La Sebastiana

La Sebastiana
Familia palestina huyendo de los bombardeos judíos

11/8/2014

Israel no quiere la paz: carta abierta de Brian Eno a favor de Palestina

El músico inglés envía una carta a la opinión pública de EE. UU. cuestionando su ciega adhesión y apoyo a los crímenes de guerra que Israel perpetúa con su despliegue militar y colonial sobre los territorios ocupados en Palestina: un llamado a despertar la empatía o a repensar la complicidad de Occidente en la masacre palestina.

Fuente: DavidByrne.com Editorial Gaza and the Loss of Civilization


Estimados todos:

Siento que rompo una regla no escrita con esta carta, pero no puedo callar más.

Hoy vi una fotografía de un palestino que lloraba, mientras sostenía un contenedor plástico y una bolsa de carne. Era su hijo. Fue triturado (según el hospital) por un ataque de misiles israelíes –aparentemente usando su fantástica nueva arma, las bombas flechette. Probablemente ustedes las conocen: cientos de pequeños dardos de acero montados alrededor de un explosivo que arranca la piel humana. El niño era Mohammed Khalaf al-Nawasra. Tenía cuatro años.

De pronto me encontré pensando que uno de mis hijos podría ser el de esa bolsa, y esa idea logró hacerme enojar más que muchas otras cosas.

Luego leí que Naciones Unidas dijo que Israel podría ser culpable de crímenes de guerra en Gaza, y que querían lanzar una comisión al respecto. Estados Unidos no la apoyaría.

¿Qué está pasando en Estados Unidos? Sé de propia experiencia lo sesgado de sus noticias, y qué poco se escucha el otro lado de esta historia. Pero –¡por amor de Dios!– no es tan difícil enterarse. ¿Por qué Estados Unidos continúa apoyando ciegamente este ejercicio unilateral de limpieza étnica? ¿POR QUÉ? Simplemente no entiendo. Odiaría pensar que es sólo por el poder del AIPAC [American Israel Public Affairs Committee]… pues, en ese caso, entonces tu gobierno es simplemente corrupto. No, no pienso que esa sea la razón… pero no tengo idea de cuál pueda ser.

El Estados Unidos que yo conozco y aprecio es compasivo, de mente abierta, creativo, ecléctico, tolerante y generoso. Ustedes, mis cercanos amigos estadounidenses, simbolizan todo eso para mí. ¿Pero cuál Estados Unidos está apoyando esta horrible guerra colonialista y unilateral? Podemos descifrarlo: sé que ustedes no son las únicas personas como ustedes, ¿entonces cómo fue que todas esas voces no se están escuchando o siendo registradas? ¿Por qué no es tu espíritu en lo que la gente piensa cuando escucha las palabras ‘Estados Unidos’? ¿Qué tan malo es cuando el país que asienta su identidad, más que ninguno otro, en nociones como libertad y democracia, va y pone su dinero exactamente donde su boca no está y apoya una teocracia racista y furiosa?

El año pasado estuve en Israel con Mary. Su hermana trabaja con la UNWRA [Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo] en Jerusalén. Con nosotros iba un palestino, Shadi, esposo de su hermana y guía profesional, y Oren Jacobovitch, un judío israelí, ex-mayor de las IDF [Fuerzas de Defensa Israelíes], que abandonó el servicio bajo una tormenta por negarse a golpear palestinos. Junto a ellos vimos algunas cosas desconcertantes: casas palestinas acorraladas por alambre de púas y láminas para evitar que los colonos lancen mierda y orines y toallas sanitarias usadas a los habitantes; niños palestinos de camino a la escuela siendo golpeados por niños israelíes con bates de baseball ante la risa y el aplauso de sus padres; todo un pueblo expulsado viviendo en cavernas mientras tres familias colonizadoras se mudaban a sus tierras; un asentamiento israelí en la cima de una colina vertiendo sus desechos directamente en los campos de cultivo palestinos en las faldas; El Muro; los puntos de revisión… y toda la interminable humillación diaria. Sigo pensando, ‘¿los estadunidenses realmente apoyan esto? ¿Realmente piensan que está bien? ¿O simplemente no se han enterado?’.

