Ando en Alto Cielo

Ando en Alto Cielo
La Patria Dibujada. El Niño Rodríguez

31 dic. 2009

Es cierto, soy poeta


x Fesal Chain

Es cierto, soy poeta,
es decir que soy
un nostálgico de cierto pasado
y de un futuro que no llega,
y me pongo un poco melancólico
en las fechas celebradas
de un tiempo que se escapa,
llevo en mi espíritu
a los poetas de mi amor:
a García Lorca
para celebrar la diferencia,
la sutil triquiñuela
de dedos al piano
y de duendes tras la puerta,
a Miguel Hernández
dibujando soles
y llorando versos a su hijo
entre cebollas y humedades,
a Pezoa Véliz cuando llueve
cuando veo al vagabundo de la esquina
o vuelvo a oler
los hospitales públicos
pintados de aquel sucio verde,
a Gabriela en su terrible
rebeldía e impostura,
a Neruda en su mirada tímida
de niño del sur siempre escondido,
a De Rokha en su reyerta infinita
que esconde al hombre bueno
y pacífico de Chile,
a Armando Rubio Huidobro
y a toda mi generación
que cayó del mismo balcón
en aquella noche del 80,
a Rodrigo Lira, lindo loco lindo
que en su contrapunto existencial
nos mostró siempre
el degradé de los colores de la vida,
a Roque Dalton
quien me interpela día y noche
o guerrilla o palabra,
¿cuál es el camino de mis
amores y rabietas?
a Walt Whitman, a su potencia
democrática y sexual
y su epopeya,
es cierto, soy poeta
que trata de escapar a esta realidad
que me signa la frente
con una cruz de hierro,
pero cuando abro la puerta de mi casa
vuelvo a encontrarme cara a cara
con el niño triste
que pateaba piedras en Liquiñe,
o con el adolescente
que se mordía la lengua
en la oscuridad de la patria malherida,
o con el joven
recién caminando por el mundo
de la mano de los hijos
por las plazas y capillas,
por los juguetes
de mi Fernanda y de mi Elías,
o todo un hombre
encerrado
pero para libertarse,
siguiendo paso a paso
las enseñanzas de un maestro,
que se negaba a sí mismo
en su plena algarabía
de sueños y futuros,
y me veo hoy en el espejo
soy todos y cada uno
de aquellos
que he dejado en el pasado
de los demás y de mí mismo,
de las mujeres que amé y que amo
con sus delicadas miradas,
y manos
como pequeños pájaros
en un cielo de relámpagos,
es cierto, soy poeta,
y como lo he escrito tantas veces
no olvido a mis amigos y amigas invisibles,
que me aman
y me llenan de inmerecidos atributos,
es cierto
soy poeta,
y volveré al padre y a la madre,
a la hermana
que aún no encuentra su cometa,
a los niños de la patria
y a mi casa
de leños y de viento,
es cierto, más que nada,
soy poeta
y cuando ya no esté entre ustedes,
y ni siquiera se recuerde
mi paso por el mundo,
volveré como un fantasma
colmado de palabras,
para acompañarlos
en el día
de su muerte.

29 dic. 2009

Carta de fin de año a mis amigos y amigas invisibles, la respuesta está en el viento

Fesal Chain

Jorge Luis Borges en una de sus entrevistas, habla de los amigos y amigas invisibles, de las personas que leen los textos del poeta, del escritor y a los que uno no ve realmente. Las nuevas tecnologías que no alcanzó a conocer Borges y que si hubiese tenido la oportunidad, probablemente tampoco las hubiese ocupado, nos permiten conocer en cierta medida a nuestros lectores, al menos leemos sus comentarios, sus críticas y de súbito, estos mismos se convierten en creadores,en escritores, en poetas. Hay más interacción hoy, que en los tiempos de Borges, que también fueron nuestros tiempos.

Como bien dice Faulkner, uno no escribe para Juan lector o para los críticos, sino como una respuesta a los demonios que nos interpelan día a día. La escritura es una maldición, uno no descansa hasta que plasma en el papel lo que requiere decir, lo que imperiosamente necesita exteriorizar al mundo. Pero a su vez es una bendición. Puesto que uno sabe que lo escrito lo leerá alguien, lo tomará suave o burdamente y lo redireccionara a sus propias experiencias, expectativas, deseos e intereses.

En los diarios y sitios digitales, a uno le piden su foto e incluso sin pedírsela la ocupan así, sin más. A mi personalmente me da pudor. No requiero que conozcan mi rostro sino mi obra, y es imperioso que cada uno de los que leen mis artículos, mis poemas y mi trabajo literario, entiendan que en la medida que la obra se separa del autor, esta misma va generando un personaje que no es el autor mismo y a su vez un hablante que es la totalidad de las voces que se van sumando desde cada escrito, y que este hablante no soy yo .

Así que quien escribe, se va transformando en otro, en aquel que no existe y quien lee también sufre una metanoia, una transformación, y ustedes seguramente los sienten cuando leen, no son ustedes sino la suma de quien ha leído a lo largo de los años, un personaje lector. Han ido a la India, han surcado los cielos de los Himalaya, se han adentrado en los recodos de la Ciudad de los Césares, o han sido asesinos en las calles de Bogotá o Nueva York. Han caminado junto al mismo Borges por los parques de Buenos Aires y han conversado con Cortázar y Virginia Woolf (a propósito, ¿quién le teme verdaderamente a Virginia Woolf?). Han sido protagonistas de revoluciones y descubrimientos, de reflexiones a la orilla de un río que nunca es el mismo, de amores tormentosos y de borrascas a la luz de la luna de un país inacabado. No son ustedes, sino la suma de los personajes que han ido construyendo en sus lecturas de siglos, a través de sus bisabuelos, abuelos, padres, bisabuelas, abuelas y madres.

Entonces nos encontramos, el personaje que ustedes son con el personaje y hablante que yo soy en esta página, ambos somos imaginarios y somos amigos.Hemos comenzado a amarnos y a necesitarnos también. Cada día que escribo pienso en ustedes, no lo hago en función de ustedes, pero se que existen y que esperan las palabras. Cada día que leen piensan acaso que este autor, este personaje, este hablante, esta voz, puede estar escribiendo un artículo, un ensayo, un poema y abren las ventanas de la casa para escuchar el sonido del viento y las palabras que este trae.

