Ando en Alto Cielo

Ando en Alto Cielo
El pago de Chile. Artefacto de Nicanor Parra

28 ago. 2009

Notas breves sobre Víctor Jara, el olvido y la memoria.


x Fesal Chain

Vengo llegando del recital del Quilapayún en homenaje a Víctor Jara. La primera parte que correspondía propiamente al homenaje, fue muy triste, muy triste. Me recordó los funerales. Es que al parecer los chilenos y chilenas, quienes lo conocieron y quienes no, pero lo han escuchado ya tantos años, tenemos clavada una espina de metal en el pecho, que no se puede remover, que no se puede sacar. No hemos enterrado a muchos de nuestros muertos, ni a Víctor realmente. Así, de verdad, con misa o acto recordatorio y recorrido al cementerio.

Tengo un anécdota tragicomica al respecto. Para el funeral y homenaje a Allende en la década de los noventa, yo seguí todo el acto con mi cámara fotográfica, de reportero. Me metí en cuanto tumulto y escondrijo, desde las alturas y entre los cuerpos apretados de la muchedumbre esperanzada. Saqué una carga en blanco y negro completa. Me fui al laboratorio y cuando abrí la cámara, no había rollo. Es cierto, fue un garrafal error de aficionado, pero también era un signo.

Escribí años después, un libro entero sobre y desde Víctor, un completo trabajo de investigación biográfico y de su obra poética, para luego a través de sus textos desarrollar mi poesía, un trabajo inter-textual y una larga paráfrasis. Una tarde, mi computador se echó a perder para siempre, perdí todo el material. No había respaldado el trabajo, otro error enorme, pero también un signo.

Acaso los dos hombres, junto a Miguel Enríquez que desde niño admiré y seguí siempre, fueron Allende y Jara,y a los dos, los perdí dos veces. Continuaron caminando sin pasar a través de mí, cuando más lo quise, cuando lo añoré más.Hoy cuando escuchaba las canciones de Víctor en la voz de sus amigos y al mirar las imágenes, verdaderas gigantografías de su vida, de su amor y sensibilidad profunda, no pude dejar de pensar que estaba en deuda con ellos y conmigo mismo. Pero no una deuda de trabajo, se trata de una deuda mayor.

Escuchando esta noche, una canción escrita por Eduardo Carrasco, apenas supo del asesinato de Víctor, algo me removió, algo me dio sentido. El autor decía que caminamos hacia el olvido. Es cierto,nacemos, nos desarrollamos, declinamos y morimos. Y como simple mortales, después de décadas o siglos,caemos en un olvido irremediable. Quedamos en fotografías o en el recuerdo de algún heredero de nuestros seres queridos.

Pero ellos, estos hombres magníficos de la historia, vencieron al olvido, caminan siempre en dirección contraria a nuestra existencia corriente. Y si bien, les hacemos funerales porque quedaron inconclusos en nosotros mismos y deseamos una y otra vez retenerlos, sobre todo, los llamamos a cada instante , para que continuen habitándonos y llenándonos de memoria, porque nosotros caminamos hacia el olvido.

En mi caso particular que es también el de muchos creadores y hombres y mujeres de la literatura y de todas las artes, pero que es también la interpelación de la energía universal, de la naturaleza y de la especie humana a cada hombre y mujer de este Chile abandonado, vivo la angustia real y compleja de querer caminar hacia Víctor y hacia Allende, de recuperarlos y reencontrarme con ellos, no en el cielo inexistente, sino en la materialidad de sus vivencias, por eso escribo y escribo, para correr rápido hacia ellos, que van a la velocidad del rayo hacia la vida eterna.

Es que ir hacia ellos, es caminar en el sentido contrario al que nos depara el irremediable destino humano, y es cierto, ya no quiero seguir solo y no poder compartir en plenitud mi amor y mi dolor de Chile, quiero reencontrarme en la memoria de todos y cada uno, quiero reencontrarme en la existencia de cualquiera, del vecino y de la mujer que vende especies en la feria del Camino de Loyola, quiero que sepan que existo cuando existen, que existen también cuando yo existo, que sepan que yo los veo más allá de sus mercancías y sonrisas de tienda y que me vean más allá de mi caminata, quiero llenarlos de belleza y que ella o él me abarroten de sus alegrías y penas, como lo hace Víctor siempre con todos nosotros. Pero quiero hacerlo ahora, aquí y que otros y otras lo hagan ahora, aquí, no hay tiempo que perder, para que todos y todas le ganemos al olvido del ser, al abandono irremediable en la soledad del individuo. Que nuestros muertos que viven eternamente y siempre nos sujetan a la vida eterna nos ayuden a construirla al menos un poco en esta tierra.

Cuando aquello pase y caminemos venciendo el olvido o tratemos al menos de hacerlo, y pasará, yo se los digo, entonces Allende y Víctor, y Miguel y todos nuestros desaparecidos y desaparecidas, serán carne y espíritu viviente entre nosotros el cuerpo de todos, y pasearemos todos, los vivos ya no solos y los supuestamente muertos por las calles, comprando en la feria, caminando entre los pasajes del barrio y cantando en nuestras casas, juntos como antaño.