Ando en Alto Cielo

Ando en Alto Cielo
El pago de Chile. Artefacto de Nicanor Parra

4 mar. 2010

Chile pobre país de ineptos y criminales, de incultos y arribistas



La Señorona Bachelet, la misma que se subió y bajó del tanque, la de la sonrisa pegada a la piel y de gestos esquizoides, entre madre protectora y militar despiadada, la misma que mandó a matar al obrero arriba del montacargas y a los mapuche en la Araucanía a través de Pérez Yoma, ( Edmundito como lo llaman sus correligionarios, quien dijo a escasas horas del cataclismo que 85 víctimas eran más menos el número definitivo de víctimas del terremoto) y de su lugarteniente el Subsecretario Rosende (el que minimiza a cada rato los efectos de las pobres y erradas decisiones frente al cataclismo y prefiere sólo mostrar los escasos logros). La misma señorona que en su aspaviento delirante de nueva rica, no trepida en ayudar a los haitianos en menos de lo que canta un gallo, la mismísima a la que moros y cristianos, derechistas y comunistas alaban tanto, la formada en la Escuela de las Américas y que fue Ministra de Defensa, la que ha gobernado nuestra patria en estos aciagos cuatro años, ella, la recubierta de simpatía y carisma es la misma que fue incapaz, que no supo interpretar como corresponde a una estadista, los informes y confusos comunicados de una Armada, que a estas alturas más que rama parece una débil ramita de las FF.AA y de Orden, la misma señorona que en vez de escuchar Alerta de Tsunami, escuchó NO HAY TSUNAMI. Muy Bien asesorada claro está, por otra señorona de voz ronca, una tal Carmen Fernández, Directora de la ONEMI, que frente a la alerta, dijo que si no tiene informes escritos y planos, no actúa a favor de la alerta no más. Pero no duda ni un segundo para actuar en contra y dice NO HAY TSUNAMI.

En una entrevista de Radio Bio Bio realizada por Tomás Mosciatti a quien fuera Director de ONEMI durante largos 12 años, el Dr. Maturana, este afirmó que no era posible tal cantidad de errores, que si bien los informes de la Armada podían ser confusos, no eran en absoluto confusos la totalidad de informes de los organismo internacionales a escasos 5 minutos del terremoto, a los que se debía recurrir si o si frente a la duda y que efectivamente anunciaban el Tsunami.

Que frente a la falta de claridad, tanto a las autoridades técnicas, la Sra. Fernández, como a las autoridades de las Fuerzas Armadas, el Comandante en Jefe de la Armada y el Poder Ejecutivo, el Sr. Pérez Yoma y la señora Bachelet, les había faltado coraje en arriesgarse, y sobretodo aptitud y decisión frente a la situación descrita.

Esta errónea decisión ha significado hasta ahora para nuestro pueblo, 400 víctimas, la mitad de las víctimas totales, que hoy suman 800. Lo más grave de todo es que muchas de esa 400 personas habían subido a los cerros del borde costero y que por la inepta información de la Armada, por la estúpida decisión de la Sra. Fernández que depende del Ministro del Interior y por la desinteligencia de la Sra. Bachelet, volvieron a la costa, para simplemente ser arrasadas y morir. El error producto de la ineptitud, significó lisa y llanamente en palabras de Maturana, un acto crimininal.

