Ando en Alto Cielo

Ando en Alto Cielo

1 jul. 2010

POEMA DEL SIGLO XXI


Fesal Chain

Es de noche, escucho el primer disco
de Edward Sharpe and the Magnetic Zeros
una banda de 11 músicos que viven en comunidad,
y que recorren como un circo pobre chileno
los Estados Unidos en un bus escolar.
Hoy por la mañana, después de un café-no-es-café
y el mismo cigarro de humo azul,
me fui al ciber café-no-es-café
busqué Becas para escritores
me encontré con una, bordeando Ciudad Juárez,
sí, el mismo pueblo de soplidos de mujeres sin cuerpos
en pleno desierto de Arizona, el Comala del Siglo XXI,
nota al margen: -uno de los capítulos obligados
en la vida de cualquier lector lúcido
aquel de Los Detectives Salvajes
de mi hermano inexistente-,
mientras tanto, la música de la banda es delirio,
oscura como un mar de noche, y no deja de dar cierto temor
o más bien despierta aquel escondido temblor
que a veces llevas dentro,
el miedo del buen paranoico del siglo XXI,
y me duele la ingle, tengo puntadas en el bajo vientre
e imagino como un buen hipocondríaco
que puede ser una infección enorme o cáncer
el cáncer del Escorpión bajo la sombra de Neptuno,
y desde la puerta del Internet vacío
el barrio es extraño, se pasea un pintor triste
y maestros de hoteles para turistas,
los comerciantes y vecinos escudriñan
te observan detenidamente, detenidos
detrás de sus puertas batientes,
mientras los compadritos
y los traficantes pululan, con sus caras de sádicos payasos
alrededor de una plaza sin niños y sin extranjero alguno,
y si hay belleza hoy, es porque en la oscuridad
nuevamente el mar refleja a la luna
mientras los barcos titilan,
con sus lucecitas blancas como esa luna
o viejas fotografías de mis maestros y maestras,
viajan a través del aire,
y creo como un buen neurótico del siglo XXI
que me estoy volviendo loco, que ya no aguantaré
al siglo que se estira como plástico caliente,
o los dolores bajando por mi pierna, ni al bisturí en mi carne
maloliente y sudorosa, mientras curvo la espalda
bajo las manos de la doctora alemana-manos de tijera,
que caminar en las mañanas cerro arriba en busca de recursos
y diálogos fugaces de celular-cajita de música
o escribir sobre una izquierda inexistente
para lectores virtuales
no me dejará jamás vivir tranquilo,
que puede que El Paso sea sólo un sueño vidriado
como que sea la realidad real que brillará
en la bruma de la vida bajo la nueva forma
de mis textos desperdigados-repatriados,
que la serpiente del desierto de Arizona
marcará con su cuerpo cascabel y lengua delgada
mi errante camino en el silencio de la tarde anaranjada
con una voz milenaria susurrando sobre mi cabeza,
que me encontraré con esos músicos de terror
y los escucharé desenchufados, de rodillas en la arena
con la pupila de mi ojo derecho pegada al fuego,
cuando el águila estire su plumaje entre las nubes,
en la penumbra de la paloma,
y que en un azaroso tiempo, sin estaciones ni días
decidido a rodar, me casaré cual gringo viejo
con la próxima mujer muerta
de Ciudad Juárez.