Sobre el proceso de paz: Israel desea el proceso, pero no la paz. Mientras ‘el proceso’ sigue en marcha, los colonizadores continúan tomando tierra y construyendo asentamientos… y finalmente, cuando los palestinos lanzan sus patéticos fuegos artificiales, son golpeados y destrozados con misiles de última tecnología, llenos de uranio, porque Israel “tiene derecho de defenderse a sí mismo” (aunque los palestinos claramente no). Y las milicias colonizadoras siempre están felices de golpear algo o destruir el olivar de alguien mientras el ejército mira hacia otro lado. Por cierto, muchos de ellos no son étnicamente israelíes: son judíos del ‘derecho al regreso’ de Rusia y Ucrania y Moravia y Sudáfrica y Brooklyn que llegaron recientemente a Israel bajo la noción de que tenían un derecho (¡divino!) inviolable a la tierra, y que ‘árabe’ es igual a ‘plaga’ –racismo de la vieja escuela desplegado con la misma fanfarronería arrogante y desvergonzada que los viejos chicos de Louisiana apreciaban tanto. Esa es la cultura que nuestros impuestos están defendiendo. Es como mandarle dinero al [KK]Klan.

Pero más allá de esto, lo que realmente me preocupa es el cuadro general. Nos guste o no, a los ojos de la mayor parte del mundo, Estados Unidos representa a ‘Occidente’. Así que parece que Occidente está apoyando esta guerra, a pesar de nuestros grandes discursos sobre moralidad y democracia. Temo que todos los logros civilizatorios de la Ilustración y la Cultura Occidental sea desacreditados –para regocijo de los locos Mullahs– por esta flagrante hipocresía. La guerra no tiene justificación moral para mí –pero ni siquiera tiene un valor pragmático. No tiene sentido ni en la ‘realpolitik’ kissingueriana; simplemente nos hace quedar mal.

Lamento molestarlos con todo esto. Sé que están ocupados y en diferentes niveles de alergia a la política, pero esto va más allá de la política. Se trata de que estamos despilfarrando el capital civilizatorio que hemos construido por generaciones. Ninguna de las preguntas de esta carta son retóricas: realmente no lo entiendo, y quisiera entender.



Declaración patrimonial.


Fesal Chain

Yo no sería poeta si no tuviera la pasión que tengo, muchos y muchas se confunden, creen que esto o lo otro respecto de mi ser hombre en lanzabilidad, hacen análisis, se ocupan o se pre-ocupan, me buscan, eso es raro para mi, y si me encuentran se cansan también, intuyen una cierta bondad, ven mi fragilidad y se sobreactuan con ella y entonces también ven mi determinación y mi violencia. No saben que leo al mundo porque lo único que se hacer es leer más que escribir y escribo como un modo de leer. En realidad y ontológicamente en realidad (no como metáfora), a mi me importa poco lo que soy o no soy, es decir que no me veo al espejo aunque se crea que si, no me busco, no me interesa encontrarme conmigo mismo y no me interesa no encontrarme conmigo mismo, pues no soy la referencia de mis días ni mis de mis noches, ni nada de ello. No tengo escuela ni enseño a nadie. Creo en el orden para desatar el desorden, en la mujer para no tomarla demasiado en serio ni demasiado en broma, en el niño para decirle lo que le espera, no como una maldición sino como un camino que no se relacionará jamás con lo que espera de sí o de los otros, en el ser humano concreto y no en la humanidad, no soy humanista aunque parezco, soy antihumanista. Creo en la lealtad y en la reciprocidad, pero no como realidades inmutables sino también como imágenes invertidas pues de imágenes quebradas y vueltas a armar es el mundo de los vociferantes o silenciosos que son la mayoría, y no de aquellos que viven como si pasaran. La ideología para mi no tiene un valor mayor que los hombres y mujeres que la piensan , es decir como imágenes también invertidas de sus actos. Vivo, tal como se dio cuenta mi amigo pintor, como un inmigrante. Yo no soy más que una voz que pasó por tu tierra, la voz que no hace la individualidad que tu haces, la amistad o las relaciones que tu haces, la política que tu haces, que no hace la literatura que tu haces de estéticas desesperadas y de oficio y de carrera a ninguna parte, hasta que te conviertes en un viejo o vieja con no se qué esperanzas, la voz que no hace la intelectualidad que tu haces, esa de los sacerdotes que creen que con una palabra mágica se terminarán todas las guerras, todos los dominios y que se atrincheran en los que los pueden escuchar asombrados. Asombrados viene de sombras y ni borrascosas me interesan... Yo no soy de tu época, soy de la época que se fue y de la que vendrá y ni mis libros tendrás porque no pertenezco y eso lo se mejor de lo que tu crees saber de mi mismo. Eso sí, como dijera un hombre a punto de morir "algunas personas son intimidadas,otras se vuelven más desafiantes y determinadas. Yo soy uno de los últimos".





