Ando en Alto Cielo

Ando en Alto Cielo

30 oct. 2009

Nostalgias



Fesal Chain

Emil Cioran, nos dice que "...el hombre no está satisfecho de ser hombre. Pero no sabe hacia qué regresar, ni cómo volver a un estado del que ha perdido todo recuerdo claro. La nostalgia que tiene de él constituye el fondo de su ser, y a través de ella comunica con lo más antiguo que subsiste en él".

Acaso será por aquello, que los hombres y mujeres de este siglo y de todo tiempo, realizan actos que a veces colindan con la muerte. La muerte podría ser ese encuentro con la unidad perdida. Vera Schiller también lo afirma en sus textos y charlas, a propósito del suicida, quien busca erradamente la unidad que el esquisma personal y social le ha provocado. O el hombre radical que busca aquella unidad en la lucha a ras de la cárcel, de la tortura o de la inmolación y que cuando sobrevive y triunfa en esa lucha, se da cuenta que ha construido una realidad nueva o no tan nueva, pero no la unidad total que prefiguraba o ensoñaba: "lo más antiguo que subsiste en él".

Hoy, visitando un texto sobre Roque Dalton, me entró una nostalgia de lo no vivido, lo que Jorge Teillier siempre llamó, (iba a decir llama) nostalgia de futuro. Puesto que no lo he palpado sino en sueños: en lecturas que producen sueños y en sueños que producen lecturas. Cuando leía hace una década las conversaciones entre Borges y Sábato, menos me interesaban los contenidos de sus charlas, que eran en sí mismas maravillosas, como los ambientes en que se juntaban y obviamente mucho más allá de una cuestión física, el espacio espiritual que ambos y sus amigos provocaban, generaban, la realidad que hacían nacer en aquella ciudad de Buenos Aires, que en aquella época, estaba muy, pero muy lejos de ser una isla de paz y de intercambio de ideas. Era el infierno en que Rodolfo Walsh, por ejemplo, murió acribillado por las fuerzas de seguridad de la dictadura de Videla.

Ese Rodolfo Walsh, tan desconocido en Chile, y acaso en Argentina, que buscaba en su lucha literaria, política y militar, en el "filo de la navaja", la unidad perdida del ayer y del mañana, mientras Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato acaso también la buscaban, en esas charlas tan propias de un Buenos Aires mítico, que nunca existió, pero que ambos trataban de reconstruir desde la palabra.

Y por favor, no deseo en esta breve reflexión entrar en la discusión, a estas alturas ociosa y triste, tristísima e inservible, de quien buscaba mejor esa unidad o quién era un hombre libertario y quién no lo era, no debo situarme en la barbarie simplona de lo uno o lo otro.

Porque Roque Dalton buscó tanto esa unidad en su periplo latinoamericano, como el poeta vagamundo que fue, comprando en el centro de Santiago o paseando por La Habana junto a Fernández Retarmar y a Heberto Padilla, o charlando como nos cuenta Manlio Argueta "en una mesa del Bar Lutecia, (...) o en el café Izalco, cerca del parquecito San José", como la busco también en la guerrilla donde fue asesinado por sus propios compañeros del Ejército Revolucionario del Pueblo, en una casa del barrio de Santa Anita, en San Salvador, junto con el obrero Armando Arteaga.

No se trata de hacer ni caer en antinomias, probablemente porque la vida no es sino una paradoja un oxímoron, sólo contarles que leyendo un texto sobre Dalton, me entró una nostalgia de algo no vivido, nostalgia de futuro. De aquello que no he palpado sino en sueños: en lecturas que producen sueños y en sueños que producen lecturas.

Quizás, nostalgias de volver a caminar por Buenos Aires y esperar nuevamente a Rodolfo Walsh en una esquina, para ir a aquel café y retomar las discusiones con Borges y con Sábato como contrapunto a sus experiencias y visiones, de volver a ver la sonrisa de Santucho y la calma y parsimonia de Sendic, a los que tanto les gustaba la literatura, de escuchar la voz rara de Dalton, como le dijo la vendedora de coca cola en Santiago al mismo Roque, y de que se rían con grandes carcajadas de mi, por ser un eterno porfiado de la historia, un eterno hiperkinético de la palabra y de los gestos.

No sé, me entró esa nostalgia, de estar con todos ellos conversando, riendo nuevamente, en un viejo y oloroso cafetín de Buenos Aires.

29 oct. 2009

Continuidad de los mares en el tiempo corto de las lagunas...



Fesal Chain

Este cigarro
alienta
mi voracidad,
este calor
de sencillas
seducciones
alienta
mi ensueño,
cuando ayer
tenía que llegar
llegar
llegar
llegar
a alguna parte
pero no arribaba
a ninguna,
este cigarro alienta
una o dos
miradas
desde el fondo de una meseta
de una breve meseta
de la casi a ras de suelo
meseta
que mira la planicie
plagada de hombres sin ojos
de orquestas
sinfónicas in crescendo
y algún violín
agudo breve
que
se desintegra
con el viento,
este cigarro alimenta
mi voracidad
y el calor de la calle
se pega
al mono azul
que nada sin agua
dentro de un hombre
que mide el consumo del agua
que estira
los cables de tv cable
de los computadores
sin manos ni teclados
de teléfonos morosos
de viejas
que arrastran
la muerte de su hijo
de hijos
que arrastran al padre
amarrado con cadenas
a sus propios tobillos
de tobillos
que se enredan
en la alta tensión
de zapatos que caminan
sin cuerpo
mientras escucho a Lennon nuevamente
que me dice en un susurro
en un susurro en mis oídos
que lo único que necesito
que lo único que necesito realmente
es dar amor.

