Ando en Alto Cielo

Ando en Alto Cielo
El pago de Chile. Artefacto de Nicanor Parra

5 nov. 2008

Textos del Diablo 1

Extracto del Capítulo 
“Éramos en fin, paja molida” 
De la Novela breve La mariposa y la Rebelión 


A veces se juntaban todos y todas, Cronopio, claro está, Araceli, Danielita, la Negrita, Mario, Ricardo, el Chico, Rodrigo, el Chofer, Alejandro y otras y otros, las bailarinas modernas, el indio, la Flaca, el Pablo, la otra Flaca, el Loco, el Cínico Sergio, la Loca, los cabros de la pobla, el Tuerto, la Carmen, el Ricardo, la otra Negra, la Brasilera y tantos y tantas, allá arriba en el cerro, haciendo un revival posmoderno, medio reviente, medio al peo de una Piedra Roja más parecido a un ladrillo rojo fiscal de un Estado que se caía a pedazos. Los del arte, los políticos, los milicos políticos, los volaos, los esotéricos, los clasemedieros, los popularicos, los negros, los rubios, los trigueños, las minitas del ojo, del peda, de valpo, los artesanos, los cesantes, los clandestinos, los públicos, comunachos, mirachos, socios, los mapu, los fulano, los mengano, los sutano, cristianos, ateos, los olorositos, los hediondo a pata, los rebeldes, los paranoicos, los autoritarios, los anarco, los mapuche, los mestizos, los huinca, los locos, los cuerdos, los estalinistas, los trotskistas, los blindados, los rosados, estudiantado de economía, de marxismo leninismo, de tarot y numerología, colocolinos, chunchos, todos arriba del cerro, llegando en Fitos 600, Citrolas, bicicletas, a pata, en micro, a deo, llegando digamos que llegando, llegando a quedarse en una mediagüa de tapas, entremedio de los yuyos, del pastizal quemado por el sol, con el sol pegando en la frente y el costado, tomando pisco, vino blanco en un melón, fumando yerba, cidrines, anfetas, cigarros Life amargos como la hiel amarga, leyendo a Rojas, a Ginsberg, a Lenin, escuchando a Los Jaivas, a Fulano, a los Electro, a Sumo, sobretodo a los Electro y a Sumo, “mejor no hablar de ciertas cosas…, salta en mi cama la mexicana”, a los Inti en el año decisivo, todos sabíamos que algo pasaría ese año, decisivamente ese año, tomando un sol seco alcohólico, “en el horizonte de mi mente se ha escondido el sol, como un recuerdo que me llega de su corazón, ella no existe más, ella es una nube que el viento conquistó” [10]. Entonces el Chico, bendito loco lindo, leía delirante el poema de Rojas a Miguel y el Aullido y el Oh maestro, de la Caída de América “chúpame la verga, maestro” del judío neoyorquino” y los ojos azules de aquella Lucía y el gato blanco en sus brazos y la luna alumbrándola una y otra vez y todos comiendo quequito de yerba y fumando y las tumbadoras del miedo y las “suaves caricias, tiernos desvelos”, y Lucía para todos “era una nube que un beso ardiente derritió”, y para todos “ella ya no existía más” y en el horizonte de la mente de todos y todas se escondía el sol y la Cordillera de los Andes era entonces un macizo negro y los cuervos graznaban sobre las cabezas de los lindos y lindas muchachas y el poeta Alejandro recitaba al endemoniado de turno, el que se quemó su mejilla y decía que era una santa, “te acuerdas chileno del primer abandono cuando niño, te acuerdas chilena del segundo a los veinte años”[11]. El abandono y la Bestia como un Padre del Infierno mirando todo omnisciente, la Bestia castigándonos una y otra vez y todos nosotros aullando una y otra vez, malditas noches, malditas fiestas, malditas huidas, malditos dedos en los malditos culos de las bailarinas modernas, maldita música del desgarro y malditas las tumbadoras y malditas las guitarras y maldita la yerba y maldito los cidrines y malditos todos nosotros, desesperanzados y desesperados y tristes y violentos y sanguinarios y ensangrentados y maldito lo maldito y la guitarra eléctrica que se enreda en tu pelo y malditos los populáricos que se caían de las graderías del Caupolicán y maldito indio empalado y maldito el que lo empaló y nos empalaba por los siglo de los siglos… En el horizonte de nuestra mente se escondía el sol, pequeños niños ricos y pequeños niñas pobres, dominadas todos, en el nombre del Padre, de la Madre, del Hijo y del Espíritu Santo.

[10] Los Jaivas.; [11] Raúl Zurita, de Canto a su Amor Desaparecido.