Soy un poeta, un escritor, un hombre sorprendido por la vida. Nunca pensé que mis palabras serían leídas por tantas personas, nunca lo esperé. Y que a veces estas palabras, acompañaran la soledad de otras vidas, o llevaran alegrías y esperanzas a mujeres y hombres lejanos, de otros países y latitudes.Cuando a los siete años de mi edad, comencé a escribir, pensé que era un ejercicio ególatra de quien desea mostrar sus atributos. Al paso de los años me he dado cuenta que es todo lo contrario y así he tratado de hacerlo y la vida misma y la literatura me lo han exigido. Escribo para que mis propias palabras y las propias lecturas de ustedes, transformen mi cuerpo y mi mente, como lo haría un escultor con la piedra de granito o con el mármol. En mi caso intuyo que soy nada más y nada menos que granito.

Jamás imaginé nada de lo que sucede y me recorre, y sorprendido, gratamente sorprendido, me inclino ante ustedes, maravillosos amigos y amigas invisibles, porque a lo largo de décadas de trabajo persistente, me han hecho el escritor que soy, me han permitido ser y estar en el mundo, me han hecho nacer de nuevo, como en el encuentro entre Nicodemo y Jesús a quien le pregunta: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? (S. Juan 3:4) a lo que el Cristo responde: El viento sopla de donde quiere, y oye su sonido; mas ni sabe de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que ha nacido del Espíritu.(S. Juan 3:5-8). Pues bien, si ustedes no saben ahora, por qué me han renacido, es fácil, abran su ventana, la respuesta, mis amigos y amigas, la respuesta, está en el viento.


27 dic. 2009

Hermanos de mi sangre

"Post tenebras lux".
José Miguel Carrera.


Hermanos míos
hermanas de mi sangre
tiernos humanos
sin resabios,
de la maldad del mundo
y sus rabietas,
han clavado mis manos
en madero
he sufrido
la marginación
y la pobreza,
el ovido por lustros
de mi palabra
que ha tratado
de ser buena.

He sufrido
la burla y el denuesto
de los poderosos
y los ricos,
de las sectas
que trafican influencias
cargos menores
y monedas.

Pero todo ha sido escrito
en mi frente
y en mi espalda
como un vil resumen
de los golpes
ejercidos en vosotros,
y la tela hiriente
sobre mis labios machacados
no ha sido más
que el silenciamiento
de vuestras ideas y cantares,
y son los latigazos de la vida
que sin esoteria
ni esperanzas
construyen en mi cuerpo
tu mañana.

Puesto que ya viene el día
en que el cielo oscurecido de la patria,
como un cataclismo blanco que se abre
hará temblar la mentira y la ignorancia.

Puesto que ya viene ese día
corre y vuela,
en que los señores de la ley y fariseos
en sus púlpitos de lujo y granjerías,
temblarán como los pusilánimes
que han sido,
y los hijos e hijas del dolor
y la miseria
se erguirán como los dueños de su vida.

23 dic. 2009

Cuba de todas mis calles, de todas mis camisas poema

Fesal Chain

Quienes son
los que suman
heroico manantial
y blindado lecho,
en suerte de caminos
de espiral y humo,
cómo corren
las camisas
y los torsos
transpirando calles
marejadas y errantes soles ,
los que ayer
filosos en la carne
de eléctricas guitarras
en fuego y sangre,
los que nos educaron
en los segundos
chispeantes
de la vida,
y para siempre,
si yerras
o caes,
o te critico cual
rechinar de dientes
apretados,
es por el amor
que te debo
y que me tiembla,
por el amor que te muero
y que me entregas,
Cuba mía, mía
de todas mis calles
de todos
mis orgasmos
de todas camisas.





22 dic. 2009

No me sumaré

No me sumo
a la desesperación
ni al desconsuelo,
de quienes lloran
sus prebendas
y sus puestos,
no me sumaré.

No me sumo al miedo
de perder el trabajo
rutinario y burocrático,
donde las únicas palomas
que vuelan son papeles,
timbrados por
el Jefe de Servicio
y bendecidos
por el perfume
del Ministro,
no me sumaré.

No me sumo
a la desesperación
ni al desconsuelo
de aquellos
que perderán
bellos contratos
y fáciles servicios,
y que ya no podrán
viajar almidonados
a las playas del caribe
con la familia feliz
o con amantes y sin hijos,
no me sumaré.

No me sumo
a la desesperación
ni al desconsuelo
de actorcillos
pintores y poetas,
de artistas visuales
gestores culturales
y escultores,
de músicos
titiriteros
y bufones,
que le hacen fiesta
al rey desnudo
recogiendo las migajas
del banquete,
reverenciando
sonrisas burlonas
y billetes,
reflejándose
en el espejo
de los ciegos,
no me sumaré.

No me sumo
a la desesperación
ni al desconsuelo,
ni menos al delirio
de los viejos,
de ver al dictador
resucitado,
de mandíbula trabada
y lentes negros,
y a los
Hawker Hunter
trazando el cielo
de Santiago,
no me sumaré.

No me sumo
a la desesperación
ni al desconsuelo,
ni menos
al chantaje emocional
y lloriqueos,
de los sepultureros
de mis sueños,
no me sumaré.

No me sumo
a la desesperación
de última hora,
de quienes
me han desesperado
veinte años,
los desconsiderados
de la vida y de mi pueblo,
que en su corruptela barata
y sectarismo,
que en su tráfico de influencias
y sus acuerdos
con el momiaje sempiterno,
jamás nos han dado
algún consuelo,
no me sumaré
no me sumaré
que no me sumaré.

9 dic. 2009

A propósito del día de reyes, de Pablo


Quiero que cantes y juegues

para lo que va a pasar,
es algo que hay que buscar
sin esperar a que llegue,
sin magias y sin leyendas
y con lucha y con amor
vendrá la revolución 
sin santos llenos de estrellas...

Pablo Milanés



***

Y en esa casa
de Los Boldos
con rejas
y sin cortinas
bajo la fría tarde
del invierno de la dictadura,
el perro pequeño
jugueteando
con zapatos rotos,
sin café ni carne
sin leña ni frutos,
con El Rebelde
paseando sus páginas
a mimeógrafo,
y el estensil manchado
en tus manos largas
de guitarrista clásica
sin guitarra,
como son hoy
las manos de Fernanda,
en la casa
de Los Boldos
arremetiendo contra
la historia de la infamia
contra el hambre
propio y de los otros,
y tu hermano y hermana
de madrugada
mirando la risa congelada
del padre bajo la diáspora
y el olvido,
nada más que una foto ajada
escondida en el velador
y su risa que no volvió
a la patria,
que se congeló
en la cama
veraniega del exilio,
tu abandono
y el mio,
nuestros sueños
rotos
nuestras rabias
y maldiciones
y las breves alegrías,
en aquella casa
de la madre entre libros
y nerviosa risa,
y el mismo perro
revolcándose en la tierra
y la pieza de atrás
carcomida
por mis manos,
hecha trizas
para calentar las tuyas
en la antigua salamandra,
así era nuestra vida
en la casa antigua
de Los Boldos
en la que escuchábamos
Día de Reyes, de Pablo
guardando
nuestra risa para el mañana,
y secándonos el llanto
en tanto llegaba la libertad.