3/8/2014

No somos indiferentes, nos duele Palestina

Con mi querida amiga y gran artista Claudia Tapia








Mi dolor

Fesal Chain

Mi dolor es el mismo de aquella noche eterna
en que vi a mi hijo tan pequeño
con sus breves cinco años y desnudo
entubado en la camilla y apenas respirando.
Mi dolor es el mismo de aquella noche eterna
cuando mi niño, mi niño, mi niño, sangre de mi sangre
no movía sus manitos y saltaba un gorrión en su hundido pecho.
Palestina, Palestina, mi Elías herencia de mi boca y de mis ojos
Palestina, Palestina, hijo mio atropellado
desnudo con espamos y sus breves cinco años.
Palestina, Palestina, en una camilla lleno de tubos
y apenas respirando.




31/7/2014

Ayayay Vera Schiller, amada maestra judía de mis sueños



A todos los judíos y judías antisionistas del mundo


Fesal Chain

Ya es hora de llorar amargamente
pues ni todos los ansiolíticos del mundo
pueden impedir este lamento
aunque recubran con su perfecta ingeniería
el núcleo central de de mis afectos
como me enseñaras tu Vera Schiller
amada maestra judía de mis sueños,
ya es hora de llorar, de aullar, de gritar
de blasfemar al dios del delirio y del castigo
ya es hora de dejar la rutina
y la caminata por el mar de nuestros muertos,
ya es hora Vera amada
de encontrarnos en la sala junto al fuego
y qué me continúes diciendo en el silencio
que no te importaban mis ancestros
que no era más que un niño en busca de cobijo
hijo de la humanidad y de su herencia,
ay querida Vera como añoro tu vida en mi vida vagabunda
cuando reconstruiste mi desarme total y al errabundo
sin domicilio fijo ni descanso, sin lugar y sin guarida,
ayayay Vera Schiler sabia rescatadora de mi infancia
perdida como un trompo en el sur de golpe y carabina
ayayay Vera como te requiero madre abuela
cuanto deseo respirar tus piel añosa
cuanto deseo ver tus ojos azules como el cielo
tocar tus manos rugosas de lunares
y abrazar tu cuerpo enjuto de tibieza,
ayayay Vera Schiller despierta de la muerte
para que grites a los tuyos mi holocausto
para que grites que los muertos
en la Gaza aterrada y sin consuelo
son mis abuelos y mis padres
son mis madres y mis hijos,
para que grites que mis muertos
en Auschwitz y Bergen Belsen
en Dachau y Sobibor
en Mauthausen y Treblinka
son mis abuelos y mis padres
son mis madres y mis hijos,
que fueron y son el poeta que yo he sido
que son la humanidad hecha pedazos
desperdigada en los desiertos
o en los oscuros pasadizos del secreto,
ayayay Vera amada linda vieja
como quisiera que te levantaras desde la fría tumba
en que los hombres te pusieron
para que apuntes con tu dedo sanador
a tu raza y a tu estirpe,
soplándoles al oído y en sus mentes
como un veloz viento de Al-qabul en torbellino
que si nos matan inclementes como perros
se masacran a sí mismos,
destruyendo la mínima nobleza que les queda
transformando en infierno sin retorno sus anhelos.


Mi bandera Palestina

Mi bandera flamea desde una de las ventanas de mi casa, 
para que en mi barrio, mis vecinos, 
sepan que aquí vive un palestino digno

 






Escritor@s poetas e intelectuales de Chile contra el genocidio al pueblo palestino

Escritor@s poetas e intelectuales de Chile contra el genocidio al pueblo palestino. 


 

Tasbih

Fesal Chain

Ayer en la plaza de La Victoria
mientras me preparaba para recitar tristes poemas
recordaba a mi abuelo Iemma Chaihn Hindi
aquel que emigró de India a la Palestina del amor
al Jordán de los olivos y parrones rebozantes de futuro vino
y en mi mano tenía el tasbih una ristra circular de 99 cuentas
parecida al rosario que las viejitas rezan en las catedrales y parroquias
y mientras las jóvenes mujeres ávidas de justicia
cantaban heridas contra el criminal
yo murmuraba en silencio Allāhu akbar Dios es el más grande,
y aunque yo no creo en Dios
si el ser humano domina al otro hasta el hartazgo
si convierte al hombre y a la mujer en jirones de carne
y hace de sus órganos pedazos de volátiles nervios y arterias
-pensaba-qué podrá haber entonces más grande
que todas los crueles tiranos y todos los seres vivos del mundo?
qué podrá ser de distinta naturaleza
a quienes hemos sido engendrados y que engendramos
pequeños ídolos que reparten sangre coagulada por la tierra?
dormí con el tasbih en mi mano murmurando en silencio Allāhu akbar
Dios es el más grande,
y aunque yo no creo en Dios
sabía que durante la noche los asesinos
convertirían en jirones de carne a los hijos de la tierra santa
usurpada por hombres que se creen dioses
demonios de azules ojos y de garras de metal.

