la lectura en la superficie. Poco me importa realmente la construcción del Yo soy, vía la literatura. Me he propuesto y a veces lo hago sin proponérmelo, para estos tiempos y su espíritu, la verdadera apuesta poética de la construcción del Yo no soy Yo. Pocas veces entendido por los lectores, ese "Ya no somos nosotros mismos" de los autores citados.

Yo soy otro Yo. Puesto que a mi juicio vivimos en un país y en un mundo que requiere más que todo, una reconstrucción colectiva en la obra, un mirarse y rehacerse como en un espejo, pero ya no de los dioses, sino en el espejo de un Yo disuelto en un devenir anónimo. Como dije, de un Yo que deja de ser sí mismo para ser justamente el otro. El mismo otro que reescribe leyendo. No es tampoco, y justamente por eso nombro a Neruda y debería nombrar a Whitman, el Yo omnipotente que está en los otros, los acompaña, como voz que da voz a los que no la tienen. Sino la conversión de un Yo que escribe al Yo que lee y viceversa. Por eso la insistencia, en extremar un Yo, que parezca extraordinario. Para que de tan excepcional devenga en in/creíble y pase a ser común.

Porque del Yo omnisciente de Neruda o de Rokha, a la negación cotidiana por continuidad, de Parra a la disolución del Yo en en lar de Teillier, creo que hoy es posible, justamente pasar a un Yo devenir. Ese yo devenir que se vislumbra de algún modo, en la propuesta mistraliana. Ese es, desde el punto de vista de la literatura chilena, el paso del que formo parte con muchos otros creadores y creadoras, lectores incluidos.

Los autores también plantean: "Un libro es precisamente un agenciamiento (...) y como tal inatribuible". (...) Un agenciamiento maquínico está orientado hacia un cuerpo sin órganos que no cesa de deshacer el organismo, de hacer pasar y circular partículas asignificantes, intensidades puras, de atribuirse los sujetos a los que tan sólo deja un nombre como huella de una intensidad. ¿Cuál es el cuerpo sin órganos de un libro? (...) Puesto que un libro es una pequeña máquina, ¿qué relación, a su vez mesurable, mantiene esa máquina literaria con una máquina de guerra, una máquina de amor, una máquina revolucionaria, etc., y con una máquina abstracta que las genera? (...) A menudo, se nos ha reprochado que recurramos a literatos. Pero cuando se escribe, lo único verdaderamente importante es saber con qué otra máquina la máquina literaria puede ser conectada, y debe serlo para que funcione.(...) Kleist y una loca máquina de guerra, Kafka y una máquina burocrática increíble...

Si vuestra literatura y la mía, que ustedes reescriben leyéndola y yo leo escribiéndola y de la cual soy un protagonista más en el colectivo de creadores y protagonistas que son también ustedes, se acopla y conforma el devenir, el espíritu de la época. ¿Cuál es la máquina social a la que se conecta, y la máquina abstracta que la genera? Ya no es la máquina del progreso lineal de la revolución burguesa, ni la máquina lineal del proceso revolucionario como determinación de la historia. Ni tampoco la soledad de quien sólo tiene nostalgia, de pasado o de futuro, situado en pequeño lugar, en la provincia. Menos es el chiste parriano de la igualación de las propuestas ideológicas, como descreimiento, aún cuando vivimos en el nihilismo y la seducción fría.

Escuchando a Francisco Varela, me parece que el neurobiólogo apunta a una cuestión preponderante: La máquina global, la máquina de la globalización financiera y cultural, y el nihilismo, tiene su contra parte resistente en el asentarse en lo local, pero no, (desde la perspectiva literaria), como folclore naturalista anterior a la generación del 50 en Chile, ni tampoco como lar Teillieriano, posterior a dicha generación. Se trata de la reafirmación de que no es posible vivir el mundo global sino desde lo propio, desde el territorio físico y cultural como modo de vida, como relaciones, como dolores, como placeres, como deseos, como herencia ontológica y como herencia histórica.No es posible al menos si es que deseamos inconsciente o conscientemente pero de manera profunda, que nuestro ser no nos de la espalda y que terminemos vacíos de sentido.

Por eso es explicable, entre otras cosas, la cualidad de la poesía chilena y que se reproduce infinitamente. Es este territorio y no otro el que produce esta poesía, estos poetas y no a otros con otra voz y con otras palabras. Esto que puede sonar obvio, no lo es, en el sentido de que prácticamente toda la historia política de Chile se fuga y construye su fortaleza central hacia la dirección contraria, pues no es sino un observar lo propio, a Chile, desde afuera, ya sea desde la emigración ilustrada de las burguesías o de las pequeñas burguesías, ya sea desde el exilio, ya sea desde dentro mediante las interpretaciones y puestas en marcha de las ideologías de Europa y/o Estados Unidos. Liberales o Marxistas, o sus continuidades.