Carta para mis hijos y los hijos de Graciela

Cuando yo tenía la edad de ustedes, es decir entre los 15 y los 24 años, viví siempre en dictadura. A los 15 era aún más dura que a los 24. A los 15 recién llevábamos 8 años del golpe de estado, las calles de noche eran un desierto, aún no llegaba la crisis económica tan fuerte como después y no había protestas populares. Sólo había una lucha soterrada. Los más valientes, de todos los sectores, se movilizaban callados, clandestinos y eran como les decíamos en mi casa, los patriotas del siglo que vivíamos.

Probablemente lo he escrito antes, pero mi vida y la vida de tantos jóvenes de clase media y populares, era un verdadero infierno. Sabíamos por las escasas redes anti pinochetistas a las que podíamos allegarnos, que cada desaparición era forzada, que cada enfrentamiento era falso, que cada hombre o mujer acusadas de abandonar la casa con el amante, era un detenido y desaparecido, sabíamos algunos que habían casas de tortura, campos de concentración clandestinos, y conocíamos la imagen de los esbirros y sus crueldades.

Eramos minoría, queridos hijos. Eramos acaso una conciencia muy pequeña, como llama de fósforo en la oscuridad de la noche de la tiranía. Y junto a mi hermana y mis padres, a veces temblábamos o llorábamos de impotencia al ver a tanto chileno y chilena negando el horror o lisa y llanamente desconociéndolo como si no existiese. Cuántas veces escuchamos, oh cuántas, que los detenidos desaparecidos eran una mentira, que los grupos que heroicamente daban su vida por la libertad de Chile, eran sólo unos cabezas calientes, cabezas de pistola o terroristas. Cuántas, cuántas veces escuchamos eso, no sólo de los pinochetistas sino también de personas comunes y corrientes.

A los quince años, decidí que me haría un firme opositor, con todas las fuerzas que me diera mi voluntad y la conciencia que había adquirido del horror. En el colegio comenzamos a poner afiches de la matanza, a rayar las paredes cuando nadie nos veía. Es cierto, yo no estaba en un colegio público, pero no era fácil entre el pinochetismo y la desidia, alzar la voz. Fui director de la radio y en un once de septiembre cuando aún no era feriado como después si lo fue, puse a Víctor Jara a todo volumen, luego con mi amigo Felipe dimos públicamente la película Missing y yo mismo escribí un poema contra Perro-chet. Todas esas veces llegó la CNI a nuestro colegio. Estábamos siempre en la mira. Quien fuera mi profesor jefe, Hugo Montes siempre puso el pecho, siempre dio la cara por nosotros aún niños.

Eramos los rebeldes en el antiguo colegio de Machuca, que ya no era de Machuca. Habían echado a nuestros amigos y compañeritos más pobres, por el sólo hecho de serlo. Pero a nosotros no, y tratamos en ese espacio a la vez que privilegiado, peligroso por lo que significó en la historia de Chile y en la Unidad Popular, de seguir siendo la memoria, la conciencia y el grito de la libertad sofocada por mano militar y por los ricos de siempre, que tan cerca se encontraban de nosotros.

Ya luego me fui a estudiar a provincia, de estudio casi nada, lo reconozco. Me dediqué a organizar junto a tantos la resistencia en la Universidad y en los cerros, a dar una pelea más real, más dura, mucho más peligrosa, pero no es la historia de mi vida la que quiero contarles solamente.

Me fui metiendo, como digo siempre, en la medida de mis capacidades y limitaciones, en la lucha contra la dictadura. Conocí a gente maravillosa, mujeres y hombres valientes que nada pedían sino libertad y justicia para todos y un país en que no nos levantáramos en las mañanas y nos encontráramos frente a frente con degollados o quemados, con asesinados en las puertas de las casas, con niñas hechas polvo en bicicleta, con hombres y mujeres vueltas locas por la tortura.

Lo demás que siguió, lo he escrito demasiado. Todo esto lo hicimos por amor, hijos queridos. No queríamos que ustedes y nuestros nietos vivieran la miseria de una tiranía como la que sufrimos tantos años. No queríamos que ustedes al nacer y desarrollarse tuvieran que quedarse callados, ser mudos testigos de la barbarie y no poder expresar libremente sus ideas o sus emociones más sentidas. No queríamos que vivieran los que nosotros vivimos, la destrucción de las familias, de las amistades, el exilio o la muerte de nuestros amigos y amigas. No queríamos más muertes, de ningún tipo, para nadie.

Hoy a casi 20 años del término de la dictadura, puede que gane la derecha en Chile. La misma, la misma derecha que gobernó con Pinochet, sus mismos personeros, sus mismos malditos aliados que callaron tanto tiempo o que fueron cómplices de la violación a los derechos humanos y sociales de todo un pueblo martirizado durante décadas. Los mismos que se llenan la boca con el valor de la vida del que está por nacer, pero que les importó un comino la vida de los que ya estaban más que nacidos. Los mismos que se llenan la boca con la libertad individual, pero que no trepidaron en amordazar al menos a la mitad de Chile, torturar a 20.000 o más chilenos, exiliar a casi un millón, detener y desaparecer a más de 3.000 o ejecutar en falsos enfrentamientos a cientos. Los mismos que negaron el Informe Rettig, que siguen negando sus responsabilidades en crímenes de lesa humanidad como personeros de la dictadura, los mismos que ningunean el asesinato de Frei Montalva, y que siguen hablando en sus casas y en la privacidad, de Allende o de Víctor o de Miguel, como hombre deleznables, los mismos que son capaces de hacer todo lo imaginable y lo inimaginable para preservar sus intereses y riquezas.

