Ando en Alto Cielo

Ando en Alto Cielo

15 feb. 2018

Tropa de chacales

Fesal Chain

Después de esto, el poeta se manifestó
otra vez junto al mar
Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer?
Le respondieron: No.
Cómo que no, les contestó,
¿acaso yo he vuelto
para que me tengan cagado de hambre?
Tropa de chacales.
Vayan a pescar, flojos de mierda,
o sino me voy de nuevo
y los dejo con sus miserias.
Esta era ya la tercera vez que el poeta
se manifestaba
después de haber resucitado
de entre los muertos.


Parece que me quiero resfriar

Fesal Chain

Debe ser que me estoy poniendo viejo
(a propósito como que me quiero resfriar)
pero anoche soñé con Nicanor
él estaba con un chaleco café clarito oiga
y con un sombrero de esos que se usan para pescar
peces en el río,
(la Virgen se está peinando
entre cortina y cortina
los cabellos son de oro
y el peine de plata fina),
y yo le decía pero cómo está parado ahí
Nicanor
si usted está muerto,
debe ser que me estoy poniendo viejo
y parece que me quiero resfriar,
(la Virgen está lavando
y tendiendo en el romero
los pajaritos cantando
y el romero floreciendo).


9 feb. 2018

Space Oddity 2

Fesal Chain

Aunque viva en el país
donde quiebran el alma
de quienes aman a aquel
que viaja al sol
atravesaré la puerta
para flotar de un modo muy peculiar.
Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco
cuatro, tres, dos, uno, despego.
Díganle a mi mujer que la amo,
ella sabe.


Para qué perder el tiempo


Fesal Chain

Para qué perder el tiempo
para qué
veamoslo así, acaso vivirás ochenta
o noventa
o menos años, tendrás hijos, hijas
bellas y feas amantes
o acaso no dejarás prole
ni féminas de distintas cualidades,
para qué entonces
perder los millones de segundos de la vida
para qué perder la vida
digamos en cuestiones accesorias
y no hablemos de las cuentas de luz,
de agua, de gas
de arriendos y compra ventas varias,
sino de ceños fruncidos
de molestas verdades
de televisoras mentiras
de radiales preguntas llorosas.
Para qué perder el tiempo
a velocidad de rayo trastornado
ven, ven conmigo, ven
mira el trumaq
este polvo suelto de tierra colorada
que nos tiñe las legañas.


No tengo terreno

Fesal Chain

No tengo terreno ni cabaña
ni mediagua en el litoral
visité durante años
una pequeña casa que era de una amiga
la que me invitaba de cuando en cuando
a cambio de eternas caminatas por las rocas,
ahí miraba el mar tempetuoso
sus olas gaseosas elevándose al cielo de Chile
pero no era mi casa
de hecho el único perro que daba vueltas
por el lugar
me mostraba los dientes diciéndome:
esta no es tu casa
ni tu terreno
así que lo único que te queda
son esos ojos
sobre el mar que vamos a ver
si es tan tuyo como crees,
pero humildemente se los digo
cuando muera y no antes
quiero ser enterrado en la costa chilena
como el pequeños dios
como la vaca sagrada
como el de la montaña rusa.


Me deprimí

Fesal Chain

Me deprimí
pensé que era el cansancio
del logro
o el tramadol
pero no, me deprimí,
demasiada muerte a mi alrededor
mi vecino el del café
mi vecino el momio que aprendí a querer
a fuerza de conversar,
demasiada pelá que anda rondando
entre pinturas y libros además
que sé me dejará solo
sin aquellos con quienes he aprendido de la vida
pues no me bastaba mi propio yo
para entenderla,
y entonces con quién
¿con quién
compartiré mis alegrías
si ya he compartido con largueza mis quejas
y mis derrotas?
Me deprimí y no era el tramadol
fue el viejo Parra quien me dio la última patada
en el culo
para darme cuenta
que se me hace intolerable
la demasiada muerte que me ronda
la demasiada muerte
que me muerde.


Recuerdo



Fesal Chain

Recuerdo
a José Donoso
recostado en el pasto
comiendo una brizna de hierba de verano
dándole la espalda
a la Cordillera de Los Andes
esperando miope
a los compradores de libros
y de vez en cuando fijando su mirada
en los borrosos murallones del Mapocho.


No fui

Fesal Chain

No te fui a leer mi ego
ni me saqué fotos contigo,
el culto a la personalidad
es poética modernista.


Nicanor

Fesal Chain

Yo tenía 15 años, era el año 1981 y era un niño joven muy nerudiano que venía de Temuco. En la casa de mi padre y de mi madre habían tres libros de poesía: las obras completas de Neruda en su primer tomo, uno de Antonio Machado y otro de Nicolás Guillén. Una tarde cualquiera visité a un amigo que vivía a algunas cuadras de mi casa. Encima de su cama desplegado, había un libro enorme de tapas de cuerina, la Obra Gruesa de Parra, primera edición, con fotos de Sergio Larraín. Fui muchas veces con la excusa de conversar con mi amigo, pero en realidad iba a escudriñar lo que me parecía una extraña criatura de palabras. Finalmente le pedí prestado el ejemplar que abracé hasta llegar a mi casa. Lo tuve unos días en mi pieza. Lo investigaba de noche hasta muy tarde, incluso con linterna. Desde esa Obra Gruesa y como un descubrimiento esencial, supe que al fin podía escribir lo que quisiese y como quisiese y no desde unas reglas implícitas que yo suponía existían como una camisa de fuerza. Mi alegría fue desbordante. Entonces comencé con pasión a construir una voz propia, porque era posible, porque había un poeta que lo estaba haciendo y se reía a carcajadas desde su montaña rusa. Han pasado treintaisiete años y no he parado hasta hoy. Eso fue Parra para mi.