Así la literatura y las lecturas que pretendo hacer y que me obliga la historia yla ontología a hacer y que sé, tienen un correlato en las lecturas y reescrituras sobre ella de otros, todos mis coetáneos, no es sino una máquina de palabras que se acopla a la maquina del territorio de lo propio, al territorio cultural descrito y a su herencia poética, como resistencia a una globalización que tiende con cada vez más fuerza a destruir lo natural, lo popular, lo mayoritario, lo local, lo comunitario, lo nacional e histórico y al propio estado-nación.

Prosigue Deleuze y Guattari: "(¿y si, después de todo, se deviniese animal o vegetal gracias a la literatura - que no es lo mismo que literariamente -, acaso no se deviene animal antes que nada por la voz?)".

He aquí una cuestión central, puesto que sólo devenimos a lo natural que es el asentamiento y por continuidad todo el territorio cultural como modo de vida, (somos quiéranlo algunos o no lo quieran otros, Hombres y Mujeres de la Tierra) gracias a este agenciamiento de la máquina poética y literaria chilena a la máquina social identitaria. Al respecto no es azaroso que todos y todas las grandes poetas chilenas, a los que de una u otra manera, tanto los que leen y reescriben como los que escriben y releen buscan, hayan sido los grandes creadores y recreadores de nuestra naturaleza y de lo humano intrínsecamente ligado y generado por ella.

Neruda, un poeta que redescubierto no es sino una voz ecológica, de los bosques, del mar y de los pequeños seres, residente de la tierra, la Mistral que redescubierta es sobretodo el recorrido mineral- geológico y del viaje espiritual hijo -madre, llamado Poema de Chile, De Rokha que en sus Comidas y Bebidas de Chile no es sino el rescate y la reformulación del campo tradicional de la marginalidad social chilena, asentado en la animalidad, en profunda comunión con las especies vegetales y lo humano. El listado podría ser infinito, y no pretende ser exhaustivo. Recuerdo y celebro a Raúl Zurita en su Purgatorio y en Canto de los ríos que se aman.

Finalmente, los autores nos interpelan: La literatura es un agenciamiento, nada tiene que ver con la ideología. No hay, nunca ha habido ideología. (...) Escribir no tiene nada que ver con significar, sino con deslindar, cartografiar, incluso futuros parajes.

Puesto que más allá de las visiones racionalistas de cada creador y creadora, y de los lectores como reescribientes, lo que hace focalizadamente la literatura que funciona y especialmente la chilena y desde la cual trato de reconfigurar mi palabra, es justamente cartografiar los parajes recónditos del ahora y sobretodo los del mañana. Los parajes identitarios. No hay sentido en la literatura sino que desde esta convergencia de la máquina propia y la social o abstracta, se deba y pueda reconfigurar la realidad, poietizarla y transformarla desde lo inanimado de las propuestas economicistas, a lo animado, lo humano, lo animal, lo vegetal y mineral, cuya identidad y existencia intrínseca siempre se resistirá como vida, al imperio de lo que pretende uniformarla como mero flujo transnacional de capital financiero o de ideología mesiánica, fascistizante desde la derecha o desde la izquierda. Y que la hace desde esta perspectiva, revolucionaria.


1 jun. 2010

Mi vida, la tuya y la guinda de la torta




Fesal Chain

Creo que no es equivocado en absoluto, partir escribiendo estas líneas con una cita de quien fuera para muchos de mi generación, un referente poético, desde la música popular y el rock:

“Ya no quiero vivir así,
repitiendo las agonías del pasado,
con los hermanos de mi niñez,
es muy duro sobrevivir
aunque el tiempo ya nos ha vuelto desconfiados
tenemos algo para decir:
es la vieja canción de dos por tres,
las cosas ya no son como las ves”.(1)

Porque si de hablar de algo real, que conozco más que suficiente, es de mi propia vida, y tal como dice nuestro Charlie: “yo (...) nací sin poder/ yo (...) luché por la libertad pero nunca la pude tener/ yo (...) viví entre fascistas/ yo (...) voy en el altar/ yo (...)nací con los que estaban bien/ pero a la anoche estaba todo mal”.(2)

Entonces, qué soy, qué somos realmente. En lo que a mi respecta el espejo escupe la respuesta-refleja, la imagen mueca resumida en esa frase que me lanzaran a la cara: “Tú no estás nunca conforme con nada, sigue así, pero no me arrastres en tu amargura”.

Qué soy, qué somos realmente. ¿Acaso soy esas ya incontables páginas escritas, perdí la cuenta, no sé, 1.000, 2.000, 3.000 o más, esos incontables libros virtuales, la palabra enrarecida entre cientos o miles de poemas, crónicas, novelas, ensayos catastróficos o meramente reales, mientras mi cuerpo deambula en una sociedad cerrada, en que la cultura siempre se refiere a iconos esqueléticos, de cabellos ralos y uñas largas, de un pasado que muerde el polvo en tumbas descascaradas bajo la lluvia?

