Ando en Alto Cielo

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29 dic. 2009

Carta de fin de año a mis amigos y amigas invisibles, la respuesta está en el viento

Fesal Chain

Jorge Luis Borges en una de sus entrevistas, habla de los amigos y amigas invisibles, de las personas que leen los textos del poeta, del escritor y a los que uno no ve realmente. Las nuevas tecnologías que no alcanzó a conocer Borges y que si hubiese tenido la oportunidad, probablemente tampoco las hubiese ocupado, nos permiten conocer en cierta medida a nuestros lectores, al menos leemos sus comentarios, sus críticas y de súbito, estos mismos se convierten en creadores,en escritores, en poetas. Hay más interacción hoy, que en los tiempos de Borges, que también fueron nuestros tiempos.

Como bien dice Faulkner, uno no escribe para Juan lector o para los críticos, sino como una respuesta a los demonios que nos interpelan día a día. La escritura es una maldición, uno no descansa hasta que plasma en el papel lo que requiere decir, lo que imperiosamente necesita exteriorizar al mundo. Pero a su vez es una bendición. Puesto que uno sabe que lo escrito lo leerá alguien, lo tomará suave o burdamente y lo redireccionara a sus propias experiencias, expectativas, deseos e intereses.

En los diarios y sitios digitales, a uno le piden su foto e incluso sin pedírsela la ocupan así, sin más. A mi personalmente me da pudor. No requiero que conozcan mi rostro sino mi obra, y es imperioso que cada uno de los que leen mis artículos, mis poemas y mi trabajo literario, entiendan que en la medida que la obra se separa del autor, esta misma va generando un personaje que no es el autor mismo y a su vez un hablante que es la totalidad de las voces que se van sumando desde cada escrito, y que este hablante no soy yo .

Así que quien escribe, se va transformando en otro, en aquel que no existe y quien lee también sufre una metanoia, una transformación, y ustedes seguramente los sienten cuando leen, no son ustedes sino la suma de quien ha leído a lo largo de los años, un personaje lector. Han ido a la India, han surcado los cielos de los Himalaya, se han adentrado en los recodos de la Ciudad de los Césares, o han sido asesinos en las calles de Bogotá o Nueva York. Han caminado junto al mismo Borges por los parques de Buenos Aires y han conversado con Cortázar y Virginia Woolf (a propósito, ¿quién le teme verdaderamente a Virginia Woolf?). Han sido protagonistas de revoluciones y descubrimientos, de reflexiones a la orilla de un río que nunca es el mismo, de amores tormentosos y de borrascas a la luz de la luna de un país inacabado. No son ustedes, sino la suma de los personajes que han ido construyendo en sus lecturas de siglos, a través de sus bisabuelos, abuelos, padres, bisabuelas, abuelas y madres.

Entonces nos encontramos, el personaje que ustedes son con el personaje y hablante que yo soy en esta página, ambos somos imaginarios y somos amigos.Hemos comenzado a amarnos y a necesitarnos también. Cada día que escribo pienso en ustedes, no lo hago en función de ustedes, pero se que existen y que esperan las palabras. Cada día que leen piensan acaso que este autor, este personaje, este hablante, esta voz, puede estar escribiendo un artículo, un ensayo, un poema y abren las ventanas de la casa para escuchar el sonido del viento y las palabras que este trae.

Soy un poeta, un escritor, un hombre sorprendido por la vida. Nunca pensé que mis palabras serían leídas por tantas personas, nunca lo esperé. Y que a veces estas palabras, acompañaran la soledad de otras vidas, o llevaran alegrías y esperanzas a mujeres y hombres lejanos, de otros países y latitudes.Cuando a los siete años de mi edad, comencé a escribir, pensé que era un ejercicio ególatra de quien desea mostrar sus atributos. Al paso de los años me he dado cuenta que es todo lo contrario y así he tratado de hacerlo y la vida misma y la literatura me lo han exigido. Escribo para que mis propias palabras y las propias lecturas de ustedes, transformen mi cuerpo y mi mente, como lo haría un escultor con la piedra de granito o con el mármol. En mi caso intuyo que soy nada más y nada menos que granito.

Jamás imaginé nada de lo que sucede y me recorre, y sorprendido, gratamente sorprendido, me inclino ante ustedes, maravillosos amigos y amigas invisibles, porque a lo largo de décadas de trabajo persistente, me han hecho el escritor que soy, me han permitido ser y estar en el mundo, me han hecho nacer de nuevo, como en el encuentro entre Nicodemo y Jesús a quien le pregunta: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? (S. Juan 3:4) a lo que el Cristo responde: El viento sopla de donde quiere, y oye su sonido; mas ni sabe de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que ha nacido del Espíritu.(S. Juan 3:5-8). Pues bien, si ustedes no saben ahora, por qué me han renacido, es fácil, abran su ventana, la respuesta, mis amigos y amigas, la respuesta, está en el viento.