Yo los conocí muy bien, a esa clase alta de derecha, puesto que no provengo del mundo popular, sino de una clase media que tuvo acceso a educación y redes que muchos no han tenido. Los vi en sus casas, los escuché, los sentí en mi más profunda sensibilidad de niño y joven, como odiaban a todo lo que oliera a pueblo y a izquierda, como eran capaces de reírse de la empleada doméstica por pololear con el carabinero, de hablar de los "rotos" y de las "chulas", como vivían como reyes mientras las personas que trabajaban para ellos eran mal pagadas y mal vistas, acaso como negros, como hombrecillos y mujercillas inferiores, que sólo servían para el trabajo manual.

En mi casa y en la casa de muchos genuinamente de izquierda y humanistas, aborrecíamos siempre ese imperdonable clasismo, acaso porque sabíamos que nosotros más allá de las oportunidades y logros de nuestros padres, proveníamos de una clase media laica, austera y del mundo popular de los inmigrantes. Y para que estamos con cosas, ni yo, ni mi hermana, ni mis padres, debemos llevar las oportunidades y relativos progresos al menos los educativos, como cruces, cuando demostramos en los hechos hermanarnos con los perseguidos, entender a los luchadores y ayudar en la medida de nuestra realidad, a quien golpeó la puerta de nuestra casa en desesperada huida.

Pero también quiero contarles que conocí a pocos, pero los conocí, hombres y mujeres de la clase alta chilena, que fueron duros y consecuentes luchadores contra la dictadura, que sufrieron el horror de las torturas, la persecución y la marginación y quiebre de sus propias familias, por estar juntos a los sedientos y hambrientos de justicia. A pesar de que yo he optado en mi vida por la literatura y socialmente por los oprimidos, aprendí de esas personas y de una familia en particular proveniente de la oligarquía, gran parte de lo que puedo defender hoy, el amor a la verdad y mi vocación de justicia social y hermanaje, si así se puede decir, con los perseguidos y humillados de la tierra, de los cuales, queridos hijos, orgullosamente me siento parte. Ahí, con esa familia y con la mía, aprendí que vale mil veces ir siempre al pueblo y confundirse en él, en la práctica, que andar esgrimiendo presuntos o reales orígenes populares y traicionarlos.

Hijos míos, esta carta realmente es para ustedes. La escribo con la pena y con el desaliento de saber que probablemente, ni siquiera pasada dos décadas, la infamia y la inhumanidad volverán al palacio de gobierno donde murió nuestro Presidente Mártir, si así sucede, yo ese día a pesar de la racionalidad política, de mis análisis y de mis arengas, lloraré por mi patria. Lloraré como lloré en el pasado cuando impotente, me sentía en los comienzo de la dictadura, parte de una ínfima minoría que sabía del horror y de la lucha y que quería algo más que la conciencia como arma.

Esta carta no esconde una especie de chantaje emocional, que llame a votar de cierta manera u otra, no es el punto. Es sólo una carta para ustedes jóvenes de hoy, quizás suene a derrota, pero no lo es, es más bien una confesión de la vida y de la pena, es también una reflexión sobre nuestro pueblo, casi tan olvidadizo, como aquellos que perdían la memoria en el mismo instante de que los crímenes se cometían o que pensaban en su diario vivir, que sólo el trabajo y la familia era la realidad y todo aquello que no veían, era tan sólo un fantasma o un invención de los comunistas.

Es también, esta carta, de cierta manera una contextualización histórica. Que gane la derecha en Chile, es para mi generación y para todos quienes sufrimos bajo la dictadura, lo mismo que para el pueblo Alemán hubiese sido que los Nazis, sus personeros y esbirros llegaran en plena década de los 60, al gobierno nuevamente.

Como dijo Pablo Milanés en su canción, Si morimos:

Ustedes lo sabrán, mis hijos, lo sabrán
por qué dejamos la canción sin cantar,
el libro sin leer, el trabajo sin hacer
para descansar debajo de la tierra.

No se aflijan más, mis hijos, no más
por la mentira que nos mata,
porque una lágrima inocente y un dolor
llevando alta la frente gritarán.

Ustedes sonreirán, mis hijos, sonreirán
y sobre el verde de la tumba,
cuando triunfemos, el mundo será alegre
y se amarán los hombres en hermandad y paz.

Trabajen y construyan, mis hijos,
y construyan un monumento a la felicidad,
a los valores de la humanidad,
a la fe mantenida hasta el fin,
por ustedes,
para ustedes.


2 dic. 2009

''La Izquierda Imaginaria'' paráfrasis del Hombre imaginario de Parra

La izquierda imaginaria
enarbola sus rojas banderas
imaginarias
por las sombras de las calles
de una patria que no llega.

La izquierda imaginaria
delira mundos nuevos
complejos lenguajes
y símbolos de invierno
también imaginarios.

La izquierda imaginaria
organiza marchas y mitines
junto a grandes masas
imaginarias
que la catapultan al dominio.

La izquierda imaginaria
delira grandes sueños
y altisonantes frases
gritadas en balcones
también imaginarios.

La izquierda imaginaria
imagina
imaginarios
adjetiva realidades
que no son imaginarias.

La izquierda imaginaria
sabe que le basta
enarbolar y adjetivar
vociferar y delirar
en lejanos balcones inventados.

Para así no tener
que organizar a los hombres
y mujeres de la patria,
practicar lo que enarbola
y quemarse en la hoguera
de la lucha y la miseria de la vida.

A la izquierda imaginaria le basta
ser el vocinglero
imaginario
de aquello que sabe bien, nunca hará
para tristemente agotarse
en el intento vano
de hacer palpitar
el corazón imaginario
del hombre imaginario
encerrado en la caverna.


Textos para Víctor Jara


Textos para Víctor Jara
Fesal Chain



Octubre del 2006
QUILLÓN Y DE FONDO
MÚSICA INCIDENTAL DE VÍCTOR PARA LA REMOLIENDA

Me levanto en la mañana
De la octava
Abro la ventana
De par en par la ventana
Miro la laguna
Escuchando a Víctor
La música incidental
Para La Remolienda
Los perros juguetean
En la terraza techada,
Cerca del fogón,
Las mujeres bailan y llevan sábanas
Toallas, recogen la ropa húmeda
Los pájaros, chillidos y aleteos
El viento despierta
A las nubes negras de su largo lamento
Yo escucho La Remolienda de Víctor
Me tomo el primer café del día,
Prendo el primer cigarro
De este nuevo día,
Leo la Historia de Chile
De Encina y Castedo,
El tomo de la Independencia
La vida de José Miguel
Escucho nuevamente la música
Los pájaros, chillidos y aleteos
No hace frío
El viento despierta
A las nubes negras de su lamento
Los perros juguetean
En la terraza techada, cerca del fogón
Siento la fuerza
De un Chile secreto y callado
Lo siento en mi piel y en mi alma
Miro hacia los puentes
Hacia los caminos rurales
Las ovejas se amontonan y nos miran
Los árboles nos saludan
Y se levantan de su sueño monumental,
Veo a Víctor caminando con poncho negro
Bailando al trote
Entre cordillera y cordillera
Como un pájaro negro
Con cierta tristeza y desamparo
Y siento la fuerza
De un Chile secreto y callado
Lo siento en mi piel y en mi alma
Y en mi corazón renovado
Una mujer vieja
Me saluda con cariño
Un hombre bueno me abraza
Un joven
Que vuela entre las piedras
Un joven bello se mira
En nuestro espejo,
Y el fogón chisporrotea,
Se enciende fuerte el fuego
Con el color del
Viento y la lluvia de Quillón
Mientras te doy
Un suave y humilde beso
En tu frente herida
Y en tus ojos tristes de niña.