28 oct. 2009

Al sur del sur

Trabajo gráfico de Pepito Chicoma


"La felicidad es una pistola caliente
La felicidad es una pistola caliente
cuando (...) siento mi dedo en su gatillo
Sé que nadie puede hacerme daño
Porque la felicidad es una pistola caliente".
Lennon y Mc Cartney


Al sur del sur
al sur del sur
perdigones en el alma
perdigones en el alma
oh si amor,
perdigones en el alma
y el bello niño
que corre por el bosque
y tras él
la maquinaria
la maquinaria
un fusil caliente
un fusil caliente
humareda como polvo
de pimienta por el bosque
sin la princesa en flor
sin el copihue detenido
colgando de la bóveda
de un sueño.

Y al sur del sur,
en tu casa
dueña de todo
caballero dueño de ella
cae el fino delgado
hilo de te
sobre la taza,
cuando la ventana
refleja la mano posada
sobre la tetera
de porcelana
tenue
suave
agua que cae sobre blanca taza.

Y al sur del sur
al sur del sur
perdigones en el alma
el niño que corre
por el bosque
y tras él
un fusil caliente
un fusil caliente
la maquinaria
la maquinaria
un fusil caliente
un fusil caliente
humareda por el bosque
sin el copihue detenido
colgando de la bóveda de un sueño.

Un día en mi vida dentro de partes de un día en la vida de Lennon & McCartney


Ooh
me quedo dormido
al calor de la tarde
junto al horno por la tarde
para el pan de la tarde
para la gente
de esta tarde
ohh...

Lejos tan lejos
escucho la voz de la mujer
`y "Un día en la vida"
y me levanto
y ahí esta el hombre zombie
que viene de la fábrica zombie
de toda una noche
bajo los neumáticos zombie
y el hombre no habla
ya ni siquiera saluda
mientras yo sorbeteo
algo de café de trigo.

A lo lejos escucho
"las noticias, madre mía,
sobre un hombre que alcanzó su meta,
y aunque la noticia era bastante triste,
yo me tuve que reír,
vi la fotografía".

Y después o antes de despertar
ya no lo recuerdo
comiendo pan con aceite y sal
con un rayo que me da
en el pelo
enmarañado de mierda
sobre cualquier almohada
o colchón que se arrastra
por este suelo ameba,
antes o después de comer
el aceite
el pan
la sal
y entonces
después o antes
de despertar con el reloj en la nuca
ya no lo recuerdo,
pasa el joven neo-nazi
por
mi ventana
me saluda
me dice provecho
me sonríe y me sondea
me sondea
y entonces antes o después
de levantar mi cuerpo
no lo recuerdo,

"me desperté, me caí de la cama,
arrastré el peine por mi cabeza,
encontré el camino para bajar las escaleras
y me bebí el te,
y mirando hacia arriba me di cuenta
que llegaba tarde".

Ooh
me quedo dormido
al calor de la tarde
junto al horno por la tarde
para el pan de la tarde
para la gente
de esta tarde
ohh...

Y paso entonces
en motocicleta
como aerografiado
o un holograma
a los ojos de los demás
que han despertado recién,

para vender el pan de la tarde
para la gente de la tarde
bajo el sol de la tarde
carcomiendo
el asfalto de la tarde
para llegar atrasado
a cualquier
hombre
a cualquier mujer
a cualquier lugar
ooh...

Y entonces,
"encontré el abrigo y cogí el sombrero,
llegué al autobús en pocos segundos,
encontré el camino de subida
por las escaleras y me fumé uno,
y alguien habló y entré en un sueño."



Entre comillas: A day in the Life de Lennon & McCartney


19 oct. 2009

De tantas décadas adoloridos

Fesal Chain


De tantas décadas adoloridos y creyendo
en la nueva vida que vendría,
hoy cercados por monedas y discursos
valiente afrenta que nos llama
enorme epopeya que nos resta.

17 oct. 2009

En el patio de la escuela...


Fesal Chain

Perdigones recibieron siete niños mapuches de enseñanza básica mientras se encontraban en el patio de la Escuela de Temucuicui, donde había cerca de treinta niños. (...) Un niño de 13 años resultó con heridas en su espalda y preso en la comisaría de Collipulli, junto a cuatro adultos. (...) Justo en el momento en que Carabineros se retiraba del lugar, una delegación internacional de observadores de derechos humanos compuesta por seis estadounidenses, una colombiana y un chileno, llegó al lugar. Según informaron, encontraron a la machi amarrada en el suelo y dos niños llorando.

Diario La Nación 17 de octubre del 2009.


***

Leo la noticia
de Temucucui
la leo con pesar
y me duele el pecho
el centro del pecho,
me duele la sien derecha
me duele la sien izquierda
y arden mis ojos
compatriotas.

Recuerdo mi niñez
en el Temuco de ayer,
bailando al amoroso
Rolando Alarcón
con mis compañeritos
de la escuela:

"Señores, vengo a cantar
de una fortaleza bella
con torres de pizarrón,
con torres de pizarrón,
muros de tiza y estrella". (1)

Y veo hoy a esos niños
de Temucucui
a esos hermanitos
de Temucuci
sólo bailando el horror
sólo bailando el dolor
de cada perdigón
en sus cuerpos morenos.

Y si nosotros
los niños de ayer
sonreíamos al sol
reíamos a la luna
maravillada
con nuestras manitos
y rondas, cantando felices:

"Mis soldados son pequeños
de ojos negros, verdes, azules.
Pasan la vida cantando,
sueñan con mares y nubes",(2)

hoy los niños de Temucucui
nuestros hermanitos de Temucuci
son perforados por balines,
obligados a una mueca triste
con la hierba ardiendo
en sus manos redondas de tierra.

