Ando en Alto Cielo

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foto Fesal Chain

6 jun. 2011

Viaje al interior de la semilla o el Zorro de Arriba y el Zorro de Abajo


Fesal Chain

Bueno este es un título (modificado) de la gran Novela de Alejo Carpentier, "Viaje a la semilla", que muy en síntesis trata de Marcial: (el ) protagonista, (que) viaja en el tiempo desde la muerte hasta la juventud y la infancia en un recorrido que culmina con el retorno al vientre materno. Su vida se narra como el sucederse de diversas etapas, cada una de las cuales, además, transcurre en una habitación distinta de su casa. Uno y otra se animan cuando inician el retorno a la vida, la cual se desenvuelve como una continua metamorfosis. Hombre y casa viven paralelamente su existencia y juntos se disuelven en la materia indiferenciada –tierra y madre, semilla, huevo–, origen y destino común. (1)

La pregunta de mi mujer me dejo pensando hace ya varias semanas: ¿Por qué desde el ahora siempre saltas a tu niñez? Nunca recuerdas entre tu niñez y el ahora. Bien, he aquí mi juventud ya ida:

"Ay Perú te conocí a mis apenas 16 años, viajando solo por tus parajes entre los hermanos y hermanas de la tristeza en islas flotantes; ay mi Perú, estuve en los tiempos del levantamiento de Sendero por todo el sur y en Ayacucho mirando fijamente los ojos de los indias y las indias que escudriñaban la tierra. Allí estuve, entre los pobres de Puno, viejo puerto viejo, o con los actores luminosos del teatro itinerante mascando coca y comiendo choclo con queso, caminando por tus calles, ay Perú, mi Perú, conocí en tus viejas librerías Yawar Fiesta de Arguedas y los quejidos de Vallejo, aprendí a sacarme a corta edad los prejuicios de mi patria y a amarte de noche entre las piedras de Ollantaytambo o a contar de rodillas artesanías en Pisac..." (2)

Entonces rememorando ese viaje, me puse a ver en un documental la vida de José María Arguedas, el escritor, antropólogo y etnólogo considerado como uno de los tres grandes escritores indigenistas del Perú, y ahora que lo pienso, acaso no fue para nada un azar que haya viajado a ese país en mi adolescencia, con un gran amigo, sobrino nieto de Lola Hoffmann, quien fue la terapeuta de Arguedas, y también nieto de Otto Hoffmann, quien junto a su hermano Franz subvencionaron mensualmente a Ciro Alegría el otro gran escritor indigenista peruano, para que escribiera "El Mundo es Ancho y Ajeno" en su exilio en Chile en la década de los 30 (3). Tampoco acaso fue un azar, que junto a Juan Pablo (así se llama mi amigo) termináramos viajando solos, es decir separados del resto, y que lo que más nos halla gustado fue el viaje por la Sierra, especialmente Huamanga, Cuzco y Abancay. El periplo de la niñez y temprana adolescencia de Arguedas.

Como le decía mi hija anoche, acaso debí hacerle caso a mi intuición y quedarme en el Perú. Pues a pesar de que Chile no tiene esa gran y monumental división entre costa y sierra, y digo a pesar, pues nos sería más fácil entonces buscar las razones más sentidas de nuestra escisión esencial, yo siempre me he sentido un zorro de arriba, des/ integrado en ese arcaísmo fundamental y no como me imagino se siente la mayoría, un zorro de abajo (4), es decir que siempre me he sentido parte de aquella región de montañas y abismos y no parte del mar, del litoral y del bullicio modernizante. Y en mi juventud, en las calles de los pueblos de la sierra peruana, junto a Juan Pablo y los espíritu de Alegría y de Arguedas, volví al centro de mi semilla, al niño del Sur, de Neltume que pateaba piedras entre cordilleras negras, lianas, coligües y saltos de agua, volví desde los pueblos de Arguedas al que siempre soy, a pesar nuevamente, de las tristes apariencias.