Y mientras escucho una radio llena de melodías pegajosas, empalagosas, no dejo de pensar y releer a Reich, y te digo con sus palabras, escucha Pequeño Hombrecito:

“No puedes comprender que existen hombres y mujeres que son incapaces de suprimirte o explotarte, que son los que realmente desean que seas libre, real y honesto. No te gustan estos hombres y mujeres porque son extraños para tu ser. Son sencillos, (...) para ellos, la verdad es lo que para ti son las tácticas. Miran a través tuyo, no con mofa sino dolidos ante el destino de los humanos; pero te sientes traspasado por su mirada y en peligro. (...) Sólo los aclamas, Pequeño Hombrecito, cuando muchos otros Pequeños Hombrecitos te (lo ) dicen. Tienes miedo de (estos) hombres, de su proximidad a la vida y de su amor por la vida. Este (...) hombre te ama simplemente como a un animal viviente, como a un ser vivo. No quiere verte sufrir como has sufrido durante miles de años. (...) No quiere verte como una bestia de carga, ya que él ama la vida y quisiera verla libre de sufrimiento e ignominia”.(3)

Leía a un ex Presidente: “Cultura no es un aderezo. No es la guinda de la torta. Cultura es lo más profundo del alma de un país. Pocos recordarán quienes eran los gobernantes en la época de Bach o de Mozart, ¿verdad? Si uno mira el Chile del siglo XX, y parecen esos iconos que son Neruda, y la Mistral, Huidobro, a lo mejor, muchos se preguntarán, ¿y quién era el Presidente en esos tiempos”. (4)

Pero yo no me pregunto eso, PARA NADA. Yo me pregunto quienes son los Neruda, las Mistral, los Huidobro, los de Rokha, DE ESTOS TIEMPOS, cuál es el alma de Chile HOY, quienes la corporizan HOY, en tanto, OTROS tratan a la cultura como aquello que se ha ido y como aquello que pueden celebrar sin riesgos. (“Es bien cierto que quieres tener “genios” y estás ansioso por rendirles homenaje. Pero quieres uno (...) bueno, uno con moderación y decoro, sin extravagancias, en resumen, uno (...) decoroso, medido y ajustado, no uno (...) ingobernable, indomable, que rompe con todas tus barreras y limitaciones. Quieres un “genio” limitado, con las alas cortadas y bien vestido, al cual puedas hacer desfilar triunfalmente por las calles de tus ciudades sin avergonzarte”).(5)

Pero dime, ¿acaso no podrá ser, que quien arrastra su amargura y rebeldía real por estas tierras frías, (que tú tanto aclamas como el territorio de las reformas, oportunidades y de los éxitos, o de la fértil provincia para tus promesas de manual rojo), el que sí sabe y se preocupa sistemáticamente en su sencilla, amarga y rabiosa reflexión, de lo que te pasa y por qué sufres como él mismo sufre?

Seguramente me tratarás de soberbio, porque digo: sé que “es muy duro sobrevivir” y sé que “las cosas (...) no son como las ves". Entonces indagarás mis limitaciones, me sicologizarás, me investigarás y construirás tus razonamientos, para acallarme y disminuirme, para descalificarme. O en el peor de los casos, que pasa a ser regla muchas veces, destruirme. Pero no importa, lo único que te digo es que, es cierto que nunca estoy conforme con nada y que llevo ya demasiadas e incontables páginas escritas, y que perdí la cuenta, mientras mi cuerpo deambula en una sociedad mediocre, mercantil o embanderada de gritos y consignas, que tú levantas una y otra vez como un errático animal de costumbres, como un buey que no desea verse a sí mismo.

Y que sobretodo sé, que una vez que mi cuerpo esquelético, de cabellos ralos y uñas largas, muerda el polvo en una tumba descascarada bajo la lluvia, cuando no sea peligroso o molesto para nadie, ahí probablemente dirás por boca de loro, que yo sí te amaba, que mis textos fueron parte del espíritu de una época, de la cual no se recuerda a los políticos que la gobernaban. Para eso servimos los escritores y escritoras, los artistas, a la gente como tú, para ser desde el pasado, aderezos del presente, la guinda de la torta de tu ceguera y conformismo o de tu ilusión de cambios de gatopardo. “Los “genios” limitados, con las alas cortadas y bien vestidos, a los cuales puedas hacer desfilar triunfalmente por las calles de tus ciudades sin avergonzarte”. Y probablemente repetirás de tus líderes, que desde mis palabras sólo deseaba ayudarte a tener identidad sobre explotaciones y dominios, ayudarte a no sufrir como has sufrido durante miles de años.

En tanto en este presente de presentes, y puede que no te importe, yo sufro de verdad, al no poder sacarme y sacarte del encierro AHORA, y que me conozcas y me escudriñes en mis palabras y que reflexiones, directamente, sin mediaciones. Así, escribo triste casi siempre, entre estas cuatro paredes no tan blancas, mirando un mar desmoronándose en mis pupilas casi viejas. Y si algo puedo pedirte, es que por favor no me contestes, porque hoy “no deseo oír tu parloteo como has parloteado durante miles de años”. (6)






(1)Charlie García, Canción de dos por tres.
(2)Charlie García, Demoliendo hoteles.
(3)Wilhelm Reich, Escucha Pequeño Hombrecito.
(4)Lagos, de vuelta a la oposición, El Mercurio 30 de Mayo del 2010.
(5)Ibídem 3.
(6)Ibídem 3.