Porque si nosotros
los niños de ayer
los de la unidad popular
bailábamos refalosa
en el patio de la escuela,
y nuestro pañuelo al viento iba
como florida bandera, (3)

hoy, bajo el cielo
de humaredas de Temucucui
si nuestros niños mapuche
bailan refalosa
en el patio de la escuela
esta democracia
de mierda
los celebra con armas
y bombas
y les amarran
a la maestra...


1, 2 y 3 de "En el patio de la escuela, de Rolando Alarcón".

El sabor de la manzana

Fesal Chain

A esos hombres y mujeres del taller literario de CAPREDENA.


Me invitaron a hablar del oficio de escritor y a leer mi poesía a un taller literario de la Caja de Previsión de la Defensa Nacional, en el paseo Bulnes. Tomé la micro en J.J. Pérez y me dejó en Mapocho con San Martín, me bajé, había un viento tropical. Para ser sincero, iba un poco deprimido, las ventas de pan y colaciones han bajado más que las acciones de la Bolsa de Nueva York en plena crisis subprime y más encima ese día me había quedado sin Internet, cuestión altamente angustiante para un escritor que fundamentalmente publica en páginas web.

Iba cabizbajo, me sentía un vagabundo. Entré al metro en plena plaza Santa Ana, donde siempre recuerdo una tarde de hace décadas, en que disfrazado de joven ejecutivo fui a arrendar una oficina para el partido clandestino en el que militaba, en fin. Tomé el metro pensando qué iba a decir realmente en el taller, llevaba un manojito de poemas propios y dos libros, una conversación entre Vargas Llosa y García Márquez y una antología de Pablo Neruda donde explica su visión de la poesía.

Me bajé en el metro Moneda y caminé al paseo Bulnes. En el mismo lugar donde hace algunos años estaba la Llama de la libertad, había un Carabinero, al que me acerqué a preguntarle donde quedaba CAPREDENA, y antes de hacerlo, él se anticipó preguntándome, en qué puedo servirlo con una sonrisa sincera. Algo ha cambiado en Chile, pensé. Me explicó y llegue al edificio, me pidieron el carnet de identidad y no lo llevaba. El poeta que soy se había develado. Olvidadizo, con mis libros en la mano pero sin carnet. Anotaron mi nombre y subí.

En una pieza larga estaban esos hombres y mujeres, esperándome junto a mi amigo Feller, quien dirige el taller. Les conté, en un ataque de sinceridad como me sentía ese día y que sin embargo estaba feliz, puesto que coincidía milagrosamente, al menos para mí , mi ser interior, mi ser real, el de escritor, con mi ser social, es decir me invitaban como el escritor que realmente soy a hablar de literatura, a leer mi trabajo.

Conversamos en un tono coloquial, sobre el significado de la poesía, que el escritor escribe por necesidad, escribe porque no es demasiado bueno en otras cosas, escribe para que lo quieran más, escribe para los lectores, desde un oficio de utilidad pública y escribe para descubrirse y hacer que los demás descubran su ser interior, su núcleo sagrado, ese que les da la espalda en su vivir cotidiano y que acaso es el ser verdadero de cada uno.

Leí mi poesía y en otro ataque de sinceridad, les conté que probablemente la única pelea seria con mi mujer fue cuando me interrumpió muchas veces mi escritura. Que entre otras cosas es como que a uno le interrumpan el hilo conductor de las ideas y su intimidad. Un hombre contó que había quebrado su guitarra, cuando su mujer lo había interpelado a propósito de su oficio, que ya no tocaba la guitarra que ahora tenía la palabra. Yo le conté que mientras no me decidía, a lo largo de los años, a aceptar mi ser escritor, boté muchos poemas y novelas.

Es cierto, no sólo no soy un vagabundo, aunque a veces me sienta así, porque no podemos pagar el teléfono o porque somos pobres con Graciela, tampoco me siento fracasado, todo lo contrario, pago el precio de mi libertad y de mi vocación profunda, como otros pagan el precio de su esclavitud relativa, transando ciertas convicciones a cambio de un bienestar necesario, o mejor dicho, de centrarse solamente en cubrir sus necesidades que a lo mejor yo no cubro de manera tan eficiente.

El mismo hombre me dijo, pero tu no vives de tu poesía, en el sentido de que con ella no compro mercancías y es cierto, pero le contesté con absoluta sinceridad, acaso mi tercer ataque de élla, que yo podía hacer pan, colaciones, trabajar de barman, de administrador de pub o de lo que fuera, porque justamente escribía, sino pudiera escribir o yo mismo me negara este oficio, ningún costo valdría la pena, es decir sí, sí, yo vivo de mi poesía y porque escribo estoy vivo.

Me volvieron a invitar para el próximo jueves, lo bueno de las segundas partes es que uno puede precisar ciertas cosas, recapitular y sobre todo leer lo que uno hace y sentirse hermanado con el resto. En esa tarde junto a dos mujeres y dos hombres, que escuchaban más que atentamente mis reflexiones, volví a sentir alegría, la que había perdido un poco por el tema de las cuentas y las dificultades "naturales" de la vida diaria,volví a sentirme vivo, volví a mirar a mi ser íntimo al blanco de sus ojos.

Cuando salí del edificio a tomarme un café, recordé a Borges en el prólogo a su Obra Poética completa: " El sabor de la manzana (declara Berkeley) está en el contacto de la fruta con el paladar, no en la fruta misma; análogamente (diría yo) la poesía está en el comercio del poema con el lector, no en la serie de símbolos que registran las páginas de un libro".


