Ando en Alto Cielo

Ando en Alto Cielo
La Patria Dibujada. El Niño Rodríguez

29 jul. 2011

La libertad soñada


Fesal Chain

En una vieja casona, en 1978 escuchaba a Ubiergo, en uno de esos discos 45: Cuando Agosto era 21:

"Cuando Agosto era 21
la encontraron boca arriba
con la mirada perdida
y su viejo delantal
y en el bolso de colegio
dibujado un corazón
que decía tú y yo…
que decía tú y yo…",

tan parecida a Quien mató a Carmencita de Víctor, escrita en 1969:

"Su mundo era aquél, aquél del barrio Pila
de calles aplastadas, llenas de griteríos
su casa estrecha y baja, ayudar en la cocina
mientras agonizaba otros se enriquecían.
Los diarios comentaron: causa desconocida..."

Reflejado en sus canciones pareciera que Chile, como en una marina de pintor pobre, realmente no se moviese.

Hoy, me observo reflejado en una tetera de aluminio y a la vez miro Valparaiso por una larga ventana que muestra más cielo que mar. Y recuerdo que mi juventud fue una esperanza, una permanente esperanza. Del infierno cotidiano de la dictadura inclemente, de ese "arrastrar el calor del basural", iba en un futuro cercano "con mi voz de plata a romper los cristales y hacer todo temblar" como en la canción de Los Tres.

Pero la vida no es como decía Víctor, estar meramente volcado hacia afuera para reconstruirse por dentro, no. El ratón que corroe la pared de esta casa de un puerto que muere egocéntrico, también rasgaba permanentemente mi ser. Ese ratón que todos llevamos dentro y que muchos niegan, y que los menos, los cínicos, esconden eficientes, como quien esculpe una máscara de yeso sobre el rostro confundiéndolo.

Mi generación trato de hacer volar el cielo de Chile y a unos cuantos monstruos que aún sagrados se pasean por la polis enclenque. Nada de aquello sucedió, volaron nuestras cabezas, nuestra sangre se coaguló en las veredas o en medio de la calle, y como en una marina de pintor pobre, este Chile donde de cuando en vez se remecen los humanos y la tierra, realmente no se movió, ni hubo tempestades cuchillo bajando de las cordilleras de la venganza.

Así ha sido realidad. Puedo decir que no me gusta. Puedo decir lo que quiera, pero la realidad adjetivada, se mantiene oscilante e incólume. A estas alturas dudo profundamente si lo ordinario, lo cotidiano y lo vulgar, es aceptar de modo egoísta que la vida se mantendrá siempre igual o vociferar que se adecue a nuestros deseos. Acaso nuestros sueños como escribió Goya entre alimañas, producirían materiales más horripilantes que la misma realidad que de modo tan tradicional, renegamos día y noche.

Y aquí estoy, reflejándome en la tetera de aluminio, junto a ustedes que esculpen sus máscaras para esconder sus ratones máscandoles las entrañas. Ustedes, que salen a la calle o se esconden en sus casas como yo, y que turbados por el mundo, prefieren no hacerse tantas preguntas, para no sufrir en demasía. Pues ya es suficiente la vida en el mundo de la necesidad, que va ocupando todos los rincones y restando todos los tiempos mientras envejecemos.

Hoy a la par que el cañonazo anuncia las doce del día, la libertad soñada va creciendo en tus entrañas o en las mías, preparando la frustración o la inmovilidad futura, o quizás, la mañana del lobo, que anuncia el odio que arrasará todo, de una vez y para siempre.

21 jul. 2011

Vuelo de Aguila


Fesal Chain

Que les pueda parecer extraño o increíble este relato, me es absolutamente indiferente. Soy una pequeña energía volátil, sin cuerpo, que recorre desde lo alto un puente colgante de madera, tal cual lo haría un águila (de hecho mi apellido en castellano significa águila). El río helado y caudaloso mueve una rueda de molino. Sigo bajando y entre el follaje húmedo y verde musgo, se esconde una casa antigua con ventanales brillantes que siento me espera hace tantos años. Ahora continúo bajando en picada como si fuese a atrapar una huidiza presa o más bien como succionado por una fuerza mayor a mi propia voluntad de fugaz planeamiento. Entro por la única ventana abierta de la casa y observo, (sin dejar de tener toda la visión del puente, del río, del molino y del follaje), una mesa de vidrio ovalada, y sobre ella una tetera roja de loza, de esas que conteniendo agua caliente, a la vez humedecen en un vaso interior, suaves y largas hojas de te, también de color rojo. Entonces, convirtiéndome de súbito en un delgadísimo hilo de gas, penetro a mucha velocidad a la vasija caliente. La mujer sonríe sola o quizás con otra mujer. Se sirve una taza y la lleva a sus labios rojos como la loza. Y así he entrado en ella por su boca que se endulza. Al comparar su rostro, que hoy veo en esta fotografía antigua y casi velada, con el recuerdo de la única vez que fui águila en vuelo rasante, reconozco entonces a mi madre.

9 jul. 2011

Facundo


Fesal Chain

Y yo acá entre cuatro paredes de metal
mirando a los niños correr,
atendiendo a los vecinos
esos que creen que el alimento
sólo es un triste amasijo
de harina, sal y agua;
y yo aquí hermano con radio antigua
pegada al viejo oído izquierdo
que escucha poco,
mientras te acribillaban en Guatemala;
yo acá entre cuatro paredes
con estas ganas de salir corriendo muy lejos
con un poema tuyo enarbolado,
con estas ganas de que mis lágrimas
fuesen compartidas o acaso mi mirada vidriosa,
pensando que siempre fue mentira malparida
de que no fuiste de ninguna parte
o que no tenías porvenir, hermano;
pensando callado en mi kiosco
que tu canto me hace estar tirado en la arena,
o en bicicleta perseguir a Graciela
o como un niño boca arriba
mirando mi breve cielo en el trigal;
pensando tan apenado, que gracias a ti
me puedo mojar los pies en el mar azul
de mi libertad esquiva,
aún cuando está irremediablemente
a kilometros y kilómetros de distancia;
pensando en ti Facundo,
hermano
hermano
que nos hiciste sentir tan hondo,
que la felicidad temblorosa para nosotros,
los que creemos que el pan
es sólo un alimento más,
debe ser y será siempre
nuestro único y humilde
color de identidad.

Ayy Facundo