No hablaré ni escribiré en detalle sobre las evidentes demoras en movilizar a los militares a las zonas del desastre, para efectivamente controlar a las huestes de delincuentes habituales, ni tampoco que cuando llegaron y fueron incapaces de actuar, el propio Jefe Militar de una de las zonas justificó su ineficacia diciendo que eramos del tercer mundo (pero no lo somos cuando el propio Ejército de Chile recibe el 10% de las ventas del cobre al año). No me detendré en las evidentes descoordinaciones entre el Estado de Chile y los empresarios privados, no tan sólo los de los supermercados que no trepidaron en cerrar sus negocios a vista y paciencia de la población anegada, sino también de aquellos grandes empresarios de la construcción que alzaron al cielo de Chile, piñuflientos edificios que en palabras del Presidente del Colegio de Arquitectos, no cumplen con las normas antisísmicas, que entre otras cosas,exigen que en un sismo 8,8 ningún edificio construido puede sufrir daño estructural. En Santiago, Concepción y Valparaiso son decenas de edificios nuevos los que sufrieron dichos daños. Todos ellos construídos y promovidos especialmente en el gobierno del Señor Ricardo Lagos tan amigo de empresarios de la construcción y de supermercados personificados por el Sr. Paulman, a quien la misma señorona Bachelet acostumbra a cortarle sus cintas de los negocios recién inaugurados.

Para terminar este breve artículo, que lo escribo con la angustia de mi semi aislamiento, de la falta de trabajo, por no tener agua ni harina con que hacer el pan que vendo a diario y en espera de los contactos para poder volver a Santiago al más breve plazo, les digo a mis compatriotas más conscientes, a los que aún creen en los valores de la comunidad, en los valores del conocimiento, en el amor al prójimo, en los que aún piensan que el dinero, los bienes y el maldito poder, no hacen a lo humano sino que muchas veces lo pervierten, que esta rabia que siento no es sino la profunda pena de ver como el Chile que alguna vez quisimos construir y por el que luchamos tantos años, no es sino una mueca ordinaria, un conjunto de asquerosos signos de descomposición de la inteligencia y de la ética.

Que hoy siento repugnancia y vergüenza de ser chileno, de tener que compartir el mismo suelo con personajillos como los que he descrito, de capitán a paje, que en suma se equivocan por tener un ego bastardo mucho más grande que la totalidad de muertos que fueron capaces de provocar, pues para todos ellos es más importante ejercer su poder omnímodo y demostrar que se la pueden y no ponerse al servicio de la inteligencia y del pueblo más pobre, de donde no dudo, viene la mayoría de las víctimas.

Qué se puede esperar de los demás, de una clase media inculta llena de tecnologías idiotas y de autos veloces con vidrios polarizados y de un populacho aspiracional o arribista que desea tener todo, pero ni siquiera aprende a decir tenemos (dice tenímos), sino saqueos e incendios y egoísmos al momento de recabar agua o alimentos, cuando sus pútridos dirigentes civiles y militares demuestran la tremenda prodedumbre de conocimientos y una falta de ética que luego tratarán de tapar con campañas de conmiseración y solidaridad mal entendida cual fariseos o señores de la ley.

Ahora me explico por qué yo y tantos otros y otras, hombres y mujeres que al menos tratamos de prepararnos y ser seres humanos con una fuerte vocación comunitaria, estemos aislados y seamos negados por la elite, por una clase media prepotente y también por el populacho regettonero. Nada tenemos que hacer en este país, que se hunde cada día más en su propia mierda descerebrada y sin amor.

No creo finalmente que todo esto sea un mero problema ideológico o de sistemas como dicen los analistas, pues la falta de ética, de inteligencia, de humanidad atraviesa a izquierdas y derechas y a civiles y militares. Y afirmo sin temor hoy, aún cuando sociólogos y politólogos lean mi artículo con desdén o como una falta de visión científica, que la mierda de país que somos hoy, aún y sobretodo por las demostraciones de caridad farandulera futura, tiene mucho más que ver con la falta profunda de cultura y con la carencia absoluta de los valores del hombre y la mujer, con un modo de vida y de pensamiento que entre otras cosas confunde a Miguel Enríquez con un salsero y establece el martirio y la abnegada gesta de Allende o de Prat como acciones que rayan en la idiotez o en la ineficacia.

Con este pueblo y sus dirigentes, ya hemos caído en el barranco y el pudridero. Que Luis Emilio Recabarren renazca en este texto, como homenaje al que escribiera en el Centenario de la República.