Acciones Por la Paz en Palestina.

Fesal Chain
Muy agradecido de la oportunidad de poder leer mi trabajo poético, un gran abrazo a La Juventud Arabe, a Carlos Yuri Cordero, a Patricio Gonzalez, compañero de tantas iniciativas y resistencias, y a Acciones Por la Paz en Palestina.














Conoces la importancia de tu vida?


Fesal Chain

Conoces la importancia de tu propia vida?
Tu vida siempre lo es
tú eres único,
sin embargo si eres palestino o palestina
tiene un mayor valor para tí mismo y para otros,
tu vida vale lo que vale y contiene la de millones que han muerto
pues tú eres la voz que viaja hacia el futuro
de un pueblo que desaparece.


30/7/2014

Ismail Shammout fundador del arte palestino moderno

Ismail Shammout nació en Lydda, Palestina, el 2 de marzo de 1930, murió el 3 de julio de 2006) fue un pintor e historiador de arte palestino, considerado por algunos como un pionero y uno de los fundadores del arte palestino moderno.

Junto a su familia fueron parte del grupo de 25.000 residentes de Lydda expulsados de sus hogares por el ejército de Israel. La familia Shammout se traslada entonces al campo de refugiados de Khan-Younes, en la Franja de Gaza.

En 1950, viaja hacia El Cairo e ingresa al College of Fine Arts, para volver a Gaza en 1953, donde realiza su primera exhibición, la que alcanza un gran éxito.

En conjunto con la artista palestina Tamam al Akhal, quien sería su mujer, participó en la denominada Palestine Exhibition of 1954 en El Cairo, que fue inaugurada por presidente egipcio Gamal Abdul Nasser. Luego, en 1954 viaja a Italia por dos años, donde ingresa a la Academia De Belle Arti de Roma gracias a una beca del gobierno italiano.

Shammout llegó a ser parte de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP, ocupando el cargo de Director de las Artes y Cultura Nacional en 1965.Además, ocupó el cargo de Secretario General de la Unión de Artistas Palestinos, mientras que en 1969 alcanza la posición de Secretario General en la Unión de artistas árabes. En 1992, se muda junto a su esposa hacia Alemania debido al inicio de la Guerra del Golfo, para posteriormente radicarse en Jordania en 1994.

Junto con al Akhal, regresó a Lydda en 1997, ciudad que ahora era parte de Israel, falleciendo años más tarde a la edad de 76 años en Alemania, mientras se sometía a una cirugía al corazón.

Fuente Wikipedia.








29/7/2014

Mi vida en ustedes

De izquierda a derecha: mi hijo Elías, mi madre Cristina, mi padre Fesal, yo y mi hija Fernanda


Fesal Chaín
Publicado el 29 julio del 2014
ESPECIAL PARA SITIOCERO

La familia

Mi abuelo murió solo en un sillón llorando por no poder volver a su tierra. Mi padre ya un hombre del siglo XX, hijo de la década de los ’60, fue siempre un iconoclasta, de formación laica con padre y madre islámica, pero al fin de cuentas, hermanado con todos los movimientos de su época, el del nacionalismo de Nasser, de la revolución argelina, de la revolución cubana y de Miguel, y ciertamente del allendismo y la vía chilena al socialismo. Acaso y lo digo con profundo respeto, un tanto rebelde a esa cosmovisión de mi abuelo, tan rígida respecto a la cultura chilena de la década de los ’50 al ’70. Hijo de la educación pública, más cercano al progresismo de la época. Un verdadero ecuménico. O lo que los judíos llaman, un asimilado.

Mi camino

Por mi parte yo, hijo y nieto de esa cultura estricta en su convicciones y de palabras nunca divorciadas de las prácticas, avancé mucho más a la integración total, siendo chileno seguí al cristianismo militante de la teología de la iberación, al marxismo opositor de la dictadura y nunca hice diferencias con mis amigos y amigas judías, no porque me lo impusiera a rajatabla, sino porque jamás escudriñé sobre quienes lo eran o no, pues no estaba en mi horizonte o cosmovisión hacer distinciones de ese tipo, veía en todos y todas aquellas que conformaban parte de mi comunidad, a mis compañeros y amigos de vida en la lucha cotidiana que nos tocó vivir, la de la noche más negra y amarga de Chile.