Julio del 2008
VÍCTOR

En el barrio
El viento llena las calles
Formando pequeños remolinos
Que se llevan los papeles viejos
La mujer camina con su hija
De la mano
Y el trabajador pasa en bicicleta.
Acá en el barrio se camina lento
Y cabizbajo
Se camina gris
Y a veces sin sentido
Y el viento hace girar una y otra vez
Las hojas en las veredas de polvo
Remolinos, remolinos
Mientras los perros vagos en jauría
Rompen las bolsas de basura.
Acá en el barrio,
Tú haces falta compañero
Se echa de menos tu fuerza
Y tu voz pausada, campesina
Yo en tanto miro por la ventana
De la casa tibia
Del pan horneándose redondo,
Y siento tu presencia
En el cielo de llovizna
Cubriendo la ciudad amurallada
Y este viento, una y otra vez,
Y otra y otra vez, girando
Remolinos, remolinos
Llevándose lejos los papeles
Y los perros
Y las miradas turbias y el desánimo
El viento, que con su silbido
Me trae tu canción de andamios,
Tu canto proletario
Que sube a las estrellas.


Septiembre del 2008
Carta a Víctor Jara

Querido Víctor:

Siempre te recordamos el 11 de septiembre, tú lo sabes, fue tan violenta tu muerte, llena de tan grandes dolores. Pero, no sé si estarás de acuerdo, Víctor, a mi se me ocurre que deberíamos recordarte además, y sobretodo, el 18 de septiembre. Hoy con mi mujer, te pusimos en el computador, ahora existen los computadores portátiles y en ellos se puede escuchar música, y yo le decía en la cocina, cerquita, muy cerquita del horno donde se estaban haciendo las empanadas, que a mi parecía que tú eras un músico extraordinario, viajaste en tan corto tiempo de las recopilaciones del folklore tradicional al rock, del neo folklore urbano a la música incidental para teatro y también a la música de orquesta. Que no teniai nada que envidiarle a la Violeta.

Y escucharte ahora, este dieciocho en que estamos trabajando, en ese disco precioso, Cantos por Travesura, hace que uno se ría, se divierta, y se alegre, se le alegra el corazón a uno, y en esa cueca al obrero de la construcción, que no se si se conoce tanto, Parando los tijerales, ahí yo me paré no más, me emocioné y salí a la calle, al frente de mi casa, acá en el viejo barrio Mapocho, y me puse a bailar pu Víctor, y coloqué el parlante pa fuera no má, y dale que dale a hacer palmas con la introducción "ahora son tiempos nuevos y andan a nuestro favor, avanza la clase obrera y avanza la construcción" y ahí me convencí, a ti querido Víctor hay que rendirte homenaje todos los 18 de septiembre, cantando esta cueca, la de la contru, así que si me escuchas ahora, dele no más compañero, aquí mismo entre nosotros o en donde se encuentre, "métele fierro viejito de oro, parando los tijerales".


Mayo del 2009
PASEANDO EN UNA TARDE FRÍA, EN EL BARRIO CHILE, CON VÍCTOR


"Voy soñando, voy caminando, voy
en la arena dejo mis huellas, voy
y el mar me las va borrando, voy.
El viento sube a los cerros,
con el viento mis recuerdos,
corriendo al cerro El Aromo
pelota de trapo al cielo,
corriendo vuelvo a la casa,
mi madre siempre cosiendo,
mi padre donde estará."

Víctor Jara, En algún lugar del puerto.

Año de 1980, mi padre cumplía los cuarenta y dos, siete años del golpe, yo catorce años apenas. Cuál sería el regalo, cuál, acostumbrábamos en la familia a regalarnos libros o música, de esos cassettes baratos, recién inaugurados en un Chile que comenzaba a pavonearse en las vidrieras escandalosas de Las Condes.

En pleno barrio alto una casseteria extraña en avenida Apoquindo, fuimos con mi padre, él ya había ido antes, muchísimo antes. Esa tarde conversamos con un hombre muy cálido, un hombre que no pertenecía a esos tiempos de frío y de miradas distantes de la Patria dividida, que tenía infinidad de música en las vidrieras y estanterías. Éramos sus "clientes", sin embargo, con una mirada cómplice al poco rato nos invitó a una pieza más atrás, abrió la puerta y allí sí que había material y tanto, grabaciones de un sello recién salido y otras importadas de países todavía inexistentes para mí.

Me acuerdo de una grabación en especial, "Chile-México Solidaridad", la cara de Allende en la portada, los discursos del Chicho en su gira a México, también de un libro de toda la historia de Los Beatles, en inglés. Y de un pequeño cassette, con la cara de Víctor Jara sonriendo y cantando a la vez, con el fondo de tierra anaranjada.

Me lleve los dos primeros. El libro me lo regaló aquel hombre, no me lo vendió. Lo perdí en la década de los 90, el cassette del Chicho, lo escuche completo, con fonos, con miedo, con un cuidado casi clandestino y había que devolverlo, era peligroso tenerlo en la casa.
El cassette de Víctor quedó allí. Yo volví sólo un par de veces a aquella tienda, la primera para comprar ese cassette que había quedado arrumbado en la pequeña pieza y lo compré, fue el primer regalo que le hice a mi padre con plata ahorrada. La segunda vez fui con un amigo y el local ya no estaba, no había nada, sólo era un espacio vacío. Vacío como me sentí aquella tarde fría, con mis ganas de volver a encontrar a ese hombre.

