Ando en Alto Cielo

Ando en Alto Cielo
El pago de Chile. Artefacto de Nicanor Parra

18 nov. 2008

Literaria




Acaso la literatura, es un viaje hacia uno mismo, un viaje a las contradicciones, a los dolores y logros también. Pero no es solamente eso. Es también una comunión con el otro, al decir de Vargas Llosa el escritor es un Hablador, la voz de la tribu. O como lo dice hoy el Subcomandante Marcos en relación a la actividad de la nueva política desde abajo, un Traductor. El hablador de la tribu, el traductor, el que viaja a su interior, pero no se queda allí, viaja como un periplo de todos y todas hacia sí mismo, para el encuentro de todas y todos en la comunidad. Porque la literatura no es meramente un Psicoanálisis o un ir y venir al padre y a la madre, fuga o constitución de la fortaleza central como lo afirma Deleuze. Viaje a la Mujer o al Hombre, viaje al Negro del mundo o al Blanco supuestamente elegido. Y también lo es. Un hablador, un traductor de la tribu, un viaje a sí mismo como viaje de cada uno para el encuentro final, un ir y venir desde la fuga a la fortaleza y de la fortaleza a la fuga. La literatura como subversión, la literatura como develación, la literatura como sacar el cadáver familiar, comunitario y social de la buhardilla de la casa antigua, como en las películas El Orfanato o La celebración.

Bueno esta reflexión es para situar/me y situar/nos. Escribiré sobre el Sur, sobre Liquiñe y Neltume como eje, como el niño que fui, como el hombre que soy, como el hijo que fui y soy, como el chileno que ha elegido su camino y a sus acompañantes en el dolor, en la solidaridad y en la construcción del mundo nuevo, desde abajo y a la izquierda, desde la palabra y el corazón. Escribiré sobre todo mi sur como una manera de venganza en la palabra, como una manera de amor  en la palabra, como una manera de destruir el pasado y construir el no lugar,la tierra prometida que existe en los pliegues del infierno. 

De a poco, las piezas de la obra en construcción irán calzando como pedazos de madera en una mesa cercana al fogón, tanto en este espacio de creación, como en mis obras desperdigadas, en cada poema, en cada novela en cada ensayo, en cada conversación. Porque si podemos sobre/vivir al intento de la disgregación social y del individuo en su unidad, podemos alzarnos sobre la barbarie y comenzar a andar, para llegar a la vida. Con la palabra y en ella, por los siglos de lo siglos, así sea.