La mirada de mis hijos, y valga la redundancia, la mirada de mi abuelo, la de mi padre y la mía propia, siempre volaron sobre las determinaciones sin renegar de ellas, pero enriqueciéndolas como parte de nuestro acervo cultural.

Una anécdota triste, cuando mi hijo de 4 años me contó que tenía un amigo muy querido en el jardín infantil y con cierta complicación me dijo que era judío, su frase me desarmó completamente, tantas veces escuchó la crítica política tan dura sobre ellos, que su pequeña humanidad sufría al sentir que tenía vedado dar cariño y amor a quien era su mejor amigo, su hermano de pichangas y de abrazos en la cancha, cuando el gol inflaba redes y remecía el travesaño. Entonces, sin asomo alguno de dudas, le dije que su amigo era bienvenido a nuestra casa, porque no hay cuestión más bella que tener un amigo y que en nuestra familia no hacíamos nunca diferencias con nadie, aún cuando el papá tan expresivo y esclavo de sus emociones dijera barbaridades que de tan generalizables eran irreales e injustas. Que no me hiciera caso. Desde ese momento, bajo la mirada crítica pero tierna de mi mujer, me prometí no repetir dichas consignas o rabietas producto de mis penas, sabiendo que los hijos a esa edad no son sino un enorme receptáculo acrítico de las frases rimbombantes y explosivas de sus padres.

Los amigos

Me acuerdo también de ese gran amigo Juan Christian y de su hermano Carlos, cuando en una buhardilla nos emborrachábamos de euforia por la piñufla democracia recuperada sobre los miles de nuestros mártires y héroes, o cuando conversábamos en una fuente de soda después de la muerte de uno de nuestros compañeros, llorando juntos. Nunca supe sino hasta décadas después, que mi amigo Juan eran de origen judío, y en realidad nunca me importó, habíamos luchado contra la dictadura mano a mano y habíamos perdido amigos comunes. Pero no sólo eso, habíamos sido compinches y nuestras hijas que nacieron al mismo tiempo y que inauguraban nuestra vida de padres al unísono, jugaban juntas con las mismas muñecas y peluches en el mismo patio inmenso.

También con otros amigos, Mauricio y Raúl, vivimos momentos complejos y jamás pensé en ellos como pertenecientes a pueblos o religiones, y me alegro que una palabra mía, un espacio en la casa, un plato de almuerzo o un paquete de cigarrillos los hayan hecho sentir, en breves momentos, acompañados y valiosos para quien siempre los consideró seres humanos a toda prueba y quienes también, de una u otra forma, me ayudaron a seguir adelante en momentos difíciles.

Pues palestinos y judíos son parte de un mismo mundo desde hace milenios y nuestra racionalidad tiene enormes puntos de encuentro, es que entendemos el mundo como resistencias parciales y dignidades a todo evento frente al racismo o la discriminación. Es que somos en síntesis, producto de la diáspora y de la cultura y la promesa de encontrar nuestra tierra prometida, pero aquí, en este mundo nuestro bien real y concreto.

Ente otros

Esta es mi verdadera convicción y mis anhelos del alma. Decir que soy hijo de la cultura, por mis lecturas y estudios y no por mis riquezas, pero sobre todo hijo de una cierta medianía o estado bisagra, que no es en absoluto medias tintas. Estudié en un colegio de la clase alta chilena donde conocí grandes amigos, viví en barrio militar en plena dictadura y aprendí a conocer a los militares de toda calaña, unos, honestos y convencidos de su aporte al desarrollo nacional, y otros locos psicóticos miembros de la represión y la crueldad de la DINA , al mismo tiempo que elegí la lucha frontal contra la barbarie pinochetista. Fui clase media laica pero amigo de los proletarios, a quienes tampoco vi como tales, sino como hermanos cotidianos de estudios y fiestas, de caminatas por los barrios obreros, de celebraciones por sus logros y por sus hijos recién nacidos a los que paseábamos en cochecitos pobres entre fábricas quebradas y abandonadas. Fui también hijo de mi madre que huérfana fue criada con todo el amor, la ternura y la educación de mi bisabuela Elena Lefort Levinson, sino judía de religión, sí de cultura y que me amó y me educó cuando yo era el mismo niño que mi hijo Elías cuando me preguntaba sobre su mejor amigo. Ya vieja me miraba y me ponía en el antiguo tocadiscos “El Club de los corazones solitarios del Sargento Pimienta”