Yo no sé si era él, pero todo indica que sí: la colección infinita de esa música prohibida, a todas luces traída del extranjero a contramano de aquellos que nos vigilaban día y noche, otra enorme, de música de los 60, 70 y de algunos grupos nuevos de los 80, bajo el sello Alerce. No sé si era ese hombre, que después de adulto comencé a conocer en historias y documentos. Pero creo que todo indica que era él, Ricardo García, que como buen disjockey, me enganchó con los Beatles, lo mejor de la historia de la música moderna y popular, con Allende, lo mejor de la historia de un país que soñaba y marchaba raudo y con Jara, lo mejor de la historia de la música popular chilena de nuestros últimos 40 años.

Ese fue mi primer encuentro con Víctor, de la mano de mi padre y de Ricardo García. El cassette lo llevé a la casa de un amigo como un tesoro muy preciado, para escucharlo primero, a ver si estaba bien grabado. Lo escuchamos entero, varias personas, algunos jóvenes y otros más viejos. Eran sus últimas canciones: Manifiesto; Cuando voy al trabajo: Cuando el turno termina /y la tarde va /estirando su sombras /por el tijeral /y al volver de la obra /discutiendo entre amigos /razonando cuestiones /de este tiempo y destino, o El pimiento: Debes seguir floreciendo/como un incendio. En el lado b, aún existía el lado b, una interpretación, de música instrumental de Víctor, por Cherubito y Dávalos, en guitarra.

Aún recuerdo que por las calles, llevábamos el cassette, en un actitud quizás sobre actuada, escondido en una mochila entremedio de poleras y trapos, en la casa de mi amigo yo le pasé al plástico limpia vidrios para que brillara la portada con la sonrisa de Víctor. Fue en un 12 de octubre de 1980 cuando se lo regalé a mi padre, se lo di con el amor de un hijo que celebraba su cumpleaños y que sin decirlo, reconocía en él a la sufrida generación de Víctor.

A Víctor seguí escuchándolo en la universidad, año 1985, en aquella combativa e incendiaria UCV, la que todos y todas defendíamos como la madre de las Universidades rebeldes, la primera de la Reforma y la primera de la Rebelión. Yo no era yo, era otro y ella que ya no está, me regaló un cassette de Víctor, que aún existe, con su recital en la Universidad Católica de Valparaíso en el año 1971 o 1972. En ese que conversa con los estudiantes, con su voz proleta, campesina y tira tallas. Algo así como "lo que pasa con los pelos largos es que se le enredan cosas, que andan en el aire, o de a poquitito, de a poquitito, vamos llegando" en una directa alusión al proceso de la UP y su defensa de la política del Partido Comunista. O cuando presentó su Plegaria a un Labrador como ganadora del Festival de la UC y se quedó a medio camino de pura humildad y dijo: bueno salió ganadora y ya... Ese cassette estaba todo cortado y arreglado con scotch y en el lado b, todavía habían lados b, la voz de ella, la que ya no está, cantando una canción de Víctor, con su guitarra de siempre, la que llevaba al Campus, cuando andaba con su Tau al pecho.

Seguí escuchando a Víctor en las poblaciones de Santiago, en el glorioso San Miguel por ahí por el 86, en plena etapa de la Asamblea de la Civilidad y cuando los "viejos" de los sindicatos se reunían en la noche, en alguna casa pobre, en el barrio de viento de Ricardo, preparando el gran paro nacional. Cerca, cerquita estaban Las Industrias y Madeco. Ahora el barrio se llama San Joaquín, ya no es el de antes. Ahí escuchaba María, abre tu ventana, Vamos por ancho camino, mientras Ricardo mudaba a su hija y yo lavaba mi ropa, después de varios días de reuniones y de no llegar a la casa.

El 86, el año decisivo me pilló en Avenida Matta, con Víctor de fondo nuevamente: Si tuviera un martillo, golpearía en la mañana, golpearía en la noche, por todo el país, y para ser sincero a pesar de mi voluntad de fierro y de mi aporte en la lucha en los sindicatos, en la calle y en las poblaciones más algunos trabajitos, yo aún un joven de tan sólo 20 años recién cumplidos, andaba entre Tongoy y Los Vilos y le preguntaba al dueño de casa por qué era el año decisivo, por qué esa calcomanía pegada en el baño. Lo supe al otro día cuando en la micro temprano, yendo a la U, escuché en la radio lo del tiranicidio, frustrado pa` más recacha, la Cuesta/creerlo, le puso el pueblo.

En La Florida, Víctor nos acompañó en las marchas del hambre, o en las convivencias en un patio de tierra y asados con leña, con más vino que carne. Ven, ven conmigo ven, vamos por ancho camino, así nos sentíamos, mi generación la que tenía la oportunidad de vengar a nuestros padres, al mío, devastado por la muerte del Presidente, al de mi mujer y sus amigos, sin poder volver a este Chile torrentoso y triste, rumiando con las maletas listas, las empanadas de pino, el chancho en piedra y una cueca porteña.

Pasaron un par de años y cuando cuidaba por las mañanas a mi primera hija, le ponía una canción de Víctor: Gira gira girasol, gira gira como el sol, La Fernanda se reía mucho y miraba el techo con móviles mientras Víctor rondaba la pieza. Luego llegó Elías, al que le gustaban las canciones de protesta: Los estudiantes chilenos y latinoamericanos, se tomaron de las manos mandandirun dirun din. Y ahí, justo en esa parte de la canción, nos tomábamos de la mano la Fernanda y Elías y jugábamos a una ronda triste.

No hace mucho , comencé a escribir un libro sobre Víctor, elegí las canciones que a mi parecer más hablaban de él mismo, de su sinceridad como ser humano, de su soledad, de su tristeza y de los tiempos que le tocó vivir, VÍCTOR /VICTORIA lo había titulado. Eran cerca de 25 poemas. En un accidente informático perdí ese material, quedaron algunos poemas dispersos: el de Quillón que recrea su música incidental para teatro. O aquel titulado Víctor, que habla del Barrio Mapocho, él anduvo cerca, por acá en La Herminda de la Victoria, a partir de esa toma heroica hizo su disco La Población. Me da pena haber perdido ese trabajo, fue casi un año de investigación, incluso había diseñado las portadas con una foto de Víctor salida en un Diario del puerto de Valparaíso. Elegí entre muchas otras: Abre tu ventana, no basta nacer, crecer, amar, para encontrar la felicidad. La luna siempre es muy linda: No creo en nada /sino en el calor de tu mano /con mi mano, por eso quiero gritar: No creo en nada/ sino en el amor/ de los seres humanos. Paloma quiero contarte: Como quitarme del alma/lo que me dejaron negro, / siempre estar vuelto hacia afuera/para cuidarse por dentro.