13 oct. 2009

Textos del Diablo III

Fesal Chain

ha-satan
el yetser harah
de todos los hombres,
el instinto aberrante
del dominio
del odio
de la muerte
nacido de si mismos
me ha visitado,
yo el yo soy
sacaré mi espada
hecha de la madera
del árbol de olivo
de mi abuelo
a orillas del Jordán,
para luchar contra
el pequeño demonio,
que venga el reino de mi padre,
no que ilumine
mi vida con un fósforo
aquel yetser harah
de la vida difunta,
sino el destello
más explosivo
del sol sobre
esa montaña caída,
yo haré la voluntad
del que me ilumina
perdonaré
a los que me han ofendido
y me liberaré
del maldito y vergonzante
dominio
de ha-satan.

Acá el aire está muy enrarecido


Fesal Chain

Acá el aire
está muy enrarecido,
tú al menos
amigo mio
a kilómetros de distancia
puedes respirar otros buenos aires
esto se cae a pedazos,
mi mujer me vio
desde la calle
caminando por la cocina
con pezuñas y cornamentas
realmente me vio
con la mirada oscura
y sobándome
lo que me queda de manos,
yo no le quise contar
que por ese mísero instante
la rabia y el dominio
se habían apoderado
de mi mente en blanco,
por acá amigo mio
todo el mundo
pareciera ver nieve o lluvia
o pétalos de flores
cayendo suavemente
y posándose sobre la tierra fértil,
y no son más
que verdaderos cadáveres
los que caen del cielo
y putrefactan
la tierra seca
y llenan de fetidez
los viejos aires
los vientos cálidos
de octubre
amigo mio...

9 oct. 2009

Encuentros...


1.

Hoy salí a comprar temprano y el Ché, el mismísimo, andaba en bicicleta por los pasajes de mi barrio, giró su cabeza, sonrió como siempre y tomó Mapocho abajo.

2.

Está extraño mi barrio, ayer, dando vueltas en bicicleta, el Ché, hoy voy a comprar mis infaltables cigarros cual el protagonista de Sólo para Fumadores de Julio Ramón Ribeyro, y en la plaza, paf, como una postal sobre mi rostro, Roque Dalton jugando con un perro, así como vamos no es difícil que me encuentre con De Rohka o García Lorca a la vuelta de cualquier esquina...

3.

Y entonces Roque, me mira con su mirada chilena y me dice: Si tu poesía es capaz de tener tantos enemigos que ya no los puedes administrar, entonces alégrate un tantito, no publicarás, pero serás leído...

4.

De seguro nadie me creerá, pero en el almacén de la esquina, después de dejar a Dalton jugando con su perro, frente a la verdulería, cerca, cerquita de la botillería, se me apareció Dalí, y me dijo en susurro, con esta república y sus politiqueros, más nos valdría una monarquía...

8 oct. 2009

Bueno, ya está dicho

Fesal Chain

Bueno, ya está dicho,
me incluyo, me reitero
te reitero
ya está dicho,
que los izquierdosos
tenemos una colección
frenética de muertos
y de fechas recordatorias
es un hecho indesmentible,
y por sobretodo tenemos
una vista relativamente corta
para reconocer a los héroes
cuando están vivos,
cuando nos claman,
nos aúllan,
nos espetan,
nos incrustan
sus actos,
y nos hacen mirarnos
a nosotros mismos
y a nuestras cotidianas vidas
ciegas y anti heroicas.

5 oct. 2009

Sueños...


Fesal Chain

Un hombre al que no conocí ni siquiera de lejos, dijo en una entrevista: "La aristocracia de la clandestinidad es el silencio". Y es cierto.Pero yo todo esto lo soñé, sólo lo soñé...

Era una casa enorme como un gran galpón, sólo dividido por paredes de volcanita, es decir de yeso, recubierto con papel. Estaba vacía. Yo entraba a ella con una mujer abandonada y sin nombre, de mirada siempre triste, de pelo negro corto, melena, como le llamaban en aquel tiempo.

Pasábamos por tres piezas, la primera, tenía un ventanal hecho de pequeños cuadraditos de vidrio, como las casas de los años 60, la segunda era solo un pasillo ancho, y la tercera, otra gran pieza como de cartón. Al mirar hacia arriba, un medio piso, aunque en realidad era el techo de otra pieza más pequeña que cabía al interior de la mayor.

Se entraba por una escalera externa hacia el lugar. Entramos los dos, en el cielo de esa pieza mas pequeña había una tapa, como las típicas tapas de los entretechos antiguos. La abrimos, sacamos de allí una maleta de cuero muy pesada, bajamos por la misma escalera. Caminamos las tres piezas, esta vez en dirección contraria. Salimos de aquella casa enorme, ella hacia mano derecha, yo en sentido contrario. Un sueño común.

La cuestión un poco más sorprendente, es que a esa mujer yo la conocí, pero fue después del aquel sueño, y cuando ya creía que era una mera coincidencia o una fantasía mía, ella me invitó a ver a un familiar suyo muy enfermo, a la misma casa en que habíamos entrado a buscar esa maleta. Exacta.

Pasaron algunos meses y comencé a visitarla por cuestiones estrictamente de trabajo, me empezó a mostrar sus fotos, cuando en un país sin nombre, la jauría andaba por calles y pasajes, por casas y escondrijos buscando a sus presas. Me contó que había conocido muy joven a un hombre ejemplar, vivaz, inteligente y valiente como el que más , luego sin mediar palabras me llevo a la biblioteca de ese hombre ya muerto, comencé a leer sus libros como si estuviera frente a la misma Biblioteca de Alejandría, los leí todos, todos, no dejé ninguno sin hojear y no me falto tiempo para memorizar cada una de las anotaciones al margen de cada libro leído por aquel hombre ya muerto.

Anoche, cuando la ventana de la pieza donde duermo, se abrió, como dijera Violeta Parra, como por encanto, y un viento cálido me arropó violento, comencé sin querer, a repetir las anotaciones al margen de los libros de aquel hombre, pero no como un poseído teologal o místico, sino como quien recita los poemas escolares aprendidos de niño.