Así, por azar y destino no manejados completamente por mí, he sido la bisagra de reales y supuestos feroces oponentes, de los extremos errantes de la vida. Por ello no es extraño que a veces perdiendo el equilibrio viaje apasionado desde la emoción desbordante, a la reflexión ecuánime sobre la realidad de hombres y mujeres que buscan la vida como oficios, como padres y madres, como lucha y como arte, como cotidianidad rutinaria parida con amores, con vigorosos encuentro y dolorosos desencuentros.

Este soy

No me quejo sino que me contento, con la claridad de un hombre que ha llegado al mundo por la fuerza, para ser el equidistante permanente de los enfrentamientos endémicos de la humanidad que se retuerce y se dispara proyectiles de odios arquetípicos o besos húmedos de angustia. Y no quiero matanzas ni odios, ni exterminar a ningún ser humano aunque algunos defiendan su supremacía por sobre los supuestos tristes animales que somos los palestinos, y que definen en su reyerta feroz con la frialdad del victimario.

Este soy yo, y pido perdón de corazón si he sido hiriente cuando veo a mi pueblo masacrado, a sus niños hechos jirones con juguetes en los que les queda de manos, pido perdón a todos quienes me leen, de distintas condiciones y determinados por la historia de sus comunidades y pueblos, pido perdón con el corazón en la mano pues no es sino la mano y el corazón palpitante los que viajan entre la pena y el miedo, entre el amor y la compasión, de quien reflexiona sobre sus propias limitaciones y errores.

Este soy, nada más ni nada menos, un humano, mostrándose al desnudo contra toda pretensión de ser un dios de los hombres, sino apenas su hijo malherido. Aquí estoy, despellejado en el ágora central de vuestras pupilas, acá estoy por historia y por azares dispuesto a aunar a los contrarios, aún cuando pertenezco tanto al polo de la ira como al de la pasión con mis semejantes. Aquí estoy yo, el abandonado, pero no solo, nunca solo, porque mi desnudez despojada de fortalezas de ficción, me arropa el cuerpo, esperando vuestro viento huracanado y sus juicios inclementes, o su reconocimiento y que me quieran, que me quieran, desde la definitiva voluntad de un nuevo encuentro.


28/7/2014

¿Por qué dejamos Israel? por Sayed Kashua

Sayed Kashua es un escritor palestino. Nació en 1975, ha publicado tres novelas y es cronista del diario israelita Haaretz. Ha vivido en Jerusalén durante muchos años, pero ahora decidió emigrar. El siguiente es su artículo publicado en The Guardian.

Muy pronto me voy de aquí. Dentro de unos días dejaremos Jerusalén, dejamos el país. Ayer compramos maletas pequeñas para los niños. No hay necesidad de tener una gran cantidad de ropa, dejaremos nuestra ropa de invierno; en todo caso, no serán lo suficientemente cálidos dado el frío del sur de Illinois, EE.UU. Sólo necesitaremos algunas cosas hasta que nos acomodemos. Tal vez los niños deberían llevarse algunos libros, dos o tres en árabe, y otros pocos en hebreo, para que no se olviden de sus lenguas. Pero yo ya no estoy seguro de lo que quiero que mis hijos recuerden de este lugar, tan querido y tan maldito.

El plan original era salir en un mes para un año sabático. Pero la semana pasada entendí que no puedo quedarme aquí más tiempo, y le pedí a la agencia de viajes que nos saquen de aquí lo más rápido posible, “pasajes sólo de ida, por favor”. Dentro de unos días aterrizaremos en Chicago, y ni siquiera sé dónde viviremos el primer mes, ahí veremos.

Tengo tres hijos, una hija que ya tiene 14 años, y dos hijos, de nueve y tres años de edad. Vivimos en Jerusalén occidental. Somos la única familia árabe que vive en nuestro barrio, a la que nos mudamos hace seis años. “Puedes elegir dos juguetes”, le dijimos esta semana en hebreo a nuestro pequeño niño que estaba en su habitación mirando la caja de sus juguetes, y empezó a llorar a pesar que le prometimos que le vamos a comprar todo lo que quiera cuando lleguemos allá.

