Ando en Alto Cielo

Ando en Alto Cielo
El pago de Chile. Artefacto de Nicanor Parra

5 sept. 2011

Sólo decirles. Para Joaquín Arnolds.


x Fesal Chain

“No hay amor más grande que dar la vida por los amigos”
Jn 15, 9-17:


Ha llegado el tiempo de escribir no tan sólo de ideas y de lucha de ideas, sino de hacerlo con esa verdad que se me escabulle frente a ustedes, por pudor, por miedo. Pues escribo tantas veces muy racionalmente y esa racionalidad, y lo se hace mucho, traiciona mi integridad como ser humano, esa integridad compuesta de emoción y de razón, de cuerpo y espíritu. Yo, que deseaba mirar los sucesos como analista y había erguido un muro desde donde pararme para mirar, hoy me veo traspasado, sin quererlo, por la historia.

En un país que más allá de las diferencias reales, tenemos la costumbre de híper polarizar, donde levantamos grandes (y creemos) irrefutables verdades, donde construimos adversarios enconados y nos construyen como tales, la muerte de Joaquín Arnolds, Gerente General de Desafío Levantemos Chile, me remece y me hace sentir una pena enorme.

Lo conocí en circunstancias especiales y especiales es decir poco, muy poco. En momentos dolorosos, mutuamente dolorosos. Por respeto a su intimidad no daré detalles, pero esta vez ni por pudor ni por miedo:

Sólo decirles que en aquellos días, nos juntábamos en una sala con un gran ventanal, desde donde yo sentado podía observar las hojas amarillas de viejos árboles y las castañas cayendo y rodando sobre el pasto.

Sólo decirles que éramos un pequeño grupo de hombres que enfrentábamos nuestras limitaciones y acaso las zonas más oscuras de la existencia, tan alejadas en esos instantes de nuestros genuinos valores, creencias y amores.

Sólo decirles que por aquellos tiempos de la vida, desde la tierra quemada y arrasada por nuestras propias acciones, hacíamos un círculo fraterno para salir adelante, para vernos en nuestro ser verdadero y al diablo al blanco de sus ojos, y abrazados echarle para adelante y no quedarnos detenidos en el pasado.

Y en esos días, no contaban las determinaciones sociales, ni las ideologías, ni las diferencias, porque qué mierda importan cuando nos igualábamos y nos hermanábamos en la férrea voluntad de rehacernos como hombres.

Una tarde me miró y me dijo que no debía vivir con miedo, con ese miedo que nos paraliza y no nos permite hacer lo que queremos. No me gustó su interpelación, pero para ser justo me remeció, pues yo efectivamente estaba lleno de miedo y no lograba salir al mundo como debía. Me llamaba la atención su alegría y su arrojo, su actitud arriesgada, cuestión de la que yo carecía por completo en esos momentos.

No dudo que Joaquín, superó sus limitaciones, como yo y muchos de aquellos de ese círculo fraterno. Todos nosotros desde nuestra particular visión del mundo hemos superado una existencia meramente basada en la cotidiana rutina, en el trabajo, en el dinero o en la supervivencia, aunque algunos seamos más o menos pobres, o más o menos ricos, para en definitiva asentar valores y acciones acordes a ellos. Joaquín se comprometió consigo mismo y su ser profundo y por ende con los demás, desde su propio proyecto valórico y eso es lo que cuenta, más allá de que si yo comparto o no dicho proyecto. Qué importa aquello, si un hombre es capaz de dar la vida por lo que cree y ama, en el servicio de los demás.

Yo hace muchos años que dejé de temer, para construir desde la palabra mis llamaradas y mis razones, mis pasiones y mis amores para regalárselos a ustedes, y tratar de pensar y construir un país nuevo y justo. Sí Joaquín, era cierto. Uno no debe ni puede vivir con miedo. Y a aquellos lindos y queridos hombres que nos juntábamos en esos días complicados, nos dejas como herencia la única misión valedera e ineludible para aquellos que se han levantado una y otra vez desde el basural, emplazar nuestros valores y proyectos para nosotros y los otros, a rajatabla Joaquín, hasta dar la vida si es preciso.