La biblioteca ya no existe, ni siquiera el lugar donde se encontraba, ladrillo tras ladrillo fue removido. A aquella mujer no la vi más, probablemente jamás la veré de nuevo.Sólo me quedan en la memoria ciertas frases escritas en lápiz rojo, a veces negro y la alegría íntima de haber sido elegido quizás por el destino, para leerlas, después de que fueron escritas por la mano de un hombre ejemplar, vivaz, inteligente y valiente como el que más.


Miguel, Miguel, Miguel


"Aquel que ofrendó su vida
por la libertad de Chile..."

Carlos Puebla


De tarde en tarde cada 5 de octubre
miro los ojos de la mujer amada
y le repito cada 5 de octubre
las mismas palabras
ella sonríe,
hoy murió Miguel
Miguel
Miguel
y como cada 5 de octubre
pongo a Carlos Puebla:
"Se llama Miguel (...)
esa llama florecida",
y leo el poema de Gonzalo Rojas:
"...que nos dijo adelante
cuando la ráfaga escribió su nombre
en las estrellas,"
y en el viejo espejo
de la tierra gredosa
que ya ha cumplido
35 años
veo esos ojos
de párpados caídos
una boca
de finos labios vigorosos,
una artesa lavando un cuerpo
ensangrentado,
una casa
destruida
por el tiempo,
y vuelvo al rito,
vuelvo a poner la canción
de Puebla:
"...cayó por seguir viviendo
murió para que otros vivan",
y vuelvo al poema
sempiterno:
"...y ya sabes a cuál Miguel me refiero,
a qué Miguel único, la mañana del sábado
cinco de octubre, a qué Miguel tan terrestre
a los treinta de ser y combatir, a qué valiente
tan increíble con la juventud de los héroes".
Entonces, como cada año
de hace 35 años
miro los ojos de la mujer amada
y le repito
las mismas palabras,
hoy murió Miguel
Miguel
Miguel
mientras ella sonríe,
para aliviarnos.


4 oct. 2009

Carta a la Adriana Goñi desde Macondo


Fesal Chain

En algunos diálogos que hemos mantenido por facebook con la Adriana Goñi ella dice: "(...) me ha pasado en tantas ocasiones en que diverges un átomo de lo establecido, petrificado en una memoria a veces utilitaria, que mi volcán vasco-judío se llena de hormonas. Me han segregado por No ser: no ser mapuche, no ser rapanui, no ser proleta, no ser flaca, no ser joven, no ser vieja, no ser virgen...que sólo yo sé en que identidad me ubico. Mi temor es qué pasará con nuestra herencia cuando mi generación vapuleada termine de irse...Me aterra el fantasma de los exiliados republicanos, de los judíos asimilados, de los hombres y mujeres del pueblo que no recuerdan. La instalación del olvido es mi fantasma personal. Y que la muerte de tantos y tantas quizás un día no tenga razón de ser".

Pensé escribir algunas notas, como manera de respuesta a tan profunda y esencial reflexión, pero, luego pensé que aquella daba para una "Carta a la Adriana Goñi" y una carta desde acá, desde Macondo. Probablemente la generación de la Adriana, una intermedia y la mía, es decir tres generaciones políticas y culturales, la de los 60, la de los 70 y la de los 80, sepan la importancia casi desmesurada de Cien Años de Soledad, no solamente como Novela o "bella prosa" sino como el libro capital, y permíteme Adriana cierta lírica, acaso más importante que ese viejo y terriblemente profundo libro judío-alemán, Das Kapital. Y ciertamente la comparación no es azarosa.

Nota aparte, esto de nombrarte "la" Adriana, me parece más correcto que sólo Adriana. Y es simple como una de mis manos o de las tuyas. Has realizado desde la sinceridad una reflexión que va más allá, lo desees o no, de una reafirmación meramente ideológica. No soy de aquellos que no entienden la ideología, desde la distinción genial de Marx. Ideología como develación de lo aparente e ideología como falsa consciencia. Cuando me refiero a que hay un más allá de la ideología, me refiero justamente que existe un mundo de los hombres y de las mujeres que va más, mucho más y más allá de la develación o de la velación racional y mental del mundo de los fenómenos sociales y de las cosas.

Es la poesía como método de comprensión y conocimiento. No lo meramente bello, lo emocionantemente bello o lo que nos mueve a reír a o a llorar. Eso es, desde una poética compleja sólo la manifestación del fenómeno de la poesía. La manifestación en los hombres y mujeres. Pero emocionar para comprender el mundo es su objeto y objetivo final.

Así que Adriana esta Carta, es con ternura, es con cariño, es con tremendo respeto por tu reflexión , que es sin lugar a dudas , la reflexión de esta estirpe de cien años de soledad de la que formamos parte, irremediablemente, en el dolor, en el sufrimiento y en la alegría de una vida dura.

El primer dato, Adriana, es justamente la primera frase del narrador en Cien Años de Soledad: "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo".

El recuerdo... pero muchísimos años después Adriana, muchísimos, tantos que aquella tarde ya era remota, y el recuerdo, frente a la muerte... Aureliano recuerda el hielo, recuerda a quien lo llevó al pueblo, a los gitanos... Melquíades Adriana, Melquíades...Adriana...