Y una anécdota, quizás rara, quizás risible, o quizás esperanzadora. En los tiempos en que por mala o buena suerte, vaya uno a saber, vivíamos con mi familia en una Villa Militar en plena Dictadura, y con ese cassette regalado a mi padre en un personal estéreo como se le decía a esos aparatos, iba yo caminando de noche cruzando mi plaza. Me encontré con un vecino, llamémoslo José, hijo de un militar funcionario del régimen, él ahora es militar. Y en un rapto de sinceridad peligrosa, le puse los fonos para que escuchara Manifiesto, José me observó con calma, extrañado, yo nunca había hablado de Víctor ni de mi mirada política, fui siempre en ese barrio, un mudo, pero no un sordo, ni ciego a la barbarie y sus protagonistas, de eso hablaremos más adelante y de los "ilustres" vecinos y sus "humanidades". José no me dijo nada en un principio, sin embargo, se sentó en un pequeño banco de la plaza y murmuró: Ese hombre nunca debió haber muerto, nunca...

Yo ahora tengo cuarenta y dos, y recuerdo en la penumbra de esta pieza no tan distinta a las mismas piezas que he habitado en mi periplo por el barrio largo y angosto llamado Chile, la interpretación de nuestro Víctor de aquella canción escrita por Eduardo Carrasco, "Solo" y con esta canción me acuerdo de él, imaginando sus últimas horas y también nuestras últimas horas como chilenas y chilenos esperanzados y alegres: Con el alba en la mirada /dijiste adiós y te fuiste /y se nublaron mis ojos /sin dejarme ver los tuyos.


Agosto 2009
Notas breves sobre Víctor Jara, el olvido y la memoria.

Vengo llegando del recital del Quilapayún en homenaje a Víctor Jara. La primera parte que correspondía propiamente al homenaje, fue muy triste, muy triste. Me recordó los funerales. Es que al parecer los chilenos y chilenas, quienes lo conocieron y quienes no, pero lo han escuchado ya tantos años, tenemos clavada una espina de metal en el pecho, que no se puede remover, que no se puede sacar. No hemos enterrado a muchos de nuestros muertos, ni a Víctor realmente. Así, de verdad, con misa o acto recordatorio y recorrido al cementerio.

Tengo una anécdota tragicómica al respecto. Para el funeral y homenaje a Allende en la década de los noventa, yo seguí todo el acto con mi cámara fotográfica, de reportero. Me metí en cuanto tumulto y escondrijo, desde las alturas y entre los cuerpos apretados de la muchedumbre esperanzada. Saqué una carga en blanco y negro completa. Me fui al laboratorio y cuando abrí la cámara, no había rollo. Es cierto, fue un garrafal error de aficionado, pero también era un signo.

Escribí años después, un libro entero sobre y desde Víctor, un completo trabajo de investigación biográfico y de su obra poética, para luego a través de sus textos desarrollar mi poesía, un trabajo ínter-textual y una larga paráfrasis. Una tarde, mi computador se echó a perder para siempre, perdí todo el material. No había respaldado el trabajo, otro error enorme, pero también un signo.

Acaso los dos hombres, junto a Miguel Enríquez que desde niño admiré y seguí siempre, fueron Allende y Jara, y a los dos, los perdí dos veces. Continuaron caminando sin pasar a través de mí, cuando más lo quise, cuando lo añoré más. Hoy cuando escuchaba las canciones de Víctor en la voz de sus amigos y al mirar las imágenes, verdaderas gigantografías de su vida, de su amor y sensibilidad profunda, no pude dejar de pensar que estaba en deuda con ellos y conmigo mismo. Pero no una deuda de trabajo, se trata de una deuda mayor.

Escuchando esta noche, una canción escrita por Eduardo Carrasco, apenas supo del asesinato de Víctor, algo me removió, algo me dio sentido. El autor decía que caminamos hacia el olvido. Es cierto, nacemos, nos desarrollamos, declinamos y morimos. Y como simple mortales, después de décadas o siglos, caemos en un olvido irremediable. Quedamos en fotografías o en el recuerdo de algún heredero de nuestros seres queridos.

Pero ellos, estos hombres magníficos de la historia, vencieron al olvido, caminan siempre en dirección contraria a nuestra existencia corriente. Y si bien, les hacemos funerales porque quedaron inconclusos en nosotros mismos y deseamos una y otra vez retenerlos, sobre todo, los llamamos a cada instante, para que continúen habitándonos y llenándonos de memoria, porque nosotros caminamos hacia el olvido.

En mi caso particular que es también el de muchos creadores y hombres y mujeres de la literatura y de todas las artes, pero que es también la interpelación de la energía universal, de la naturaleza y de la especie humana a cada hombre y mujer de este Chile abandonado, vivo la angustia real y compleja de querer caminar hacia Víctor y hacia Allende, de recuperarlos y reencontrarme con ellos, no en el cielo inexistente, sino en la materialidad de sus vivencias, por eso escribo y escribo, para correr rápido hacia ellos, que van a la velocidad del rayo hacia la vida eterna.

Es que ir hacia ellos, es caminar en el sentido contrario al que nos depara el irremediable destino humano, y es cierto, ya no quiero seguir solo y no poder compartir en plenitud mi amor y mi dolor de Chile, quiero reencontrarme en la memoria de todos y cada uno, quiero reencontrarme en la existencia de cualquiera, del vecino y de la mujer que vende especies en la feria del Camino de Loyola, quiero que sepan que existo cuando existen, que existen también cuando yo existo, que sepan que yo los veo más allá de sus mercancías y sonrisas de tienda y que me vean más allá de mi caminata, quiero llenarlos de belleza y que ella o él me abarroten de sus alegrías y penas, como lo hace Víctor siempre con todos nosotros. Pero quiero hacerlo ahora, aquí y que otros y otras lo hagan ahora, aquí, no hay tiempo que perder, para que todos y todas le ganemos al olvido del ser, al abandono irremediable en la soledad del individuo. Que nuestros muertos que viven eternamente y siempre nos sujetan a la vida eterna nos ayuden a construirla al menos un poco en esta tierra.

Cuando aquello pase y caminemos venciendo el olvido o tratemos al menos de hacerlo, y pasará, yo se los digo, entonces Allende y Víctor, y Miguel y todos nuestros desaparecidos y desaparecidas, serán carne y espíritu viviente entre nosotros el cuerpo de todos, y pasearemos todos, los vivos ya no solos y los supuestamente muertos por las calles, comprando en la feria, caminando entre los pasajes del barrio y cantando en nuestras casas, juntos como antaño.