También tengo que decidir qué llevaré yo. Puedo elegir sólo dos libros, me dije a mí mismo, de pie frente de los estantes de libros en mi sala de trabajo. Aparte de un libro de poesía de Mahmoud Darwish y una colección de cuentos de Jubran Khalil, todos mis libros están en hebreo. Son libros que yo empecé a comprar desde que tenía 15 años y que me han acompañado a donde yo me he cambiado. Desde que tengo 14 años apenas he leído un libro en árabe. Cuando tenía 14 años vi una biblioteca por primera vez.

Hace veinticinco años, mi profesor de matemáticas en el pueblo de Tira, donde nací, vino a casa de mis padres y les dijo que el próximo año los judíos abrirían una escuela para estudiantes dotados en Jerusalén. Le dijo a mi padre que él pensaba que debía probar. “Será mejor para él allí,” recuerdo que el profesor les dijo a mis padres. Tuve un buen examen y una buena entrevista así que cuando tenía la edad que tiene mi hija ahora, dejé mi casa en Tira, para ir a un internado judío en Jerusalén. Fue muy difícil, casi cruel. Lloré cuando mi padre me abrazó y me dejó en la entrada de la nueva escuela, que no se parecía a nada que había visto en Tira.

Una vez escribí que la primera semana en Jerusalén fue la semana más difícil de mi vida. Yo era diferente, sí; mis ropas eran diferentes, al igual que mi lenguaje. Todas las clases eran en hebreo – ciencias, estudios de la Biblia, literatura. Me senté allí sin entender una palabra. Cuando traté de hablar todo el mundo se reía de mí. Yo no quería otra que huir hasta mi casa, a mi familia, al pueblo y a los amigos, a la lengua árabe. Lloré en el teléfono cuando hablé con mi padre y le rogué que viniera a buscarme. El respondió que sólo los comienzos son duros, que en pocos meses yo hablaría mejor el hebreo que mis compañeros de curso.

Me acuerdo de la primera semana, nuestro profesor de literatura nos pidió que leyéramos “El guardián entre el centeno” de Salinger. En Tira no teníamos clases de literatura, no había biblioteca, aun no hay ninguna. Fue la primera novela que leí. Me tomó varias semanas leerlo, y cuando terminé comprendí dos cosas que cambiaron mi vida. La primera era que yo podría leer un libro en hebreo, y la segunda fue la profunda sensación de que yo amaba los libros.

Desde el momento en que descubrí los libros y las ciencias no me interesaron nada, estaba en la biblioteca leyendo. Muy rápidamente mi hebreo fue casi perfecto. La biblioteca del internado sólo tenía libros en hebreo, así que empecé a leer a autores israelíes. Leí Agnon, Meir Shalev, Amos Oz y empecé a leer sobre el sionismo, sobre el judaísmo y la construcción de la patria. Descubrí rápidamente el poder de los libros e hice míos muchos relatos de los pioneros judíos, sobre el Holocausto, sobre la guerra.

Durante estos años también empecé a entender mi propia historia, y sin intención de hacerlo, empecé a escribir acerca de los árabes que viven en un internado israelí, en la ciudad occidental, en un país judío. Empecé a escribir, a creer que todo lo que tenía que hacer para cambiar las cosas sería escribir sobre el otro lado, para contar las historias que oí de mi abuela. Para escribir sobre la muerte de mi abuelo en la batalla de Tira en 1948, como mi abuela perdió toda nuestra tierra, como crió a mi padre, huérfano a sus cortos años, mientras ella los mantenía trabajando como una recolectora de frutas para los judíos.

Yo quería contar, en hebreo, de mi padre, que estuvo encerrado en la cárcel por largos años, sin juicio, por sus ideas políticas. Quería contarles a los israelíes una historia, la historia palestina. Seguramente cuando lo lean van a entender, cuando lo lean van a cambiar, todo lo que tengo que hacer es escribir y la ocupación terminará. Sólo tengo que ser un buen escritor y voy a liberar a mi pueblo de los guetos en que viven, si narro buenas historias en hebreo, estaré a salvo, otro libro, otra película, otra crónica en un periódico y otro guión para televisión y mis hijos tendrán un mejor futuro. Gracias a mis historias, un día se convertirán en ciudadanos iguales, casi como los judíos.

Veinticinco años de escribir en hebreo, y nada ha cambiado. Veinticinco años aferrándome a la esperanza, creyendo que no es posible que la gente pueda ser tan ciega. Veinticinco años en los que yo tenía pocas razones para ser optimista, pero seguí creyendo que un día este lugar, en el que ambos judíos y árabes viven juntos, sería la historia en la que no se niega la historia del otro. Que un día los israelíes dejarían de negar la Nakba, la ocupación y el sufrimiento del pueblo palestino. Que un día que los palestinos estarían dispuestos a perdonar y construir un lugar donde valga la pena vivir.