Segundo dato: "Fue Aureliano quien concibió la fórmula que había de defenderlos durante varios meses de las evasiones de la memoria. (...) Un día estaba buscando el pequeño yunque que utilizaba para laminar los metales y no recordó su nombre. Su padre se lo dijo: "tas". Aureliano escribió el nombre en un papel que pegó con goma en la base del yunquecito: tas. Así estuvo seguro de no olvidarlo en el futuro. No se le ocurrió que fuera aquella la primera manifestación del olvido, porque el objeto tenía un nombre difícil de recordar. Pero pocos días después descubrió que tenía dificultades para recordar casi todas las cosas del laboratorio. Entonces las marcó con el nombre respectivo, de modo que le bastaba con leer la inscripción para identificarlas. Cuando su padre le comunicó la alarma por haber olvidado hasta los hechos mas impresionantes de su niñez, Aureliano le explicó su método, y José Arcadio Buendía lo puso en práctica en toda la casa y más tarde lo impuso a todo el pueblo. Con un hisopo entintado marcó cada cosa con su nombre: mesa, silla, reloj, puerta, pared, cama, cacerola. Fue al corral y marcó los animales y las plantas: vaca, chivo, puerco, gallina, yuca, malanga, guineo. Poco a poco, estudiando las infinitas posibilidades del olvido, se dio cuenta de que podía llegar un día en que se reconocieran las cosas por sus inscripciones, pero no se recordara su utilidad. Entonces fue más explicito. El letrero que colgó en la cerviz de la vaca era una muestra ejemplar de la forma en que los habitantes de Macondo estaban dispuestos a luchar contra el olvido: Esta es la vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas para que produzca leche y a la leche hay que hervirla para mezclarla con el café y hacer café con leche. Así continuaron viviendo en una realidad escurridiza, momentáneamente capturada por las palabras, pero que había de fugarse sin remedio cuando olvidaron los valores de la letra escrita".

Vivir Adriana, en esta realidad escurridiza siempre día a día, mes a mes, año a año, siglo a siglo, capturada momentáneamente por las palabras. Nuestros padres nos dan las palabras Adriana, el método, pero ¿Acaso ha llegado ese fatídico momento en que la humanidad completa ha olvidado el valor de la letra escrita?

Tercer dato fundamental:
"José Arcadio Segundo no habló mientra no terminó de tomar el café.
-Debían ser como tres mil- murmuró.
-¿Qué?
-Los muertos -aclaró él-. Debían ser todos los que estaban en la estación.
La mujer lo midió con una mirada de lástima. "Aquí no ha habido muertos", dijo. "Desde los tiempos de tu tío, el coronel, no ha pasado nada en Macondo." En tres cocinas donde se detuvo José Arcadio Segundo antes de llegar a la casa le dijeron lo mismo: "No hubo muertos". Pasó por la plazoleta de la estación, y vio las mesas de fritangas amontonadas una encima de otra, y tampoco allí encontró rastro alguno de la masacre.

A Macondo, donde estoy ahora Adriana, fumándome este cigarro y tomándome este café, ha llegado el olvido irremediable, la letra escrita ha perdido todo su valor, mis padres, mis primos mayores me dieron el método y la palabra, pero ya nadie entiende las palabras, ya nadie lee las palabras, ya nadie les da un valor... Melquíades Adriana, Melquíades...

Cuarto dato final, nuestra redención que mata tus miedos y los míos: "Aureliano no había sido más lucido en ningún acto de su vida que cuando olvidó a sus muertos y el dolor de sus muertos y volvió a clavar las puertas y ventanas con las crucetas de Fernanda para no dejarse perturbar por ninguna tentación del mundo, porque entonces sabía que en los pergaminos de Melquíades estaba escrito su destino. Los encontró intactos entre las plantas prehistóricas y los charcos humeantes y los insectos luminosos que habían desterrado del cuarto todo vestigio del paso de los hombres por la tierra, y no tuvo serenidad para sacarlos a la luz, sino que allí mismo, de pie, sin la menor dificultad, como si hubieran estado escritos en castellano, bajo el resplandor deslumbrante del mediodía, empezó a descifrarlos en voz alta. Era la historia de la familia, escrita por Melquíades hasta en sus detalles más triviales, con cien años de anticipación. La había redactado en sánscrito, que era su lengua materna, y había cifrado los versos pares con la clave privada del emperador Augusto, y los impares con claves militares lacedemonias."

No había sido más lucido que cuando olvido a sus muertos...Qué quiere decir esto Adriana, amiga mía, qué quiere decir...Se me ocurre ahora, con el viento tibio de esta tarde triste y alegre, que hay cierta epifanía en el olvido, en ese olvido del pueblo, que tu angustiosamente con y en tus palabras tratas de detener, de frenar. Si han perdido el valor de esas palabras, si han olvidado las imágenes, las figuras, los hechos, los muertos, entran entonces en un espacio lumínico, donde todas las cosas, los hechos, todas las palabras, todos los muertos, se presentan diáfanos y simultáneamente. Adriana, esto es poesía, pero no es mentira. Que el valor de cambio y el de uso, la ley del valor no responderán jamás a este problema de la vida. Pero sí la poesía, si esta monumental Novela, que no es sino nuestra Biblia, nuestra Torah, nuestro Nuevo Testamento, nuestro Corán...

Hay un pergamino, palabras Adriana, pero en sánscrito, son meros signos, especies de jeroglíficos para un pueblo momentáneamente sin memoria racional, Melquíades, Adriana, Melquíades en el útero...Y es la mamá la que entrega la clave, el padre meramente el método y las palabras, la lengua materna entrega la clave Adriana... Al centro esta la clave materna, a su derecha El Emperador, a su izquierda la Fuerza...

Melquíades, sólo debemos encontrar el pergamino, pero solamente lo encontraremos, justamente después de la pérdida del valor de las palabras, después de todo el olvido de nuestra niñez y de nuestros muertos, después del torbellino. Adriana amiga mía, no temas más, no lo hagas, no sufras sobre el dolor de la vida, porque ella requiere esto: pelotón de fusilamiento, recuerdo, pérdida del valor de las palabras, padre método, olvido de la niñez y de los muertos y un pergamino en lengua materna donde está la verdad y la nueva vida.