Junio del 2009
TE RECUERDO, AMANDA

Entré al Ojo, así se le decía en esos tiempos, el año 1986 a la Universidad ARCIS, era una casa pequeña en Avenida Pedro de Valdivia, en los "recreos" todos los estudiantes de las carreras, todos juntos, cabían en el patio que era también pequeño.

Habían hijos e hijas de la gente de izquierda más conocida, ya sea de los que habían vuelto del exilio o de aquellos que habían sido asesinados o hechos desaparecer, que en aquellos tiempos aún no era lo mismo. La divisé de lejos, no era bella, pero a mis 18 años, quizás por lo que evocaba su nombre y el de su padre para tantos, yo la encontré hermosa. No deseo ni puedo caer en infidencias, no la conocí realmente, ni siquiera hablé con ella. A lo más nos vimos un par de veces en esas fiestas un tanto dislocadas y oscuras que armábamos entre gallos y medianoche, entre alcohol y yerba, en esas fiestas que olían a depresión y desasosiego, en el Chile de la dictadura. Creíamos, porque no todo era heroísmo, que esa fiestas o nuestras ropas o nuestros movimientos desganados eran una forma más y cotidiana de sacarle la lengua a la tiranía. También habían amigos y amigas que a pesar de su juventud temprana ya tomaban decisiones y comenzaban por historia familiar especialmente, a formar parte de cuestiones más serias y riesgosas.

Ella, muchas veces caminaba sola. Eso me llamaba la atención, no era realmente una mujer de compañías, algo en ella no cuadraba con todos los que habitaban el Ojo. No sé, probablemente se sentía observada más allá de su propia vida. A veces se le criticaba o se decían cuestiones que no iban al caso, paternales, la cosa es que la observaban y de alguna u otra manera al cuidarla y sobre protegerla desde lejos, la juzgaban, demasiado creía yo.

Mi visión de Amanda era tangencial pero intuitiva, una vez caminé hacia ella para conversar y conocerla, y en realidad, ahí me di cuenta de lo que le pasaba. No me atreví a hablarle, yo sé que su compañeros y amigos sí lo hacían, pero para jóvenes como yo, que de alguna manera se sentían "de prestados" en ese mundo de una izquierda más protagonista y visiblemente víctima, era un paso más difícil. Y eso le pasaba, nunca era ella y cuando era, pertenecía a algo mayor que a sí misma, más que a su íntima biografía. Así lo sentí en ese tiempo y le pido disculpas hoy, si me entrometo más de la cuenta, o me sale un perfil psicológico que no deseo.

Ahora con 40 y tantos a cuestas los mismo de ella, siento que estos recuerdos son un poco absurdos y que acaso esconden solamente mi timidez y lo que de lejos sería, acaso un enamoramiento temprano de una compañera de escuela. Su nombre me alejó pero sobretodo mis juveniles temores.

Tiempo después, leí una entrevista a Amanda realizada por Margarita Serrano, donde ella contaba su historia, sus vivencias como hija de Víctor Jara y como simplemente "la Amanda".Y le decía "Yo siempre he sido la feita. Mi hermana era delgadita, delgadita... y yo siempre gordita, rechonchona, de patitas cortas... (Se ríe y se ridiculiza, semi en broma, semi en serio) Ése ha sido mi sufrimiento..."

Y termina en confidencia, casi en un susurro: "Sí, me arranqué. He podido encapsularme un poquito, hacer el jardín, pintar en el taller, comer lo que el Nego trae del mar, vender unas pinturas cuando tengo suerte... Pero no es una vida placentera, porque a uno se le arruga la cara y se forman callos en las manos. Tengo una huerta que después de años de esfuerzo ahora está produciendo... (Es que) en realidad, lo que yo quería era pintar".

Me gustó la entrevista, de alguna manera confirmaba mis intuiciones adolescentes y me alegré, me alegré mucho por Amanda ahora era verdaderamente ella y también sin saberlo en ese entonces, tomaba lo mejor de su padre, su sencillez creativa y su humilde origen, el de la tierra.


Septiembre del 2010
VÍCTOR 2


El niño que fui
se me parece,
se me aparece,
se me parece
y entonces recuerdo,
pero por sobre todas las cosas
y figuras con sombras o sin sombras
reformulo, reescribo, reelaboro,
trato de subirme a hombros de gigantes
así sin más
en andamios que tambalean
y no alcanzan las estrellas,
trato de alzarme en hombros de gigantes
y por culpa de un temblor oscuro
que no sé si viene desde afuera
o desde adentro
tirito al viento de este puerto,
yo no sueño ni camino
no dejo mis huellas en la arena
ni ningún mar me las va borrando,
ni siquiera tengo
una peineta envuelta en papel
para crear sonidos viejos
o amigos con quien conversar
las cuestiones de este tiempo,
y la respuesta frente a tanto vacío
y desazón
sin espíritu ni fuego
es sencilla,
no es nada más ni nada menos
que la falta de tu cuerpo,
la falta de tu voz que jugueteaba
entre seres y elementos,
es simplemente
porque no estás
porque no estás
porque no estás
querido Víctor.


En cursiva, me remito a Manifiesto; En algún lugar del puerto;
El hombre es un creador: Cuando voy al trabajo y Canto por travesura.


Septiembre del 2010
VÍCTOR 3


No debe ser
ya ese grito insoportable
ni aquella proclama repetida,
no debe ser la marcha fatigada
ni el ojo hinchado de costumbres,
no

debe ser tu cancionero
tus letras, tus poemas
uno a uno,
tus obras de teatro y tus montajes,
tu música entera y soberana
popular atravesando cada calle,
y la incidental sinfónica
derrumbando salones
y lámparas de lágrimas,

debe ser
tu ironía y tu ternura
tu estética girando entre los polos,
tus investigaciones y rescates
y tus interminables recorridos
por viejas latitudes y humedales,
debe ser también
tu rock y tu ecuménica mirada
y la profundidad de tu detalle,

eso sí
eso sí debe ser,
por sobre
la estatua que pretenden
erigirte cada noche,
por sobre el muerto que pretenden
construirte por la tarde,

la profundidad de tu detalle
la profundidad de tu detalle,
la distinción que conformaste
a contrapelo de la cómoda arenga
o del espíritu negro
de un tiempo de chacales,

eso sí
eso sí
debe aprender de tí
tu pueblo,
para amarte.