Veinticinco años que yo he escrito en hebreo y he recibido amargas críticas de ambos lados, pero la semana pasada me di por vencido. La semana pasada, algo se rompió dentro de mí. Cuando la juventud judía marcha por la ciudad gritando “muerte a los árabes” y atacan a los árabes sólo porque son árabes, entendí que había perdido a mi pequeña guerra.

Escuché a los políticos y a los medios de comunicación y escuché que ellos diferencian entre sangre y sangre. Los que han recibido el poder de expresar lo que la mayoría de los israelitas piensan, “Somos mejores que los árabes.” En los paneles de debate en los que he participado, se ha dicho que los judíos son un pueblo superior, y tiene mayor derecho a vivir. Yo desespero al saber que la mayoría absoluta en este país no reconoce el derecho de un árabe a vivir.

Después de mis últimas columnas algunos lectores suplicaron que me deportaran a Gaza, amenazaron con romperme las piernas, con secuestrar a mis hijos. Yo vivo en Jerusalén, y tengo varios maravillosos vecinos judíos y maravillosos amigos, escritores y periodistas, pero yo todavía no puedo llevar a mis hijos a las guarderías o los juegos del parque con sus amigos judíos. Mi hija protestó furiosamente y dijo que nadie sabría que ella es árabe, debido a su perfecto hebreo, pero yo no la escuché. Ella se encerró en su habitación y lloró.

Pronto me marcho de aquí y ahora estoy de pie frente de mis estanterías de libros, con Salinger en la mano, la que leí cuando tenía 14 años. No tomaré ningún libro, lo decidí, tengo que concentrarme en mi nuevo idioma. Sé lo difícil que es, casi imposible, pero tengo que encontrar otro lenguaje en el que escribir, mis hijos van a tener que encontrar otro lenguaje para vivir.

“No entres,” me gritó enojada mi hija cuando golpeé su puerta. Ingresé de todos modos. Me senté a su lado en la cama y, a pesar que ella me dio la espalda, yo sabía que ella me estaba escuchando.

Escúchame, le dije, antes de repetirle exactamente la misma frase que mi padre me dijo hace 25 años en la puerta de la mejor escuela del país.

“Recuerda, hagas lo que hagas en la vida, para ellos siempre serás un árabe. ¿Entiendes?”

“Entiendo”, me dijo y me abrazó con fuerza.

“Papá, lo he sabido desde hace mucho tiempo.”

“Pronto nos vamos de aquí”, le sacudí su cabello como ella aborrece. “Mientras tanto, lee esto”, le dije y le di El guardián entre el centeno.

***


Traducción del artículo Radio del Mar
Fuente: Radio del Mar




27/7/2014

No callaré

Fesal Chain

No callaré
no callaré
no callaré
dormiré menos
hablaré muy poco de otros temas
no escribiré sobre la belleza
ni me sentaré a contemplar el mar
no me preocupará mayormente la forma de esta flor
o ciertas finas distinciones
pues no he recibido un bombardeo
ni esquirlas de clavos sofisticadamente producidos
ni me ha cubierto el fósforo caliente
o el plástico derretido de mi propia ropa
no me han volado el cerebro
ni han asesinado a mi padre y a mi madre
ni mi mujer grita mi explosión en trozos de carbón
ni mis hijos yacen bajo los escombros
por ello
no callaré
no callaré
no callaré
no me lo merezco
más bien estoy obligado a dormir menos que menos
a poner palabras sobre palabras
una y otra vez
palabras de mi pueblo en cada boca
a mostrar la ignominia y la barbarie
la crueldad del elegido
hasta quedar ronco o con ojos traspasados por mis venas
no me puedo dar ningún lujo
ni ninguna alegría en estos tiempos aciagos de miseria
debo obligar a mi inteligencia a alcanzar los latidos de mi corazón
que corre y huye hacia adelante como una bola de fuego
debo transformar las lágrimas convulsas
que estallan día día en el cuarto en penumbras
o bajo el sol de la tarde
en versos como dagas de plata
es mi deber moral y mi estigma
aquel que llevo en la frente desierta
desde que fui abandonado a la intemperie
desde que fui obligado a la marcha infinita de mis días
no callaré
no callaré
no callaré
hasta que el último muerto muera mártir
sobre las explanada seca de vuestras conciencias.