Y es que ese pergamino, es el ser de las cosas inmutable, su núcleo sagrado, nunca olvidado, más allá de las palabras y de las ideologías como explicación racional, porque el pergamino Adriana, está presente de verdad, y no es magia, es la marca indeleble a sangre y fuego timbrada en nuestra memoria histórica, como inconsciente colectivo, aunque a veces no esté presente en la petit historia, como conciencia personal y social y en un lenguaje que ya no sirve para desentrañarlo.

Los que nos han hecho sufrir en este tiempo y espacio, como aquellos que han hecho sufrir a otros en su tiempo y espacio a nombre de cualquier ideología racional, van perdiendo la memoria y los dominados de siempre, esta estirpe nuestra, condenada a cien años de soledad va expropiando y acumulando la memoria, como un pergamino en sánscrito, escondido en el cuarto de Melquíades, por donde por los siglos de los siglos, no pisará pie humano y en donde crecerán plantas prehistóricas y luminosas y salvajes criaturas. Debemos pasar por la vida con sus sufrimientos y dolores, con sus palabras muertas y olvidos para llegar a la vida verdadera, a la Jerusalén prometida, como novia engalanada.

Siempre tuyo Melquíades, Adriana, Melquíades...


2 oct. 2009

Miguel Enríquez en Sfumato



x Fesal Chain

Lo había descrito en otros artículos, la técnica pictórica del sfumato, inventada por Leonardo da Vinci, "es un efecto vaporoso que se obtiene por la superposición de varias capas de pintura extremadamente delicadas, proporcionando a la composición unos contornos imprecisos, así como un aspecto de vaguedad y lejanía. Se utiliza para dar una impresión de profundidad en los cuadros del renacimiento. Este efecto hace que los tonos se difuminen hasta valores más oscuros como en la Mona Lisa y en el San Juan Bautista". (1)

La figura-imagen de Miguel Enríquez, fundador y líder de la izquierda revolucionaria chilena, a 35 años de su muerte en combate, es a no dudarlo un cuadro de Leonardo. Efectivamente sus contornos se han hecho imprecisos y el paso de las décadas son verdaderas capas de pintura, una sobre otra, que le da a Miguel un aspecto de vaguedad histórica y lejanía. Y a la vez una visualización exacta de la tremenda profundidad de su valor histórico y martirio.

Miguel murió por amor, pero no ese amor tan del Ché y de las actuales interpretaciones pop de su heroísmo. Miguel no es ni será probablemente, motivo de banderas europeizantes o canciones gringas. A lo más ha sido el protagonista de una canción casi desconocida de Silvio Rodriguez cantada en París hace 35 años y de un poema perdido entre las obras completas de Gonzalo Rojas.

Miguel murió, en el momento de su batalla final en calle Santa Fé, por el amor a una mujer, a Carmen Castillo, la Catita. El podría haberse ido, no escapado , sino ido, como lo hizo en los días de los primeros enfrentamientos de 1973, en las distintas calles de Santiago. Puesto que se trataba de vivir, de proseguir, de continuar luchando. Pero el 5 de octubre de 1974, no lo hizo. Estaba en su casa, clandestina o no, era su casa, el perro Pillan aún daba vueltas por los patios y Miguel y Carmen aún persistían desde la lucha armada, en vivir el amor de pareja, como todas las parejas de aquel Chile o del actual. Miguel se enfrentó a la DINA, para salvar a su mujer embarazada. El mayor revolucionario de todos los tiempos de este Chile gris y sin sentido, Scorpio en mano defendió a su amor a como diera lugar.

Esa figura-imagen que rescato, acaso ha sido pervertida por la agitación y la propaganda, para erguirlo como un cerebro implacable, atiborrado de racionalidad y estrategia, una especie, y que me perdone Miguel, de un Jaime Guzmán de izquierdas. La figura-imagen del Miguel real se ha ido esfumando, se ha ido haciendo imperceptible a los ojos de los venideros, tanto de los que convivieron con él, como de aquellos que eramos niños y recordamos su fina estampa ardorosa y juvenil en los estadios, en los foros y en las calles de Chile o en la voz íntima y en los libros y películas hechas por Carmen Castillo.

Miguel era un hombre, que tontera tener que decirlo, era un hombre, de carne y hueso, de emoción y razón, de cerebro y espíritu, un hombre padre, un hombre hijo, un hombre amante, todo un hombre y sobretodo de acción. Acaso eligió una ideología y enarboló un discurso muy coetáneo a la época que le tocó vivir, pero todo aquello no era su ser profundo. El lenguaje y la armazón lógica de su hacer, fueron genuinos, los eligió, pero a la vez eran el ropaje perfecto para esos tiempos. Es que Miguel en otros tiempos hubiera sido el mismo Miguel.Ya prefiguraba su estadía en este mundo, una rebeldía a toda prueba, primero contra las formalidades estúpidas del conservadurismo cultural de la época. Pues como rebelde y lleno de amor, no dudaba justamente en amar a las mujeres con quienes compartió su vida, sin amarres ni ataduras propias de los convencionalismos de esa época.

No dudó en asaltar bancos o vivir como gitano, para hacer posible no sólo el objetivo de la revolución proletaria como algo ha obtener, sino como modo de vida. Puesto que los revolucionarios de verdad viven como piensan y arriesgan su modo de vida cotidiano en el intento, sin buscar falsas comodidades materiales o seguridades espirituales de buen señor.

No dudó Miguel, siendo Médico y el mejor de su generación (ya a los 30 años, poseía una especialidad), en dejar su profesión que le daría inmensos dividendos económicos, por vivir de acuerdo a sus convicciones más íntimas. No dudó en decirle a Salvador Allende que no aceptaría jamás el cargo de Ministro de Salud de la Unidad Popular, puesto que eso significa traicionarse.