***
(1) Flora Ovares Ramírez y Margarita Rojas González; "Viaje a la semilla" de Alejo Carpentier.

(2) Ay Perú dos, de Fesal Chain en el blog poesía para alentar coraje

(3) "Allá por el año 1938, residiendo en Chile, escribía mi novela "Los Perros Hambrientos" y estaba por titular uno de los capítulos “El Mundo es Ancho y Ajeno”, cuando se me ocurrió que había una nueva novela allí. En ese momento me azotó una intensa ráfaga de ideas y recuerdos. Si no con todos los detalles y su completa estructura, panorámicamente vi el libro casi tal como está hoy. Cada escritor tiene sus propias exigencias espirituales y una de las mías es encontrar el título adecuado. Es una suerte de punto de referencia o de lugar de encuentro. Los años que siguieron me habían de servir para volver con el pensamiento sobre aquel hito y acumular material en torno. Cuando los amigos me hacían la consabida pregunta de si tenia un nuevo libro listo, yo les respondía: “ Tengo; lo único que me falta es escribirlo”. Les parecía un chiste y no lo era. La ocasión de escribirlo pareció llegar cuando la editorial Farrar & Rinehart de Nueva York convocó, a través de la Unión Panamericana, a un concurso de novelas de autores latinoamericanos. Pero el tiempo pasaba y yo no tenía cuándo empezar. Se sabe corno bregamos los escritores en todas partes y más en nuestros países. Yo lograba ganarme la vida escribiendo artículos para los periódicos, vendiendo tal cuento, componiendo solapas y buscando libros de "dominio público” para los editoriales, corrigiendo pruebas y originales de otros, etcétera. En el etcétera va envuelto un permanente trajín de huidizos logros. Entonces se produjo un hecho desacostumbrado. Un grupo de amigos resolvió darme una subvención mensual a fin de que tuviera todo el tiempo disponible. Ellos fueron los doctores Otto Hoffman, Franz Hoffman, Carlos Van Eyweik, Mario Prado L, Emilio Prado L., Gustavo Molina, Oscar Avendaño, Federico Chávez y el señor Federico Mekis. Yo no conocía a algunos de ellos, pero me habían leído y basta que Federico Chávez, autor de la iniciativa, se la propusiera, para que la aceptaran con noble entusiasmo. Me complace dejar constancia de sus nombres y darles testimonio de mi gratitud. Esa beca del aprecio y la generosidad me permitió escribir. “El Mundo es Ancho y Ajeno”. Ciro Alegría, prólogo a la décima edición "El Mundo es Ancho y Ajeno".

(4) El zorro de arriba y el zorro de abajo; Novela de José María Arguedas que describe la escisión entre la costa moderna (zorro de abajo) y la sierra arcaica (zorro de arriba) en el Perú, que no es sino la escisión del Perú. No está de más decir que es acaso la única novela en la historia de la literatura, al menos latinoamericana, en que el autor en sus páginas va signando su suicidio. Es decir es una Novela donde el propio autor muere.

5 jun. 2011

Ay Perú dos


Fesal Chain

"Ay Perú te conocí a mis apenas 16 años, viajando solo por tus parajes entre los hermanos y hermanas de la tristeza de en islas flotantes; ay mi Perú, estuve en los tiempos del levantamiento de Sendero por todo el sur y en Ayacucho mirando fijamente los ojos de los indias y las indias que escudriñaban la tierra. Allí estuve, entre los pobres de Puno, viejo puerto viejo, o con los actores luminosos del teatro itinerante mascando coca y comiendo choclo con queso, caminando por tus calles, ay Perú, mi Perú, conocí en tus viejas librerías Yawar Fiesta de Arguedas y los quejidos de Vallejo, aprendí a sacarme a corta edad los prejuicios de mi patria y a amarte de noche entre las piedras de Ollantaytambo o a contar de rodillas artesanías en Pisac, ay Perú, no te has jodido, no lo has hecho y que desde hoy, tus días porvenir sean el despertar definitivo de la raza, Perú, mi Perú del alma.

2 jun. 2011

Oscuro


Fesal Chain

Oscuro
oscuro
oscuro
estoy así sin más
oscuro oscuro oscuro
pensé en mi hijo
en la edad de mi hijo
en las manos de mi hijo
en los ojos de mi hijo
en la rabia de mi hijo
en la ternura de mi hijo
en la poesía de mi hijo
en el amor de mi hijo pensé
y sigo así
oscuro
oscuro
oscuro
hasta el pudrimiento.

Harapienta noche destellando hiena


Fesal Chain

Harapienta noche destellando hiena
retraído estómago patrio
dador de opacos y de moscas
vaso pintarrajeado de cloaca
invierno impuro
pústulas de pólvora desmemoriada
minutero buscando
esta carne otra carne aquella carne
retraído estómago patrio
destellando túneles sin puerto.

1 jun. 2011

No haga como los poetastros


"No haga como los poetastros, que están siempre pendientes del último premio y sólo escriben pensando en el próximo concurso. Ni Cervantes, ni Flaubert, ni Goethe ni Martí enviaron sus páginas a ningún concurso. No se apure, no se embulle, no haga literatura concursiva de la inmediatez; cultívese primero, más vale escribir un solo libro que sea recordado, que cincuenta tonterías que caerán en ese tonel de las Danaides que es el olvido. Lo que sobran son poetastros que diariamente desenfundan la terribilia de sus poemas para enseguida leérselos a uno por teléfono"

José Lezama Lima en conversaciones con Manuel Pereira, La Quinta Nave de los Locos, Ediciones UNEAC, La Habana, Cuba, 1988.