Por eso Miguel murió como murió, porque murió como vivió. No entonces sólo por defender una ideología, un discurso, un mero modelo de sociedad. Lo que defendía Miguel ese día y en los años que lo vieron como el más refractario de los líderes de un Chile que ya no existe, fue un camino donde la valentía como acto cognitivo, la verdad, el riesgo, la negación radical de un mundo que criticaba, la pasión y el amor debían ser puestas en marcha en la vida misma, en la lucha cotidiana y jamás ser levantados como discursos para otros o como una estética carente de poiesis, de acción misma.

Por eso Miguel leía antes de morir la cibernética de primer y segundo orden, a Freud y a Reich, e interpretaba y reactualizaba a Lenin, por eso el libro que "obligaba" a leer a Catita era el Anti Duhring y no necesariamente El Capital. Por eso prefería a Carrera que a O`Higgins y leía a Trotsky una y otra vez, para caracterizar la contrarrevolución y organizar la resistencia. Era su ser completo que lo impelía a su radicalidad y no lo externo.

Leyendo a Encina, observo con detención como el historiador rescata de Barros Arana, la definición de Carrera: "Su vida de joven fue agitada y borrascosa. La inacción le era insoportable (...) irresistible era el poder de atracción (...) que su inteligencia, su carácter franco y simpático y hasta la incansable movilidad de su espíritu ejercían sobre las personas que lo trataban de cerca".

Por otra parte el mismo Encina dice de Carrera: "(...) De un algo demoníaco imponderable arrancan esa simpatía y esa gracia con que conquistaba sin combate a las mujeres, el carácter festivo y travieso que unció a su carro a los ligeros de cascos y la llaneza y la generosidad canalizadas en la mofa y escarnio de la prosopopeya estereotipada de la aristocracia". Para terminar diciendo: "Su inteligencia estaba totalmente desprovista de sentido de la realidad política. No le interesaba tampoco".

Por que digámoslo de una vez, en el discurso del Caupolicán, Miguel prefiguraba una realidad política futura, pero no era la realidad de ese presente. Pero que importaba aquello. Puesto que sólo cada 150 años o quizás más, se da en la historia el nacimiento, desarrollo y muerte de estos titanes de la vida como Carrera y Miguel Enríquez. Y siempre cuando aparecen, están desfasados, están adelantados a un tiempo y a la velocidad mediocre del entorno y de las relaciones sociales podridas, corruptas y llenas de eufemismos y normas absurdas, que impiden el desarrollo de las fuerzas sociales, políticas, espirituales y productivas del presente.

Miguel Enríquez, a no dudarlo fue nuestro José Miguel Carrera del siglo XX, y tal como la figura del primer presidente de Chile, se ha ido difuminando en discursos y programas, pero a la vez, con el paso de los años, se ha ido también mostrando en su verdadero ser, en su núcleo sagrado e inmutable. Miguel murió por amor, por amor a la Catita, por amor a sus ideas, por amor al modo de vida que llevó durante prácticamente 15 años sin respiro, por amor a la velocidad del cambio, por amor a los mayoritarios y también a los minoritarios, a esos rebeldes, radicales, genios de una época, adelantados de su tiempo, incomprendido por siempre.

Miguel murió un 5 de octubre con las armas en la mano, arriba de un techo de una casa celeste, de un barrio obrero y en sfumato en nuestras pupilas, lo rescataremos de la estatua y de la ideología seca, de la fácil propaganda pop de una izquierda muerta, que no hace lo que dice, para reconstruirlo como el hombre que era, aquel que dio su vida por emocionada pasión que nacía de su ser, por amor y consecuencia.


(1) Definición en Wikipedia.

1 oct. 2009

Mi país


x Fesal Chain


Cerrame el ventanal
que quema el sol

su lento caracol de sueño,

¿no ves que vengo de un país

que está de olvido, siempre gris,

tras el alcohol?...

La última curda, Catulo Castillo.


***

Mi país
mi país,
revuelve su mirada
y marchita sus pasos
por las calles derruidas
donde renguean los enfermos.

Donde el almacenero
y el vecino soñoliento de la plaza,
son los mismos
hombrecitos de siempre,
que han olvidado
borrar sus nombres
de las lápidas del mañana.

Mi país
mi país,
de niños viejos
que no se han ido nunca,
que no se han levantado nunca,
que sólo habitan y recuerdan
ese barrio
donde crecieron los abuelos.

Mi país
mi país,
de márgenes difusos
hechos de asfalto derretido,
de dura niebla flotando
y fantasmas al acecho.

Donde los muertos
resucitan una vez al año
y visitan las casas
de amigos y enemigos,
rogando y golpeteando
sobre corazones solitarios
que sollozan
y odios que no olvidan
y relinchan.

Mi país
mi país,
larga y estrecha
promesa incumplida,
en el que proletarios y burgueses
bailan rutinarios,
la cansada y triste danza
de la repetición perpetua.

Donde los rebeldes e insatisfechos
se desdoblan místicos
sobre sus propias figuras sin contorno,
y vuelan en un cielo inexistente.

Mi país
mi país,
donde los cines y las ferias
los circos y las tiendas
las conversaciones y los ojos,
parecen túneles sin tiempo
de oscurecidas palabras
apagadas,
bajo el gruñido y las muecas
de mujeres muy viejas
y jóvenes feroces.

Mi país
mi país,
no es el de ayer
ni el de mañana,
no hay bosques cárceles
ni mares fulgurantes
abiertos a la mirada abierta.

Mi país
mi país,
es tan sólo un amanecer
en que nos levantamos
apurados,
la tarde descompuesta
de fugas secretas y tareas
de manos duras y monedas,
una noche cansada
de puertas de fierro
cerrojos y cadenas.

Mi país,
mi país,
mi país,
mi país.